Estrella enana ultrafría TRAPPIST-1 y sus tres planetas- ESO/M. Kornmesser/N. Risinger

Estrella enana ultrafría TRAPPIST-1 y sus tres planetas- ESO/M. Kornmesser/N. Risinger


El hallazgo de siete exoplanetas rocosos que giran alrededor de la estrella enana Trappist-1, que se encuentra en la constelación de Acuario, dado a conocer recientemente por la NASA y reportado en la revista Nature, ha despertado expectación mundial pues tres de esos objetos se encuentran en la zona habitable, esto es que pueden tener agua líquida si es que tienen una atmósfera semejante a la de la Tierra, lo cual aún no se ha comprobado y será objeto de estudio en el futuro.

 

Salvador Curiel Ramírez, integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) y codescubridor del exoplaneta Upsilon Andrómeda e en el año 2010 junto con otros astrónomos mexicanos, señaló que el interés por los exoplanetas en Trappist-1 se debe a que se encuentra a 39 años luz de la Tierra: “Está muy cerca de nosotros, a manera de ejemplo, digamos que la Vía Láctea es del tamaño de la Ciudad de México; y la estrella está a una cuadra de distancia del Sistema Solar, así de cerca aunque técnicamente es imposible que el ser humano llegue ahí”.

 

En ese sentido, Leticia Carigi Delgado dijo en conferencia de prensa que si se hiciera un viaje supersónico a una velocidad mayor a la que se puede realizar ahora, que es de unos 3 mil 500 kilómetros por hora, tardaríamos 10 millones de años en llegar a ese sistema planetario y puso en contexto que hace 10 millones de años no existíamos como Homo Sapiens, los Homo Australopithecus eran los primates que habitaban.

 

La científica, también integrante de la AMC, indicó que la estrella es una enana roja, muy pequeña comparada con nuestro Sol ya que tiene el 8% de su masa, es decir, es más o menos de tamaño de Júpiter.

 

“La emoción por este descubrimiento es que representa un sistema con planetas rocosos del tamaño de la Tierra, es el único que se ha descubierto así y lo podremos estudiar más a fondo con el satélite James Webb que la NASA planea lanzar en 2018, va a tener instrumentación para obtener espectros en el infrarrojo, por tanto, nos va a permitir estudiar a estos sistemas y ver si tienen atmósfera, de qué está compuesta y si se parecen o no a la Tierra. Trappist-1 es el primero de muchos sistemas solares que esperamos encontrar.”, indicó por su parte la investigadora Yilen López Maqueo.

 

La astrónoma forma parte de un equipo del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México que planea colocar un telescopio de un metro en el Observatorio Astronómico Nacional en la Sierra de San Pedro Mártir, Baja California, para buscar exoplanetas (planetas que se encuentran fuera del Sistema Solar) alrededor de estrellas más frías. “Se planea construir este año y es una colaboración con científicos de la Universidad de Berna, la Universidad de Ginebra, ambas en Suiza, y la Universidad de Cambridge en Reino Unido”, comentó.

 

Curiel Ramírez, en entrevista por separado para la AMC, coincidió en que con el satélite James Webb se descubrirán miles de exoplanetas similares en tamaño a la Tierra, y hay instrumentos de nueva generación mejorados que también lo harán como Gaia, cuya vida útil apenas comienza. Con anterioridad, el satélite Kepler, que se encuentra orbitando alrededor del Sol, había hallado exoplanetas, tenía la ventaja de no encontrarse bajo una atmósfera que dificultara la observación por la radiación de la Tierra, pero dejó de funcionar en 2013.

 

Junto con Salvador Curiel Ramírez y Yilen López Maqueo, hay otros astrónomos mexicanos dedicados a la búsqueda de exoplanetas en México, se trata de Jorge Cantó, Leonid Georgiev, Carlos Chávez Pech, Arcadio Poveda y Sebastián Sánchez, este último un científico español recién integrado como investigador en el IA que participó en la construcción de un espectrógrafo en el Observatorio de Calar Alto, España, destinado a buscar esos cuerpos celestes.