Trabajadores limpiando petróleo de las rocas de Alaska tras el derrame del Exxon Valdez- EFE

Trabajadores limpiando petróleo de las rocas de Alaska tras el derrame del Exxon Valdez- EFE


Un buque hundido, animales cubiertos de petróleo, grandes manchas de fuel visibles a larga distancia, costosas labores de limpieza y un polémico juicio. Podría ser la foto del hundimiento del Prestige en Galicia, pero sucedió trece años antes a miles de millas, en el océano Pacífico.

En la década de los 80 las compañías de petróleo estaban en plena recesión económica, lo que condujo a los petroleros a tomar medidas de reducción de costes, como minimizar el número de tripulantes, aumentar las jornadas de trabajo y reducir el tiempo de desplazamiento a la refinería.

Con este panorama la tragedia no se hizo esperar. El 24 de marzo de 1989 el petrolero Exxon Valdez derramó 11 millones de galones de petróleo en el arrecife Bligh del Prince William Sound (Alaska).

Los registros judiciales del caso Exxon Valdez dijeron: “El accidente se produjo después de que el capitán del petrolero, Joseph Hazelwood [que poseía antecedentes de abuso de alcohol y cuya sangre aún tenía un nivel etílico elevado once horas después del desastre] inexplicablemente salió del puente, dejando complicada la corrección de rumbo a sus subordinados sin licencia”.

A esto hay que sumarle que, según sugieren varios documentos presentados en el caso, el petrolero tenía un equipo de radar defectuoso que llevaba casi un año sin repararse. En condiciones de buen funcionamiento, este sistema podría haber evitado el accidente cuyas consecuencias aún son visibles.

El fracaso institucional en medio del drama

El capitán Hazelwood fue absuelto de los cargos relacionados con la intoxicación etílica en el juicio al declarar varios testigos que estaba sobrio en el momento del accidente.

En 1991 el Estado de Alaska y el gobierno de EE UU negociaron un acuerdo con Exxon de unos 900 millones de dólares en multas penales y civiles. El convenio estableció que el Consejo Fiduciario del derrame de petróleo Exxon Valdez (EVOSTC) administrara los fondos y el seguimiento de la recuperación de recursos dañados durante diez años.

Sin embargo, los casos civiles presentados por nativos de Alaska, pescadores comerciales, marineros, trabajadores de fábricas de conservas y empresarios se dilataron durante cerca de veinte años, tras numerosas apelaciones, hasta que en 2008 la Corte Suprema de los EE UU emitió un fallo que ponía fin al largo litigio.

Dos décadas de incertidumbre no pasaron en vano para sus víctimas. Un extenso estudio publicado en 2013 por científicos de las universidades estadounidenses de Colorado, Sur de Alabama y la Estatal de Oklahoma evaluó los trastornos sociales y el trauma colectivo que sufrieron los afectados por la postergación de la tragedia.

“Utilizando datos cualitativos recogidos en Cordova, Alaska, entre 2002 y 2010, analizamos los vínculos entre la creencia colectiva en los afectados sobre la deslealtad institucional y el desastre. Existe una percepción de fallos institucionales relacionados con las actividades de limpieza, incluidas la pérdida de seguridad y la disminución del capital social”, apunta el trabajo liderado por Duane A. Gill, de la Universidad de Oklahoma, que afirma a Sinc: “Estoy familiarizada también con el derrame de petróleo del Prestige. Analizamos en 2005 el tratamiento de los medios de comunicación de esta tragedia ocurrida en España”.

La resolución del caso confirmó que Exxon era responsable del derrame, pero redujo la indemnización por daños punitivos de 2.500 millones de dólares a 507 millones. “En Cordova (Alaska) las reacciones incluyeron sentimientos de shock, traición, injusticia, ira, depresión, resignación, tristeza, dolor e impotencia. Para otros, sin embargo, interponía un sentido de cierre a este componente persistente del desastre del Exxon Valdez”.

En la actualidad, con el litigio resuelto hace años, las personas con vínculos económicos y culturales asociados a los recursos naturales en Alaska creen que el ecosistema se ha dañado para siempre.

“Los datos de una encuesta a la comunidad en 2013 reveló que casi la mitad (47%) de los residentes de Cordova creen que nunca se recuperará completamente”, subrayan los científicos.

Malformaciones en el corazón de los peces

El derrame de petróleo se produjo al comienzo de la temporada de mayor actividad biológica de la región y mató aproximadamente a unas 250.000 aves marinas, 144 águilas calvas, 4.400 nutrias, 300 focas y 20 ballenas. Además, miles de millones de huevos de salmón y arenque se destruyeron.

Estas dos últimas especies fueron estudiadas después del vertido de petróleo porque depositan los huevos sobre o cerca de la costa. En concreto, John Incardona, investigador de toxicología de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de EE UU, lideró un estudio publicado en 2013 sobre las anomalías en el desarrollo de estos peces expuestos al crudo.

“Las especies que viven en el océano abierto (zona pelágica) no eran un foco de estudio tras el desastre, pero sí lo eran los embriones que se crían en el litoral. Nuestro trabajo se centró en comprender el origen del síndrome de malformación que aparece en las crías de pez expuestas al petróleo y que altera las funciones del corazón”, declara a Sinc Incardona.

Cuando en 2010 ocurrió el derrame de petróleo de la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México, añadieron a este estudio embriones de pez cebra y observaron que tanto los hidrocarburos de una como de otra catástrofe causaron el síndrome en los peces. Los resultados del Deepwater Horizon se publican hoy en la revista PLOS ONE.

“Los embriones de esta especie son transparentes y el corazón es uno de los primeros órganos que desarrolla. Lo vemos simplemente observando las criaturas vivas al microscopio. También sabíamos que se producía la malformación, pero no cómo el petróleo afectaba a las funciones del corazón”, añade el científico.

El trabajo concluyó que los hidrocarburos infieren en las propiedades fisiológicas de las células del músculo cardiaco que regulan la contracción. El petróleo cambió la forma en la que su corazón bombeaba sangre.

Limpieza y persistencia del crudo dos décadas después

En conjunto, la devastación ecológica que provocó el derrame fue inmensa, contaminó 44.000 kilómetros cuadrados de superficie oceánica y más de 1.900 km de la costa de Alaska.

Las técnicas para acelerar la degradación de los hidrocarburos fueron desde suministrar grandes cantidades de nitrógeno y fósforo a las regiones contaminadas, hasta sacar con palas la arena y las rocas contaminadas.

Otros métodos de limpieza fueron más polémicos, como utilizar sistemas de presión con agua caliente en las playas y el litoral, lo que contribuyó a aumentar los daños a microorganismos y al plancton, base de todo el ecosistema.

“A pesar de estos esfuerzos, todavía hay restos de petróleo en algunas de las playas contaminadas por el accidente del Exxon”, señala a Sinc Behzad Mortazav, de la Universidad de Alabama, líder de un estudio sobre el uso de colina –un compuesto de origen natural presente en el mar a bajas concentraciones– para acelerar la degradación de los hidrocarburos en sedimentos contaminados por petróleo.

“Mediante el suministro de colina se intentó aliviar el estado de limitación de nitrógeno de la comunidad microbiana de modo que pudieran degradar los hidrocarburos”, destaca Mortazav.

La aplicación de este tipo de fertilizantes (nitrógeno y fósforo) o colina es una solución poco costosa. Sin embargo, estos compuestos se mezclan fácilmente con agua de mar y se diluyen. Para el científico, el reto ahora es encontrar la manera de aplicarlos de modo que permanezcan en concentraciones ideales dentro de las regiones afectadas.

Localizar las zonas contaminadas

Otros esfuerzos para acabar con los restos del vertido van encaminados a entender mejor la distribución del petróleo en el subsuelo y evaluar la necesidad de continuar con las labores de limpieza en algunos puntos.

En esto se afanaron investigadores del Research Planning de Columbia (EE UU) que recogieron datos de las características geomorfológicas en 198 lugares de Prince William Sound y publicaron sus resultados en el Journal of Coastal Research.

“Existen evidencias cuantitativas de interacciones complejas entre la energía de las olas en un lugar y la presencia de rasgos geomorfológicos que pueden haber contribuido a ocultar el petróleo. Del mismo modo, nuestros datos proporcionan pruebas de que disminuye la probabilidad de encontrarse con crudo en el subsuelo en los lugares con una pendiente muy pronunciada, excepto en aquellos con un alto ángulo con el litoral, donde hay escombros protegidos”, respalda el estudio.

Estos resultados refuerzan la idea de que la permeabilidad de la playa, la estabilidad y la exposición a las olas son factores clave para que el petróleo continúe almacenado bajo la superficie.

”El hidrocarburo del Exxon Valdez persiste en el medioambiente. Todavía hay lugares en Prince William Sound en los que este se filtró en los lechos de grava en la línea de la playa y los animales que se entierran en dicha grava para alimentarse, como las almejas, siguen expuestos. No se puede calcular hasta cuando durarán sus consecuencias”, concluye el investigador del NOAA, Joan Incardona.

Referencias bibliográficas:

Mortazavi, B. “Enhancing the biodegradation of oil in sandy sediments with choline: A naturally methylated nitrogen compound” ENVIRONMENTAL POLLUTION, noviembre 2013.

Incardona, JP et al. “Exxon Valdez to Deepwater Horizon: Comparable toxicity of both crude oils to fish early life stages” AQUATIC TOXICOLOGY. 15 de octubre de 2013.

Nixon, Z et al. “Geomorphic Factors Related to the Persistence of Subsurface Oil from the Exxon Valdez Oil Spill” JOURNAL OF COASTAL RESEARCH. 2013.

Sammarco, PW et al. “Distribution and concentrations of petroleum hydrocarbons associated with the BP/Deepwater Horizon Oil Spill, Gulf of Mexico” MARINE POLLUTION BULLETIN, agosto de 2013.

Ritchie, LA et al. “Recreancy Revisited: Beliefs about Institutional Failure Following the Exxon Valdez Oil Spill” SOCIETY & NATURAL RESOURCES. Junio de 2013.

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