Lluvia de rosas- Tanya Ermolaeva

Lluvia de rosas- Tanya Ermolaeva


Manuel Martínez Morales

No tengo casa

no tengo tierra

no tengo nombre

no tengo camisa

ni zapatos,

no tengo ojales

no tengo fé.

En uno de mis cotidianos traslados por la ciudad, detenido en un céntrico crucero mientras esperaba la luz verde, de pronto cayó una lluvia de rosas cubriendo la calle. Hermosas rosas de color rosa pálido que enmarcaban con encanto el paso de una atractiva transeúnte. El suceso llamó momentáneamente mi atención, pues en ese instante el semáforo cambio la luz roja por la verde y tuve que continuar mi camino.

El complicado tráfico relegó de mi conciencia aquel sorprendente acontecimiento y no fue sino hasta horas después, ya instalado en la comodidad de mi cubículo frente a la computadora, que reflexioné sobre aquel insólito evento. ¿Lluvia de rosas en pleno centro de Xalapa? ¡Mis pirinolas! Todo debió ser obra de mi estrambótica imaginación, o bien obra de mi maltrecho cerebro que confunde realidad con ficción. Puesto que no es posible que en este mundo tan ordenado y regular, regularidad muy bien descrita por las ciencias naturales y las exactas, puedan tener lugar fenómenos como el descrito.

-Pero Mané, todavía no entiendes que las ciencias nunca podrán proporcionar una descripción completa de la realidad pues, según los grandes físicos contemporáneos, el universo es cualitativamente infinito; constantemente está creando nuevas realidades y la experiencia humana es limitada por lo que nunca podrá abarcarlo todo. La realidad siempre desborda el conocimiento, por muy científico que éste sea.

-¡Don´t panic, carnal!- replica tranquilamente Mané, mientras se mete entre pecho y espalda un sorbo de su helado de pistache y nuez. En nuestro mundo cotidiano, este que hace posible nuestra existencia no es el único posible, ¿qué no has oído de las teorías que tienen postulan la existencia de universos paralelos? En uno de ellos Mané está aquí conversando contigo, pero hay otros que surgen de las bifurcaciones constantes por las que transita el mundo. Una de esas continuas bifurcaciones en mi vida se dio cuando fui invitado por la flota a consumir peyote y, por circunstancias ajenas a mi voluntad, no pude asistir al encuentro con la planta sagrada pero el otro Mané, que siguió el sendero de su vida en otro universo paralelo a éste, si consumió el brebaje y quien sabe que será de él en ese otro universo paralelo en que le tocó vivir. En lugar de helado de pistache quién sabe qué estará consumiendo.

Lo más trascendente en nuestra imagen científica del universo es cuando se produce un cambio de paradigma, cuando el marco epistémico y nuestra concepción misma del universo sufre un vuelco. Algunos denominan a estos cambios paradigmáticos “revoluciones científicas”. Así por ejemplo, el paradigma aristotélico sobre el mundo, que consideraba al universo dividido en dos: el mundo terrenal y el mundo celestial, donde regían diferentes tipos de “leyes”. La ciencia moderna rompe con esta concepción del mundo y, en su paradigma inicial –mecanicista y determinista- postula el principio de que las leyes físicas que rigen el comportamiento de la materia son las mismas en cualquier punto del universo y que el espacio es isotrópico (con las mismas propiedades en todas direcciones) y el tiempo homogéneo a lo largo y ancho del mundo existente, de manera que tiene sentido hablar del estado del universo en este instante. Toda causa tiene un efecto, y nada surge de la nada; la materia está en continua transformación, añadiendo que hay dos “sustancias” que componen el mundo material: materia y energía. Más aún este mundo es cognoscible y evoluciona de manera determinista: el futuro estado de un sistema material puede predecirse sin error a partir del conocimiento de su estado presente y las ecuaciones que describen su evolución. Es el ideal laplaciano, que admite la incertidumbre en el devenir del mundo físico atribuible sencillamente a la limitada capacidad de conocimiento del ser humano; incertidumbre que iría disminuyendo en la medida que avance la investigación sobre el universo.

El asunto es que a principios del siglo veinte se produce una ruptura –que ya venía gestándose- con este paradigma, con este modo de ver el mundo, a partir del surgimiento de la teoría de la relatividad y la teoría cuántica. Y se abre paso un nuevo paradigma que considera que materia y energía son dos caras de la misma moneda; siendo Albert Einstein quien derivó la ecuación que describe esta identidad; además de que en la nueva teoría einsteniana (la teoría de la relatividad), espacio y tiempo se revelan de otra manera: el espacio físico no es plano, sino que presenta una curvatura y es indisociable del tiempo, de tal modo que los eventos físicos tienen lugar no en dos dimensiones independientes (espacio y tiempo) sino en un espacio de cuatro dimensiones, el espacio-tiempo, en el cual tres son espaciales y la otra es temporal. Por su parte, uno de los aportes fundamentales que noquearon el paradigma determinista fue el descubrimiento de que el devenir del universo es incierto; hay una incertidumbre intrínseca en los procesos físicos. De tal modo que ya no es posible predecir con total precisión el futuro estado de un sistema físico, más que bajo condiciones muy restringidas.

-¡Qué gruecso, Mané! ¿Y ahora, cómo va la cosa?

Pues en las últimas décadas hay científicos que proponen que la realidad no se compone esencialmente de materia y energía (dos caras de la misma moneda) sino que, dado que hay un buen número de fenómenos que no caben en las teorías de la física contemporánea, habrá que abordar la realidad de otra manera. Ahora hay que considerar a la información, en su sentido estricto, como la base para una explicación científica de los procesos naturales y sociales. Así cómo ya casi no usamos el dinero en su forma tangible –monedas o billetes- sino en la forma de “bits” (unidades de información que circulan en el ciberespacio) así también, dicen estos teóricos, materia y energía surgen y se comprenden solamente como intercambio de información. Añadiendo que esta perspectiva tiende a explicar también el papel del observador, que ya la física cuántica había puesto en el tapete de la discusión: un electrón no se encuentra en algún punto determinado sino que, hasta no ser observado, ocupa una cierta región del espacio descrita por una distribución de probabilidades sobre su posición real. Como que el electrón está en varios puntos a la vez ¿recuerdas los dos Manés?

Al hacer una observación mediante un determinado procedimiento se “obliga” al electrón a manifestarse en un punto determinado. Es decir, la información que el observador intenta obtener del sistema físico, perturba a éste colapsándolo a un estado particular: el electrón ocupando una posición determinada o manifestándose como partícula (materia) o como onda (energía). Cómo alguna vez aseveraron Carlos Marx y Federico Engels, todo lo sólido se desvanece en el aire: así como mi quincena me la pagan en bits (nunca veo billetes ni monedas) y los pagos los hago a través de transferencias vía internet, todo lo que circula es información: una representación abstracta del dinero. Igualmente, y de acuerdo a Einstein, materia y energía son dos caras de la misma moneda,pero ya también están a punto de esfumarse. Pues ahora es la información que surge de la interacción entre el sistema físico y el observador la que da pie a que se realice alguna de las posibilidades encontradas en cada bifurcación del devenir del proceso. Materia y energía se reducen a bits de información que se intercambia en todo proceso físico.

Y de este nuevo paradigma en proceso de gestación se infiere por ejemplo que la información total contenida en el universo es finita, lo cual entre otras cosas significaría que nada en el universo puede ser especificado o descrito por más de 10 elevado a la potencia 122 de bits de información. Las consecuencias pueden expresarse empíricamente: en el universo no puede existir un hotel que contuviera 10 elevado a la 130 potencia de habitaciones. Y el asunto se complica más si empleamos este enfoque en la física cuántica. Pero me estoy metiendo en terrenos fuera de mi comprensión y mejor ahí le paramos, con la advertencia que en todo momento, en las diversas ciencias, hay varios paradigmas en competencia como en un ecosistema, actuando sobre ésta una especie de selección natural.

Espinoso, pero relevante tema para la ciencia y los científicos. Quien quiera acercarse al tema, se recomienda la lectura de: Information and the nature of reality, editado por Paul Davies y Niels Henrik Gregersen. Cambridge University Press. 2011.

No tengo nada, excepto bits, que pueden traducirse en cualquier momento en una lluvia de rosasen alguna calle xalapeña.