La novela editada por Océano y presentada en la Feria Universitaria del Libro, FUL 2015, que organizó la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) y su Patronato.


La nostalgia del hogar, la reconstrucción de identidad y la asimilación en una tierra nueva se convierten en los hilos conductores de la novela “La Casa de las Once Puertas”, donde Carlos Martínez Assad se adentra en el conflicto armado del Líbano y los procesos de integración y asimilación que enfrentaron los inmigrantes libaneses a su llegada a México, a principios del siglo XX, a partir de los recuerdos familiares y de infancia de su protagonista.

La novela editada por Océano y presentada en la Feria Universitaria del Libro, FUL 2015, que organizó la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) y su patronato, forma parte de una trilogía, junto con las obras “En El Verano, La Tierra” e “Historia del Líbano”, donde el investigador y académico aprovecha los recursos novelísticos para revisar desde una perspectiva más humana el conflicto armado del Líbano y sus implicaciones en quienes decidieron dejar su patria para buscar suerte en otro continente.

“Es una trilogía sobre el vínculo, sobre la relación que tiene México con Líbano, un país distante y muy pequeño, pero con una relación que los hermana y tiene mucho sentido por la cantidad de inmigrantes que proporcionó a México ese país”, dice el autor, tras recordar que esta influencia libanesa sigue presente en la vida cotidiana de los mexicanos, a través de su gastronomía, símbolos masones, la forma de hacer negocios e incluso los nombres y descendencia de algunas de las familias más importantes del país.

“’En el Verano, La Tierra’, habla del movimiento de migración, las dificultades que van a tener los migrantes en el trayecto de Líbano a México y del trayecto del nieto para conocer la tierra de la que han hablado sus abuelos. Es la pérdida de la inocencia. En ‘La Casa de las Once Puertas’ tenemos al mismo personaje pero en su infancia; ya no es el proceso de movilidad sino el asentamiento, la integración de los libaneses a México”, precisa Martínez Assad y resume que dichas características le dan unidad a la obra y van más allá, la superan.

“El descendiente de inmigrantes rememora parte de una identidad que hace coincidir en tiempo y espacio en parte de una conformación familiar de la que es heredero. ‘La casa de las once puertas’ reconstruye una historia familiar a partir de los recuerdos de un personaje (maestro rural, patriarca y abuelo del protagonista) que se asimila a un contexto de voluntad, esfuerzo y liderazgo para marcar su herencia de aculturación en su descendencia”, explica el investigador, quien a lo largo de sus relatos hace una revisión del conflicto armado en Líbano, desde las últimas décadas hasta su situación en el siglo XXI, dando como resultado un país dividido con una sociedad terriblemente afectada.

Así pues, explica que el objetivo de la novela es ofrecer una mirada cercana sobre el proceso de asimilación de las comunidades inmigrantes a su llegada a México, sobre la forma en que los viajeros se van fusionando con la realidad nacional y el proceso de construcción de identidad propia en una tierra nueva que rápidamente incorporó su descendencia dentro de la cultura mexicana.

“Hubo factores que ayudaron a su incorporación, el hecho de ser cristianos; la facilidad con la que adoptaron el español en lugar del árabe (lengua impuesta durante el proceso de conquista en el Líbano) y la forma de crear una identidad propia al asimilar la cultura nueva con sus propias tradiciones. Todo ello permitió que la comunidad libanesa tuviera una asimilación más rápida que la de otras comunidades de inmigrantes”, explica Martínez Assad, luego de señalar que está obra donde la realidad y la ficción se mezclan para dar testimonio de una etapa histórica, los migrantes libaneses se convierten en testigos de los procesos de imposición religiosa sobre las comunidades indígenas mexicanas, de las luchas agrarias, de la pobreza y de la desigualdad.

“’La casa de las once puertas’, muestra once entradas y salidas por donde deambulan historias y costumbres, olores y sabores, almas y espíritus, pensamientos y visiones que son parte de la identidad, de una familia libanesa y un lugar que forman parte indiscutible de la identidad”, precisa y subraya que los recuerdos de ese patriarca libanés fueron pretexto justo para crear un reencuentro con el pasado histórico, recurrir a los sitios originales de la emergencia familiar y generar un encuentro íntimo que permite el reconocimiento de la identidad de los descendientes de inmigrantes.

(DIFUNET)