En nuestro país existen 26 millones de hectáreas disponibles para la siembra, de las cuales solo se utilizan con este fin entre 18 y 22 millones, según cifras del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). México es muy vulnerable a la variación climática porque gran parte de los cultivos dependen de la época de lluvias, es decir, se producen bajo condiciones de temporal. Los agricultores temporaleros obtienen bajos rendimientos por unidad de superficie y los mayores índices de pérdidas; las principales causas son los cambios climáticos paulatinos que se han presentado. Conocer el comportamiento y la distribución actual de los elementos del clima en tiempo y espacio es de vital importancia para adecuar las técnicas agrícolas.

En este escenario tres grupos de investigadores buscan soluciones abordando el problema desde distintas perspectivas:

El equipo del doctor José Ariel Ruiz Corral, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, (INIFAP) estudia desde hace 29 años las relaciones clima-cultivos, caracterizando sus interacciones, y corroboró que el cambio climático es un elemento que afecta la producción agrícola y tiene carácter regional, pues afecta de distintas maneras a diferentes zonas, por ello, la necesidad de planear una agricultura que tome en cuenta la variabilidad de los 28 ambientes climáticos de nuestro país.

Existen en México alrededor de 2.6 millones de hectáreas con condiciones agroclimáticas óptimas para producir, bajo temporal, cultivos de origen tropical y subtropical, y alrededor de 2.8 millones de hectáreas con estas condiciones para producir cultivos de origen templado.  Además se cuentan con alrededor de 9 millones de hectáreas con sistema de riego, donde se puede practicar una agricultura de altos rendimientos; sin embargo, esto no siempre se consigue, porque en ocasiones no se hace uso óptimo de este recurso. “La clave está en producir cada cultivo en los ambientes que le son propicios, con la tecnología recomendable y bajo un sistema de producción que permita reducir al mínimo los riesgos que el clima impone a la agricultura” dijo Corral.

Algo es certero, y es que se necesita conocer, es cómo ha variado el clima con el cambio climático en los últimos años, para ello se ha recurrido a la modelación como una herramienta para entender su variabilidad. Estos modelos se elaboran a partir de la interpretación de los sistemas ecológicos, y son los más difíciles de estructurar, pues no solo involucran espacio y tiempo, también toman en cuenta la variación en la intensidad de la radiación solar, la presión de la atmósfera e incluso las erupciones volcánicas.

Con la modelación climática y los indicadores agroclimáticos —ecuaciones que establecen la relación entre el crecimiento, desarrollo y rendimiento de los cultivos con los elementos del clima, (temperatura, precipitación, humedad), que se obtienen de las estaciones meteorológicas— se puede planear y adaptar la agricultura. Así, el equipo de la doctora Rebeca Granados Ramírez del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México, trabaja de cerca con los indicadores agroclimáticos, para proponer qué áreas se pueden abrir con otros cultivos que se adapten mejor a la proyección climática de ciertas regiones.

“Trabajamos con analogías entre cultivos y su clima; recientemente utilizamos sistemas de información geográfica que facilitan este análisis, nosotros introducimos variables e indicadores como la temperatura, horas-frío, horas-calor y este sistema nos delimita zonas que se encuentran en las mismas condiciones climáticas, y a partir de esta información nosotros hacemos la planeación de cultivos. Es un estudio físico que después debe integrar aspectos sociales y económicos”

Este trabajo consistió en integrar un conjunto de indicadores térmicos y pluviales que influyen directamente en la actividad agrícola. Los indicadores fueron aplicados en la región norte de Guanajuato, para obtener una regionalización potencial climática, comentó la especialista y sugerir la introducción de cultivos alternativos como: amaranto, sorgo y girasol forrajero.

Entre la planeación de la agricultura también se requiere de un estudio detallado de las características de las semillas, como ejemplo el maíz, de las cuales ya están clasificadas cuatro razas según su nivel de estrés térmico (mucho calor poca humedad).

En este sentido los bancos de germoplasma están disponibles para cuidar la biodiversidad, su objetivo es procurar la coexistencia entre los cultivos y el ecosistema. Sin duda “deberíamos de tener una agricultura planeada como una actividad prioritaria de científicos, técnicos y agricultores, que tomara en cuenta la riqueza climática ambiental (diversidad climática)”, comentó por su parte el doctor Agustín López-Munguía miembro de la Academia Mexicana de Ciencias e investigador del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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