Chaparro,

Estoy intentando inhumarte…
Hace ayer que te cubrió la tierra
Y sigo sin entender.
Como es que partiste?
tantos pendientes…

Bety Cariño, poeta oaxaqueña.

Al borde del oscuro  abismo que se abre ante nosotros,  en el cual podríamos precipitarnos, escuchamos a lo lejos una dulce canción. Es el canto armonioso de las mujeres poetas en el país de las nubes que convocan al XXII Encuentro Internacional “Tejedoras de luz”, que tendrá lugar del  1 al 9 de noviembre, teniendo como sede  varias localidades oaxaqueñas.

Tu ansia;/ sueños,/ apuestas,/ Tu incertidumbre…/ Que tus renuevos/ Aprendan la letra

La poeta y luchadora social Bety Cariño formaba parte de estas mujeres en el país de las nubes. A pesar de las dificultades  que enfrentaba por su participación en la lucha por mejorar las condiciones de los pueblos oaxaqueños, nunca dejó su voz de cantar.

Alberta \’Bety\’ Cariño Trujillo era la directora de CACTUS (Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos) una organización comunitaria en OaxacaMéxico. El 27 de abril de 2010,  fue asesinada cuando los paramilitares emboscaron a una caravana en su camino a la comunidad indígena autónomo de San Juan Copala. La caravana, incluidos los observadores de derechos humanos locales e internacionales, estuvo entregando alimentos a la comunidad que había estado bajo un bloqueo de los paramilitares aliados con el gobierno del estado. En el ataque murió también Jyri Jaakkola, un activista de derechos humanos de Finlandia, y más de diez personas resultaron heridas.

Cariño era mixteca y una defensora de la soberanía alimentaria, el manejo del agua, conservación de suelos y el derecho a la autonomía de los pueblos indígenas en México. Como parte de su trabajo con CACTUS, trabajó para organizar los colectivos de mujeres en el norte de Oaxaca. Fue uno de los líderes de CACTUS obligados a huir temporalmente Oaxaca en diciembre de 2006, después de la represión gubernamental en respuesta a las protestas de ese año en Oaxaca.

Tu ambición/ Pa qué?/ Pa que se defiendan./ Como si la escuela/ Fuera sinónimo/De justicia e igualdad.

 

Nada puede el mundo contra mujeres que cantan al borde del abismo, envueltas en la desdicha, la zozobra y la muerte, y lo hacen con el ánimo que lo hacía el poeta turco Nazim Hikmet, encerrado en un calabozo inundado de mierda que le llegaba a la cintura, según su propio relato.

     Sufriendo la represión y el acoso como el que,  aquí y ahora, sufren quienes luchan por una vida mejor, Hikmet fue apresado y condenado a veintiocho años de prisión, bajo la acusación de que la lectura de sus poemas por cadetes del ejército llevaba a éstos a la subversión. Hikmet declaró que su única ambición era escribir poemas “que hablen de una sola manzana, del ánimo de alguien que sale de prisión, de la tierra labrada, de la lucha de la gente por una vida mejor, de las decepciones de un solo hombre. Quiero escribir poemas sobre el temer y no temer a la muerte.”

            Como un tiempo después lo haría Bety Cariño:

 

Estabas bien,/ Creciendo entre la milpa/ Y la arriadera de chivos,/ Pero ese olor a morada y a troca/ De los demás primos te llevo/ Pal norte./ Y ahora que…/ Pos ya estas aquí parkeado/ En el camposanto del pueblo./ Guacheando cuando pasan las gentes/ y sus caminares vertiginosos y tardíos.

Hikmet, según sus palabras, trató de \’encontrar la manera más lacónica, sintética y sencilla; una forma que, siendo el producto de un largo trabajo, no lo demuestre. Es decir, no un zueco de campesino con soberbios bordados, sino como unas medias de nylon, que muestren la piel como si estuviera desnuda. Me esfuerzo por utilizar menos imágenes y comparaciones… expresarme de tal modo que el poema todo sea imprescindible, a tal punto que, quitándole una palabra, todo se desplome\’:

    

No vivas en la tierra / como un inquilino / ni en la naturaleza / al modo de un turista/ Vive en este mundo / cual si fuera la casa de tu padre / Cree en los granos /en la tierra, en el mar, / pero ante todo en el hombre.

El canto, la poesía son de los pocos asideros a nuestro alcance para sostenernos ante la barbarie que se nos impone. Puesto que el poeta, no importa la cultura y el tiempo en los que nace ni el idioma en que se expresa, habla una lengua universal en tanto que es el portador de una visión de “la raíz y fundamento” de las cosas y de los hombres. Quien asume el oficio auténtico de la poesía se juega la vida en el intento, ya que la verdad, neltiliztli, constituye el centro de la existencia misma.

El vocablo náhuatl neltiliztli, traducido por algunos estudiosos como verdad  o verdadero, en realidad remite –según Miguel León-Portilla- a la “cualidad de estar firme, bien cimentado, enraizado”. Los tlamatinime, sabios nahuas, expresaban así sus consideraciones y sus perplejidades filosóficas sobre el mundo y los hombres:

 “¿Acaso de verdad se vive en la tierra?/ No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí./ ¿Acaso hablamos algo verdadero aquí, Dador de la vida?/ Sólo soñamos, sólo nos levantamos del sueño./ Sólo es como un sueño…/ Nadie habla aquí la verdad (neltiliztli)…”

El tlamatinime buscaba el fundamento, la raíz de las cosas (neltiliztli), en el corazón mismo del hombre (yóllotl). Y el conocimiento náhuatl de las cosas y de los hombres se expresaba en forma poética; los tlamatinime eran sabios y poetas, además de ser custodios de los libros “que abrían ruidosamente” y  “seguidores del camino de las estrellas” (M. León- Portilla: Los Antiguos Mexicanos).

Ama la nube, la máquina y el libro / pero ante todo, ama al hombre / Siente la tristeza / de la rama que se seca / del planeta que se extingue / del animal inválido/ pero siente ante todo la tristeza del hombre…

Así hablaba Hikmet, también tlamatinime, en otro tiempo, otro espacio.

Y en estos momentos de angustia, al borde del abismo, nos llega el dulce y enérgico canto de Bety Cariño, mujer tlamatinime del país de las nubes, también afirmando la verdad, la verdad de aquí y ahora:

Atestaron los caminos de cacerolas,/ Las sartenes entonaron su palabra/ Ejemplo argentino/ La memoria demanda./ Fueron golpeadas,/ Agraviadas/ Fueron a prisión/ Eran ellas./ Ah mujeres de la lluvia/ Mujeres Ñu Savis/ Mujeres de las nubes./ Las nubes bajas y las nubes altas/ Estratos o cúmulos./ Mujeres de despedidas/ De hombres que besan y se van./ Mujeres que al caer la noche/ Y al plantar la mano en su sexo/ Se encuentran con la soledad./ Ah mujeres, mujeres solas/ Mujeres que siembran, labran y siegan/ Mujeres tequio,/ Mujeres cofradía/ Mujeres mole,/ Mujeres chocolate,/ Mujeres que suspiran, mujeres que cantan/ Que transitan entre cactus y mesquites/ Danzan con matachines y toros de 11/ Evocan el cuarto viernes y/ El 23 de julio./ ¡Libertad, Libertad… Libertad… ¡/ Ah mujeres que caminan los miércoles/ Entre puestos que no venderán/ Mujeres que amamantan/ Ávidas, ávidas/ De ver sus renuevos que algún día…/ Algún día no se irán.

   Desde aquí un saludo a las tejedoras de luz.

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