Científicos cubanos confirmaron la próxima reaparición del fenómeno climático ‘»El Niño-Oscilación del Sur'» (ENOS), un complejo proceso de interacción océano-atmósfera que tiene impacto sobre el clima en la región.

El jefe de Pronósticos del Instituto de Meteorología, José Rubiera, dijo que los valores de la temperatura oceánica obtenidos en junio, indican que el contenido calórico se ha incrementado, ‘»y ello refleja, en cierta medida, una evolución, un avance, hacia un evento de El Niño'».

‘»Por otra parte, los modelos dinámicos y estadísticos corridos en junio siguen favoreciendo el desarrollo de ´El Niño´ en los próximos meses'», indicó el más conocido de los meteorólogos cubanos.

Añadió que el Centro del Clima de Estados Unidos estima en 70 por ciento la probabilidad de que el fenómeno ocurra en los meses que quedan del verano del hemisferio norte, y dan hasta 80 por ciento de posibilidades para los meses del otoño y el invierno.

Rubiera coincidió así con el investigador del Centro del Clima del Instituto de Meteorología de Cuba, Ramón Pérez, quien antes explicó que desde finales de enero último comenzó a incrementarse la temperatura superficial del mar en varias porciones del Pacífico ecuatorial.

Estas últimas anomalías se acentuaron durante abril y mayo hasta cubrir todo el sector centro-oriental, dijo.

De manera paralela se observó un incremento de los vientos del oeste en el Pacífico occidental, condiciones que generalmente anteceden al desarrollo de un ENOS, y que prevalecieron también en junio.

De acuerdo con el experto, el principal impacto sobre Cuba suele producirse durante el periodo poco lluvioso del año, en especial entre enero y abril.

En esos meses, abundó, aumentan los totales de precipitaciones por encima de los valores normales, unido en algunas ocasiones a la presencia más frecuente de fenómenos naturales significativos como lluvias intensas, brotes de tormentas locales severas, e inundaciones costeras notables.

Rubiera, doctor en Ciencias, recordó lo sucedido en el invierno 1982-1983, cuyos efectos han sido hasta el momento los más importantes reportados en la isla a causa del también llamado Niño ‘»diabólico'» del clima.

En esa temporada surgieron 26 bajas extratropicales en el Golfo de México, una cifra récord, varias desarrolladas a muy baja latitud, que desataron episodios de fuertes lluvias con acumulados tres a cinco veces superiores a los históricos, en particular en el occidente y centro cubanos.

También en marzo de 1983 hubo vientos del sur con fuerza de huracán, mientras el día 18 de ese mes ocurrió el mayor brote de tornados que haya sido reportado en Cuba, con siete.

En el caso de las inundaciones costeras por penetración del mar, buena parte de las más significativas registradas en el litoral norte de La Habana durante los últimos seis lustros, tuvieron lugar en años con presencia del ENOS.

Así sucedió el 17 de marzo de 1983, el 6 de febrero de 1992, y el 13 de marzo de 1993, asociada esta última a la llamada Tormenta del Siglo.

Aunque el ENOS 1997-1998 fue catalogado como el más intenso del siglo XX, en la Mayor de las Antillas los daños no fueron tan violentos como se esperaba.

Esto último pone de manifiesto que no siempre genera iguales efectos, aun cuando por la magnitud del aumento de la temperatura del mar en el Pacífico ecuatorial alcance el rango de fuerte, señaló el especialista.

Pérez apuntó como otro impacto sobresaliente la tendencia a deprimir la actividad ciclónica en la cuenca del Atlántico, incluido el mar Caribe, pues genera fuertes vientos del oeste en la atmósfera superior capaces de entorpecer el desarrollo de las tormentas tropicales y huracanes.

Esto al impedir que la energía pueda concentrarse en la columna de aire en la altura.

No obstante, advirtió, ello no implica que sea nula la probabilidad de que un ciclón tropical afecte al país, de ahí la necesidad de no bajar la guardia y aplicar con suficiente tiempo las medidas dirigidas a reducir las vulnerabilidades, y proteger la vida y los recursos de la economía.

Subrayó el experto que todavía es prematuro decir cuán fuerte será el nuevo evento en fase de gestación, y menos aún prever desde ahora sus efectos sobre el clima cubano para el venidero semestre noviembre-abril, por eso el Centro del Clima se mantiene al tanto de su evolución.

El ENOS describe un complejo proceso de interacción océano-atmósfera, caracterizado por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del mar en una amplia franja del océano Pacífico ecuatorial que se extiende desde su porción central hasta las costas de Sudamérica.

Ese fenómeno ocurre acompañado de una inversión a gran escala de los centros de alta y baja presión ubicados en el océano Pacífico oriental y occidental, respectivamente, la denominada Oscilación del Sur.

El nombre del fenómeno fue acuñado hace tiempo por pescadores peruanos, que notaron que las aguas habitualmente frías del litoral de ese país andino se tornaban cálidas cada cierto número de años en los días cercanos a la celebración de la Navidad cristiana.

Ese calentamiento provoca la emigración de muchas especies, entre ellas la anchoveta, lo que afecta de forma considerable el sector de la pesca, además de provocar alteraciones sensibles en el hábitat de los ecosistemas marinos.

Si bien en los últimos 30 años, el ENOS ha devenido tema público recurrente por desatar sequías extremas en diferentes regiones del planeta, y lluvias torrenciales en otras, existen registros documentados sobre su aparición que datan de 1470, y de varias centurias antes.

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