Albert Jacquard, genetista, luchador social y defensor de los "sin papeles"

Albert Jacquard en 2009, Wikipedia


Sandra Isabel Jiménez Mateos

“La verdad no se posee, solo se busca”. Así rezaba una popular frase de Albert Jacquard incluida en uno de sus libros, Pequeña filosofía para los no filósofos (1997).

Jacquard nació en Lyon, Francia, el 23 de diciembre de 1925 y falleció el 12 de septiembre de 2013 en París, Francia.

Este polifacético científico no solo rastreaba la verdad dentro de los intrincados laberintos de la genética, sino que también trataba de darla a conocer mediante el ensayo político y filosófico, y la divulgación de la ciencia.   

Jacquard revelaba una visión humanista en todas sus obras, destinadas a la reflexión sobre la condición humana y el aliento de la conciencia colectiva frente a las situaciones de injusticia social. Se declaraba cercano al movimiento antiglobalización y apoyaba a las personas sin hogar en Francia.

En 1973, fue nombrado experto en genética en la Organización Mundial de la Salud y en esa calidad dio cursos en la Universidad de Ginebra (1973-1976), la Universidad Pierre y Marie Curie en París (1978-1990), la Accademia di Architettura di Mendrisio Suiza o la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica (1979-1981).

Le concedieron la Legión de honor fracesa y el Orden del mérito francés como reconocimiento por su trabajo y la medalla científica de la Fundación de Francia.

Entre 1983 y 1988, el investigador formó parte del Comité Consultivo Nacional de Ética de Francia, entre cuyas filas se opuso fervientemente a la explotación con fines comerciales del genoma humano.

Cuando formaba parte del Comité consultivo francés de ética en los años 1990, se opuso rotundamente a la comercialización del genoma humano.

En 1987 fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Quebec, y, posteriormente, por las universidades de Brunswick y Lovaine-la-Neuve. Además, ejerció los cargos de consejero científico en el Instituto Nacional de Estudios Demográficos entre 1990 a 1991 y profesor en la Academia de Arquitectura de Tessin. En 1992 fue galardonado con el premio literario de la Villa de Ginebra.

Hasta su muerte era cercano al movimiento antiglobalización e intervenía regularmente para defender las personas sin hogar en Francia.

Siempre apoyó y se declaró públicamente a favor de la elección del esperanto como segunda lengua universal en contradicción con las tendencias en Europa de utilizar el inglés.

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