En un día blancamente nublado entristezco casi de miedo

/Y me pongo a meditar en los problemas que finjo …/

Fernando Pessoa

Poesía completa de Alberto Caeiro

 

            El conocimiento, asumido como búsqueda de lo innombrable, de lo no nombrado y por tanto no conceptualizado, es un movimiento de la conciencia que medita en los problemas fingidos, creados en la imaginación a partir de las vivencias concretas de quien se pregunta por el mundo. El concepto, producto último del conocimiento en movimiento, significa lo que designa y, a la vez, significa también lo que no cabe en la designación. Dualidad dialéctica intrínseca al pensamiento que conoce y, también, a la conciencia poética.

            El poeta Mario Luzi, en su ensayo, “Poesía, razón y misterio”, hace un planteamiento interesante sobre la relación entre razón y misterio. Para Luzi, “la ciencia actual es y acepta ser una multiplicadora del misterio […], la frontera de lo conocido, desplazándose misteriosamente hacia delante, no limita el espacio de lo cognoscible, quiero decir de lo que todavía permanece no conocido. La ciencia no rechaza la noción de misterio, más bien me parece que tiende a incluirla”. Luzi se pregunta si el misterio no será “el lugar del que provienen los mensajes, aquellos mensajes que nutren a la mente como tales o que inviten a la razón a superarse, a impulsar más allá y en otra parte la línea de su racionalidad. En la turbulenta zona que separa la razón de la no-razón encuentra la poesía su campo de acción”.

            El escritor británico, G.K. Chesterton, dice que comprendió el espíritu de la ciencia leyendo cuentos de hadas. Tan inexplicable y fantástico es que un sapo se transforme en un príncipe, como que un huevo se convierta en un polluelo: “Cuando nos pregunten por qué los huevos se convierten en aves o a que se debe que la fruta caiga en otoño, debemos responder exactamente como el hada madrina contestaría a Cenicienta si ésta quisiera saber por qué los ratones se transformaban en caballos o que razón había para qué sus vestidos lujosos se trocaran en harapos al dar las campanadas de la medianoche”.

Hace algún tiempo esta búsqueda en el territorio de lo no nombrado, que en eso consiste la investigación científica, me condujo a preguntarme sobre la forma de conducir a otros por estos caminos de incertidumbre y sorpresas. Hasta que un día el azar, padre de los encuentros venturosos, me condujo a los textos filosóficos de Paul Valéry y a la epistemología poética de Alberto Caeiro. Armado de estos textos y de un poco de valor me planté ante un grupo de estudiantes y, antes de entrar en el tema del curso –sobre matemáticas y estadística-,  leímos algunos pasajes de estos autores y, ¡oh sorpresa!, la efectividad poética se manifestó y tomaron forma los primeros elementos de un protométodo, la feliz y amable conjunción práctica de poesía y ciencia; un propuesta pedagógica que demuestra en forma concreta la convergencia de dos procesos creativos que tienen la misma raíz: la opaca e intensa conciencia poética del mundo y de la vida que antecede a la luz difusa de la conciencia racional.

 

Siempre que pienso en alguna cosa, la traiciono.

Sólo teniéndola ante mí debo pensar en ella.

No pensando, sino viendo,

No con el pensamiento, sino con los ojos.

 

Una cosa que es visible existe para ser vista,

Y lo que existe para los ojos no tiene que existir para

            el pensamiento;

Sólo existe verdaderamente para el pensamiento y no

            para los ojos.

 

Miro y las cosas existen.

Pienso y existo sólo yo.

A. Caeiro

 

He descubierto que la lectura y meditación sobre versos como éstos, valen más que diez cursos de metodología; desde luego que orientando luego el pensamiento hacia los temas concretos de la lección en curso.

En los debates sobre la cultura, se extraña la consideración de la ciencia como parte integrante de la cultura de un pueblo, y de las relaciones entre ésta y otras esferas de la creación cultural. Esta escisión se refleja con resultados negativos en la enseñanza de las ciencias y en la formación de investigadores pues, con frecuencia, se enseña a hacer ciencia siguiendo recetas metodológicas, eludiendo el fomento de la imaginación y el aprecio de las formas poéticas como potenciales detonantes de ideas científicas.

La ciencia es primariamente un vigoroso acto de la imaginación, y por ello tiene bordes que la acercan a la poesía y a otras acciones imaginativas. Al igual que la poesía, tiene sus normas y su disciplina. Como en los cuentos de hadas debe estar siempre abierta al misterio, a lo inesperado, al mensaje cifrado.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

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