Representación de la caida de las Leónidas en 1833

Representación de la caida de las Leónidas en 1833


El 13 de noviembre de 1833, el cielo de la costa Este de los Estados Unidos se iluminó como si una gran cantidad de fuegos artificiales explotase y expandiera su luz, a causa de una espectacular lluvia de miles de meteoros del tipo Leónidas que cruzaron el espacio sin caer a Tierra.

Los de ese año, por suponer que provenían de la constelación de Leo, se les denominó del tipo “Leónidas”, los cuales presentan su mayor intensidad cada 33 años.

Fue el lugar de mayor visibilidad, porque de hecho el fenómeno se observó en la mayor parte del planeta y hubo quienes lo interpretaron como el anuncio del inicio del apocalipsis marcado en la Biblia. El historiador estadounidense R.M. Devens tenía en su lista a esta tormenta entre los eventos más importantes de EEUU; Devens escribió que “durante las tres horas del suceso, se creyó que el Juicio Final esperaba sólo a la salida del Sol y, aún muchas horas después del cese de la lluvia, los supersticiosos creían que el Día Final llegaría en sólo una semana”.

El espectáculo duró con gran intensidad cuatro horas antes del amanecer, al ser el cielo surcado de miles de meteoritos por minuto, que dejaban su estela brillante iluminando el firmamento, aunque la actividad de los meteoros pudo observarse desde la puesta del Sol.

La astrónoma y escritora Agnes Clerke apuntó sobre ese fenómeno: “En la noche del 12 al 13 de noviembre de 1833 una tempestad de estrellas fugaces irrumpió sobre la Tierra. …el cielo fue barrido en todas direcciones con estelas brillantes e iluminado con bolas de fuego majestuosas.  En Boston, la frecuencia de meteoritos se estimo como la mitad de copos de nieve que caen en una tormenta de nieve promedio.  Su número era imposible de contar; pero se estimó que 240.000 meteoritos debieron de haber sido visibles durante las nueve horas que duró la caída.”

A estos fenómenos se les denomina meteoros para distinguirlos de los meteoritos que son los que caen a la superficie terrestre.

En 1834, el Matemático de Yale, Denison Olmsted, demostró que la apariencia de que los meteoros proceden de un punto en la constelación de Leo, que este punto radiante es simplemente un efecto de perspectiva.  Los millones de meteoritos que caen en la noche se están moviendo sobre líneas paralelas.  parecen divergir desde un punto en Leo por la misma razón que los rieles paralelos, o cualquiera otras líneas paralelas sobre la Tierra, parecen divergir de un punto en el horizonte.

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