Tres entierros, ofrendas y restos de pisos de más de 500 años de antigüedad, así como restos de canales que datan del siglo XVIII a principios del XX, y fragmentos de muros coloniales, han salido a la luz en el Centro Histórico de la Ciudad de México, derivado de trabajos de actualización de la red eléctrica en esa área, que son supervisados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Dichas labores de infraestructura se efectúan desde 2010 a la fecha, por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), con el objetivo de renovar la infraestructura eléctrica que lleva más de 50 años en operación, donde un equipo de entre siete y doce arqueólogos de la Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA) realiza la inspección del área, a fin de evitar afectaciones al patrimonio cultural enterrado y recuperar la vasta información histórica que guarda cada vestigio.

En este sentido, se ha inspeccionado un cuadrante que abarca prácticamente todas las calles del centro: Belisario Domínguez al norte, Lucas Alamán al sur, Circunvalación al oriente y Eje Central Lázaro Cárdenas al poniente.

“La obra lleva cerca de un 95 por ciento de avance y hasta la fecha se han realizado más de mil sondeos arqueológicos. Las excavaciones van de los 30 centímetros hasta los 3 metros de profundidad, y de 1.20 hasta 5 de longitud”, informó Belem Beltrán Alarcón, responsable del proyecto Modernización de la Red Eléctrica del Centro Histórico de la Ciudad de México CFE-INAH.

Mediante este trabajo, que se desarrolla en la noche para no afectar el tránsito de las vialidades, se han registrado diversos hallazgos: entierros, ofrendas y pisos prehispánicos correspondientes al periodo Posclásico Tardío (1325-1521 d.C.), una diversidad de canales de drenaje de más de cien años de antigüedad, concentración de materiales cerámicos y restos de muros de edificios de los siglos XVI al XX, detalló la arqueóloga.

De los anteriores sobresale un entierro infantil recuperado en septiembre de 2012 en la calle Nezahualcóyotl, a una profundidad de 1.75 m sobre el nivel de la calle. Se trata de un cráneo fragmentado, huesos largos y vértebras de un individuo de seis años de edad, cuya posición original de los restos no se pudo determinar porque estaban alterados.

Asociada a esta osamenta se halló una vasija monocroma fragmentada —30 cm de alto aproximadamente— en cuyo interior se encontraron restos óseos humanos cremados de un individuo de entre 15 y 17 años de edad, de sexo aún no identificado.

De acuerdo con la antropóloga física Thanya Hernández Torres “los huesos de la vasija presentan una exposición al fuego irregular observándose en algunos casos coloración negra o blanca, que da cuenta que fueron expuestos a diferentes temperaturas. Dentro de este recipiente también se encontró un par de orejeras de obsidiana en perfecto estado de conservación, y un malacate pequeño, así como una figurilla zoomorfa fracturada (quizá una lagartija) que posiblemente también estuvo expuesta al fuego durante la cremación, abundó Belem Beltrán Alarcón

Las características y elementos de este entierro, aunque sencillo, son muy interesantes, las orejeras de obsidiana, por ejemplo, denotan que no se trataba de un personaje común, sin embargo, aún faltan muchos análisis que desarrollar, puntualizó la especialista de la DSA.

A su vez, el arqueólogo Julio César Cruzalta indicó que en febrero de 2011, en la calle Miguel Alemán esquina con Mixcalco se localizaron dos entierros semicompletos. El más superficial —a 1.15 m de profundidad— corresponde a los restos óseos removidos de una mujer de alrededor de 30 años, se trata del cráneo completo, mandíbula, vértebras, cervicales, fémures, peronés, clavículas y costillas, que fueron depositados bajo un piso estucado.

“Dicha osamenta tenía asociada una ofrenda integrada por vestigios cerámicos (de estilo Azteca III, principalmente, y Rojo Texcoco), navajillas de obsidiana y un sahumador fragmentado, cuyo mango tiene la figura de una cabeza de serpiente. Este enterramiento presentaba alteración, lo cual se infiere porque el piso estaba roto y dentro de los materiales prehispánicos asociados se hallaron escasos fragmentos de objetos coloniales.

“En ese mismo sitio pero a una profundidad de 1.75 m y bajo un piso completamente sellado se localizó otro entierro primario (como fue depositado originalmente) de un individuo masculino de 45 años, hallado en posición decúbito fetal, acompañado de una figurilla antropomorfa de cerámica”, añadió Julio César Cruzalta.

Thanya Hernández, antropóloga física, indicó que este entierro es el más completo puesto que sólo presenta ausencia de las falanges, tiene patologías dentales y osteofitosis (formación de protuberancias en la columna vertebral); desgaste causado por la edad, ya que en esa época la esperanza de vida oscilaba entre los 40 y 45 años.

“Otros hallazgos registrados durante las labores de la CFE, son una serie de canales de desagüe que datan del siglo XVIII a principios del XX, cuyas dimensiones van de los 40 centímetros hasta un metro de ancho. Sistemas constructivos manufacturados con ladrillo, piedra volcánica y lajas de andesita, algunos presentaban señas de modificaciones, es decir, que fueron agrandados por la demanda de la ciudad. Destacan los de la época del Porfiriato, que se identifican porque están vidriados”, señaló Belem Beltrán, responsable del proyecto.

Además, en marzo de 2012, se localizaron restos de muros (a una profundidad de 2.50 m) pertenecientes a construcciones coloniales como el Colegio de San Pedro y San Pablo donde se hallaron dos etapas constructivas. La primera consiste en un muro estucado a base de lajas, y la segunda se trata de un sistema constructivo a base de pilotes. Dicha estructura se halló en la parte norte del inmueble, en la calle de República de Venezuela.

En ese mismo mes, en las calles de Donceles y Soledad, ésta última casi esquina con Academia —a 2.50 m y 1.50 m, respectivamente—, se encontraron partes de pisos prehispánicos, el primero manufacturado con lajas de basalto y el segundo con un aplanado estucado, ambos por su cercanía al Templo Mayor se piensa que formaban parte del recinto ceremonial. Estos vestigios, así como los restos de muros y canales, fueron registrados y enterrados nuevamente, con el objeto de asegurar su conservación.

Esta serie de hallazgos permitirán determinar áreas habitacionales del antiguo islote que no han sido exploradas en su totalidad, ver hasta dónde abarcaban los complejos arquitectónicos no sólo prehispánicos sino también coloniales, e inclusive reconocer a nivel estratigráfico qué áreas del centro se encuentran alteradas. En breve, iniciará el trabajo de gabinete, es decir, la investigación y el análisis de los vestigios localizados, concluyó la arqueóloga Belem Beltrán.

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