Cuando termine el circo electoral,

que se les entregue la factura.

del poema Factura informativa, de Antonio Orihuela.

Se ha dicho que si la poesía es la matemática del sentimiento, entonces la matemática sería la poesía de la ciencia. Podría decirse, en consecuencia, que la conciencia siendo la dimensión humana donde se sintetizan percepciones, sentimientos y razón, demanda de una poética de la conciencia, la cual necesariamente tendría que ser una poética matemática o bien una matemática poética.

 Poesía de la conciencia –dice Wikipedia- es una de las etiquetas con las que se alude a las poéticas que practican una oposición al capitalismo en su fase global y postmoderna. Aunque el significado y alcance de este marbete son parcialmente ambiguos, se puede datar la emergencia de este movimiento de la poesía española contemporánea en la década de 1990. Como elementos fundacionales, en esas fechas, cabe tener en cuenta, entre otros, la publicación del volumen Poesía y poder, la aparición en la revista Ínsula de un monográfico dedicado a Los compromisos de la poesía española o la organización de los encuentros anuales Voces del extremo en MoguerHuelva, a cargo del poeta y ensayista Antonio Orihuela a través de la Fundación Juan Ramón Jiménez.

            Precisamente, Antonio Orihuela es el promotor más prominente de esta tendencia. Yo digo que esta poesía tiene su matemática, su lado lógico, su razón de ser: la lógica del anti poder, que hace suya –poetizándola- la voz de los oprimidos, los desposeídos, de aquellos que no tienen otra cosa que perder más que sus cadenas. En el intento por explicar el mundo en que nos debatimos, la poesía y la matemática nos aportan elementos para alcanzar esta comprensión y actuar en consecuencia para transformar esta realidad opresora.

            Aquí un fragmento de un poema de Orihuela: Nos matan de abundancia./ Miramos sin ver, porque sigue todo intacto dentro de nuestra ordenadas casas, desde ahí socorremos telefónicamente a los golpeados/ con un tintineo de monedas/ que nos sobran.// La mentira se está poniendo enferma, me dices,/ pero a que ritmo, si sonamos como madera.

            En esta pocas líneas podemos apreciar la fuerza de la poesía de la conciencia propuesta por Orihuela y otros poetas preocupados y comprometidos con la agobiante realidad de nuestro tiempo.

 

            La amplitud del término “poesía de la conciencia” supone, a un mismo tiempo, tanto una inevitable ambigüedad como la exacta demarcación de un grupo de poetas con claros intereses comunes y relaciones intelectuales intensas. La convivencia y cooperación de este grupo de poetas se hace evidente al contemplar una vida intelectual colectiva aglutinada alrededor de proyectos comunes: antologías poéticas, organización de encuentros, foros y páginas web, referencias cruzadas y colaboraciones en prácticas de escritura colectiva. En común también poseen, como se ha señalado anteriormente, una clara, aunque diversa, consideración anticapitalista de las prácticas literarias.

Precisamente la participación en actividades colectivas, y cierta conciencia de adscripción a un grupo, es lo que impulsa a algunos de estos autores a la búsqueda de una poética teórica aglutinante. Sin embargo, las diferencias de los individuos y colectivos que conforman este grupo imposibilita que tal tarea teórica global sea posible sin ambigüedades ni conflictos. No pocos de los autores de la poesía de la conciencia niegan, precisamente, su pertenencia a grupo alguno, aunque sea notable su participación en él.

Poetas como Antonio Orihuela rechazan, por ideológicamente determinadas, precisamente las categorías teóricas de grupo, generación o movimiento literario. Considera Orihuela que tales etiquetas subrayan la concepción exclusivamente literaria en detrimento de la dimensión de transformación política y social. Esta negación de la existencia de un movimiento o generación literaria se acompaña, por otra parte, de una intensa cooperación grupal en torno a las prácticas poéticas críticas con el capitalismo. Antonio Orihuela encabeza, precisamente, la organización de no pocas de las actividades de tendencia aglutinadora del grupo, como los encuentros Voces del extremo que, anualmente, auspicia la Fundación Juan Ramón Jiménez en la localidad de Moguer. Estos encuentros propician, en declaraciones de Orihuela, la visibilidad política de unas prácticas poéticas socialmente combativas.

Los autores de la poesía de la conciencia privilegian la dimensión social y política como núcleo de la naturaleza humana. Poetas como Enrique Falcón o Jorge Riechmann han polemizado sobre el uso, también ideológicamente determinado, del adjetivo “político” o “social” aplicado a este tipo de poesía. Dicen que toda escritura está política y socialmente determinada, por lo que al calificar a las prácticas poéticas combativas con el capitalismo como “políticas”, se vendría a señalar falsamente al resto como “no políticas” o “neutrales”.

Toda la literatura es comprometida, decía Pablo Neruda. Toda la poesía es social. Y para rematar yo afirmo que la poesía de la conciencia, además de comprometida es matemática. (¡Chin!)

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

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