Dos agujeros negros a punto de fusionarse- Mark Myers, ARC Centre of Excellence for Gravitational Wave Discovery

Dos agujeros negros a punto de fusionarse- Mark Myers, ARC Centre of Excellence for Gravitational Wave Discovery


Hace siete mil millones de años (antes de que se formara nuestro Sistema Solar), a una distancia de 17,000 millones de años luz, dos agujeros negros, de 66 y 85 masas solares, se fusionaron creando a un nuevo agujero negro masivo, de alrededor de 142 masas solares. Tanto las componentes primarias como el remanente se sitúan en un rango de masas superior al que se había observado hasta la fecha, y el resultante es el agujero negro más masivo jamás detectado con ondas gravitacionales.

El evento es tan particular, que con lo que se conoce de las leyes de la relatividad general y de la física de las estrellas, esto es imposible de explicar: o bien hay que cambiar la teoría de evolución estelar o bien los agujeros negros involucrados tienen un origen desconocido y aún misterioso. La comunidad astrofísica no esperaba observar ningún agujero negro en un rango comprendido entre las 60 y las 120 masas solares

Encuentran un hoyo negro que no debería de existir

El sistema binario masivo se ha bautizado como GW190521 –ya que el evento de ondas gravitacionales se percibió el 21 de mayo de 2019– y duró apenas una décima de segundo.

Este hallazgo es resultado de 15 meses de trabajo por parte de dos grandes colaboraciones científicas (Virgo en Italia y LIGO en EE UU) en los cuales intervinieron casi 2,000 expertos de diversos países.

Los resultados obtenidos, así como sus implicaciones científicas, se difundieron mediante dos artículos publicados en las revistas Physical Review Letters y Astrophysical Journal Letters, el 2 de septiembre de 2020. Tras más de un año de estudio, el patrón que esta característica vibración produjo en los haces de luz láser de los detectores LIGO, en EE UU, y Virgo, en Italia, ha permitido reconstruir cómo se produjo este fenómeno.

En ambos documentos explicación que lo más probable es que se trate de una fusión. ¿Cómo se han podido formar dos agujeros negros teóricamente imposibles?, es la pregunt que se hacen. “O bien la teoría de evolución estelar que manejamos es incompleta y tenemos que reescribirla, o bien los dos agujeros negros involucrados no provienen de estrellas que murieron, sino que se formaron por fusiones anteriores de agujeros negros más pequeños”, menciona Toni Font, físico teórico de la Universidad de Valencia y colaborador de Virgo.

Nelson Christensen, investigador del Centro Nacional Francés de Scientific Research (CNRS), comparó la señal con la primera detección de LIGO de ondas gravitacionales en 2015. «Esto es más como algo que hace ‘bang’, y es la señal más masiva que LIGO y Virgo han visto», indicó el científico.

Era ultracorta (una décima de segundo) y de muy baja frecuencia (cuanto más remota, menor es la frecuencia). Fue “un desafío analizarla”, agregó.

“Esta detección abre la puerta a descubrir muchos más posibles efectos astrofísicos nuevos”, adelanta Thomas Dent

Que se haya batido el récord de masa detectado por las colaboraciones Virgo y LIGO es un descubrimiento sin precedentes. “Esta detección abre la puerta a descubrir muchos más posibles efectos astrofísicos nuevos”, adelanta Thomas Dent, coordinador del programa de ondas gravitacionales en el Instituto Galego de Física de Altas Enerxías (IGFAE) y miembro de la Colaboración Científica LIGO.

Un aspecto crucial es que el agujero negro remanente es de masa intermedia, y esto está relacionado con uno de los rompecabezas más fascinantes y complejos de la astrofísica y la cosmología: el origen de los agujeros negros supermasivos. Estos monstruos gigantes, de millones a miles de millones de veces más masivos que el Sol y a menudo en el centro de las galaxias, podrían surgir de la fusión de agujeros negros de masa intermedia más pequeños.

«Debe haber mecanismos que no entendemos y que permitan la generación de agujeros negros con masas solares superiores, como supernovas», explica a SINC la investigadora Alicia Sintes, de la Universitat de les Illes Balears (UIB) y miembro de LIGO.

Hasta hoy, muy pocos candidatos de este tipo han sido identificados únicamente a través de observaciones electromagnéticas y esta es la primera observación vía ondas gravitacionales. Además, el rango de 100 a 1.000 masas solares ha representado durante muchos años un desierto de agujeros negros.

Un fenómeno no explicado

Los astrofísicos diferencian los agujeros negros en tres grupos en función de su masa.

Por un lado, se encuentran los agujeros negros supermasivos, con una masa que oscila entre centenas de miles hasta miles de millones de veces la masa del Sol. Este es el caso del agujero negro que se encuentra en el centro de la Vía Láctea, con una masa alrededor de 4 millones de veces la del Sol. El modo en el que se generaron todavía es un misterio.

Por otro lado, se sitúan los agujeros negros de masa intermedia, cuyas masas oscilan entre 100 y 100.000 veces la masa del Sol. Su origen es impreciso. Es el caso del remanente percibido, el GW190521, que ha sido originado a partir de la fusión de otras dos masas masivas.

Por último, se hallan los agujeros negros de masa estelar, cuya masa es de unas pocas decenas de veces la masa solar. Se cree que se formaron a partir del colapso del núcleo de una estrella masiva, mediante explosiones de supernova.

Encuentran un hoyo negro que no debería de existir

Uno de los misterios del nuevo hallazgo es el origen de los dos agujeros negros progenitores. «Si surgieron del colapso de estrellas, se sitúan en un rango de masas en el cual su presencia se considera, en teoría, imposible», explica Dent. «Por tanto, podría ayudar a mejorar nuestra comprensión sobre las etapas finales de la vida de las estrellas masivas», vaticina. Si logran conocerlo y comprenderlo, podrían averiguar cuál es el origen de los agujeros negros supermasivos, uno de los rompecabezas más complejos de la astrofísica y la cosmología.

Se sabe que los agujeros negros con masas entre 65 y 120 veces la masa del Sol no pueden haber sido formados tras el colapso de una estrella. Mediante un fenómeno conocido como “inestabilidad de pares”, al estallar las estrellas con estas masas, únicamente dejan tras de sí una nube de gas y polvo cósmico, ‘imposibilitando’ la formación de agujeros negros de estas dimensiones.

Por lo tanto, la comunidad astrofísica no esperaría observar ningún agujero negro en este rango de masas solares, entre unas 60 y 120. Ese es exactamente el rango de masas en el que se encuentra la componente más masiva de GW190521 (66 y 85 masas solares).

«Las ondas gravitacionales que estamos recibiendo describien eventos que no esperábamos ver», señala Sintes.

“Varios escenarios predicen la formación de agujeros negros en el hueco en la distribución de masas debido a la inestabilidad de pares: podrían ser el resultado de la fusión de agujeros negros más pequeños o de la colisión de (múltiples) estrellas masivas, o incluso de procesos más exóticos”, añade Michela Mapelli de la Universidad de Padua (Italia) y el Istituto Nazionale di Fisica Nucleare (INFN), además de pertenecer a la Colaboración Virgo.

Encuentran un hoyo negro que no debería de existir

“Sin embargo, es también posible que tengamos que revisar nuestra comprensión actual de las etapas finales de la vida de una estrella y las restricciones sobre la masa final en los procesos de formación de agujeros negros”, prosigue Mapelli.

"Las ondas gravitacionales que estamos recibiendo describien eventos que no esperábamos ver", señala Sintes

Tito Dal Canton, investigador del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) en el Irène Joliot-Curie Lab, en Orsay (Francia), y miembro de Virgo, explica que los agujeros negros iniciales rotaban rápidamente.

“La señal muestra indicios de precesión, una rotación del plano orbital producido por rotaciones de gran magnitud y orientación particular”, indica Dal Canton. “El efecto es débil y no podemos afirmar que esté presente de manera categórica, pero, si fuera cierto, apoyaría la hipótesis de que los agujeros negros progenitores surgen y viven en entornos cósmicos muy inestables y concurridos, como un cúmulo estelar denso o un disco de acreción de un núcleo galáctico activo”, pronostica.

“Ha sido muy complejo interpretar la señal al estar en el límite de nuestra capacidad técnica. Solo tendremos una idea clara de cómo se formó el sistema que la generó tras investigaciones adicionales y con detecciones futuras con las que comparar”, explica Thomas Dent, coordinador del programa de ondas gravitacionales en el IGFAE.

Encuentran un hoyo negro que no debería de existir

Este descubrimiento ha sido posible mediante una gran alianza internacional de científicos de dos grandes Colaboraciones. Por un lado, la Colaboración Virgo se compone actualmente por unos 580 miembros procedentes de 109 instituciones en 13 países diferentes, incluyendo Bélgica, Francia, Alemania, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, los Países Bajos, Polonia, Portugal y España. Virgo aporta también al trabajo uno de los tres detectores que han sido necesarios para detectar el GW190521, ubicado cerca de Pisa, en Italia, dentro del Observatorio Gravitacional Europeo.

Por otro lado, en la Colaboración LIGO participan más de 1.300 científicos de todo el mundo. Este, por su parte, aporta otros dos detectores: uno en el Observatorio Livingston, en Luisiana (EE.UU.) y otro en el Observatorio Hanford, en Washington.

En cuanto a la participación española, tanto la Universitat de les Illes Balears (UIB) como el Instituto Galego de Física de Altas Enerxías (IGFAE) de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), forman parte de la Colaboración Científica LIGO; mientras que la Universitat de València (UV), el Instituto de Ciencias del Cosmos de la Universidad de Barcelona (ICCUB) y el Institut de Física d’Altes Energies (IFAE) de Barcelona son miembros de Virgo.

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