Algo oscuro ha pasado por el cielo de México.

 Está herida la tierra

Y en los labios del viento 

Silba el agudo filo de antigua profecía.

Aurora Reyes, Hombre de México.

 

El mundo emergente en el Siglo XXI es un escenario bélico, afirma el escritor y analista Sergio González Rodríguez; ya sea por las tensiones sociales que estragan a las sociedades urbanas de todo el planeta o por el surgimiento de conflictos diversos, cada vez  más se impone una nueva cosmovisión como forma de gobierno global. En su reciente libro, Campo de guerra, González Rodríguez analiza la tendencia geopolítica encabezada por Estados Unidos que, con el pretexto de combatir el terrorismo en el mundo, ha impuesto el control y la vigilancia a partir de plataformas militares, y ha impulsado el orden paulatino de grandes corporaciones transnacionales, cuya sinergia en el espionaje absoluto se ha revelado en los últimos tiempos.

            El modelo de control y vigilancia fue insertado en la comunidad internacional mediante la ideología ultraliberal, la apertura de los mercados, la economía globalizada y las sociedades de información.

De tal manera que gran parte del mundo se ha convertido en el teatro de operaciones bélicas –en un campo de guerra- donde se entrecruzan la vida de las personas, la geopolítica, la estrategia de guerra, las aplicaciones del arte y la cultura y el control y vigilancia de las colectividades.

La nave de la espuma / Hace viajes de alarma entre azules y grises./ Inmóviles metales/ conspiran en las sombras / Batallones de árboles manifiestan sus brazos/ La noche vigilante se apresta para el alba.

En las comunidades urbanas, ya dominantes en el planeta por primera vez en la historia humana, se ha implantado una política cosmopolita que fusiona una visión integral y al mismo tiempo cada vez más precisa de las cosas y los seres humanos, que tienden a ser vistos como unidades digitales insertas en redes y sistemas tecnológicos –afirma González. Y continúa: “El concepto de campo de guerra abarca y penetra todo, desde la escala molecular de la ingeniería genética y la nanotecnología hasta los sitios, espacios y experiencias cotidianos de la vida urbana, las esferas planetarias del espacio tangible y el ciberesapcio inmaterial de alcance global. El horizonte para México indica la normalización de la violencia comunitaria, el fortalecimiento del Estado represivo y la implantación de la máquina de guerra como resultado del estatus de ser traspatio de EE.UU. En otras países, el fortalecimiento militar y policial generalizado reformula también a las sociedades. Ya se sabe: en situaciones bélicas, la primera víctima es la verdad…”

Así, bajo la ideología de la integración y la cooperación binacionales entre EE.UU. y México, ha prosperado el desmantelamiento del concepto de soberanía, un fundamento constitucional de México. En los hechos, EE.UU. busca la absorción de recursos naturales, energéticos y humanos de México para fortalecer sus intereses geopolíticos a cambio del financiamiento, la asesoría y la vigilancia que sirven para realizar el proceso absorbente.

Envolverán en dólares tus huesos/ Y en humo celofán tu joven aire. Escucha cómo crecen/ las tinieblas del odio,/ Oye cómo caminan los desiertos del hambre,/ Cómo construye/ firmes paraísos la fiebre/ Y murmura cuchillos la prisión de la sangre.

González Rodríguez sostiene que el narcotráfico y el resto de sus industrias criminales son el pretexto para la geopolítica  estadounidense de carácter integral hacia el siglo XXI, que consiste en la aplicación de dos nociones de estrategia militar al mundo civil: comando y control por las vías de la doctrina, la organización, el entrenamiento y –ojo- la educación. Y en el eje de todo se encuentra la tecnología.

Todo ello conducente a lo que González Rodríguez denomina la era del transhumanismo planetario, caracterizado “por la incorporación de seres humanos como una parte del gran sistema tecnológico-militar que permitirá ir más allá de los límites convencionales, desde la biología hasta lo social, que la especie ha mantenido durante miles de años. El proyecto transhumanista está vinculado a la aspiración ya no de bienestar colectivo sino de la supremacía de quienes lo encabezan, poseen y administran. Los riesgos están a la vista: cada vez más, los Estados-nación son incapaces de comprender la gran transformación encubierta en el modelo de control y vigilancia mediante la estrategia de desplazar la presencia de la persona para instalar la hegemonía creciente del dios bicéfalo de la técnica y el dinero como eje del mundo programable hacia el futuro a través de los aparatos. El nuevo ‘orden mundial’: gobierno y cultura unánimes a cargo de élites militares, corporativas, financieras supranacionales y su prole de burócratas y sirvientes que defienden el mito del crecimiento incesante de la economía como panacea universal, el exterminio de los recursos naturales y energéticos, la explotación de las personas por el trabajo y el ocio, el ataque a la soberanía de las Estados-nación, etcétera.”

Y es este el campo de guerra en que se inscribe la educación en el presente. Por lo que, para comprender a cabalidad las contradicciones en que se desenvuelven los procesos educativos en México es necesario admitir que la nación se ubica en este escenario bélico. No de otra manera podrá entenderse la mal llamada reforma educativa ni los  cada vez más agudos conflictos en que se debate el gremio magisterial, por ejemplo.

Ven a ver cómo lloran las escuelas./ ¡Que cielos de amargura filtran las vecindades!/ Las mujeres con alma de montaña/ Amasan en su rostro silencios vegetales.

Por ejemplo, la llamada reforma educativa –inscrita en este contexto- tiene claramente el propósito de incrementar los controles sobre los maestros, a través por una parte de mecanismos de control laboral, que extienden el otro control –implantado desde hace años por instrucciones de la OCDE y el Banco Mundial- basado en un conjunto de seudo evaluaciones (la prueba ENLACE, la Carrera Magisterial, los premios a la productividad en el nivel de la educación superior, etcétera).

El horizonte ahoga un paisaje de alas / Ceñido en ondulantes anillos de serpiente./ Águila deshojada! /Un sueño de poetas llora un sueño de héroes./ Algo ha sabido el agua de litorales libres;/ La nave de la espuma / Hace viajes de alarma entre azules y grises./ Inmóviles metales conspiran en las sombras /Batallones de árboles manifiestan sus brazos/ La noche vigilante se apresta para el alba.

A este embate responden los maestros con energía, situándose entonces la confrontación en la arena política, en el campo de la guerra de clases.

A lo anterior debe añadirse que el proyecto hegemónico no se limita al establecimiento de controles laborales sino que se extiende también al ámbito de los paradigmas educativos. Consideremos, de entrada, la imposición de los “modelos educativos” basados en ‘competencias’ que en nuestro país se presentan como la gran novedad cuando en verdad éstos se han implantado desde hace casi veinte años en otras naciones.

          Por ejemplo, en un artículo publicado hace varios años se dice con respecto a estos ‘modelos’ que no existe una definición universalmente aceptada de lo que constituye una ‘competencia’, lo cual no obsta para que la acepción conductista del término sea la que prevalezca. Señalan los autores de ese trabajo que “la cuestión inmediata que hay que preguntarle al movimiento de la competencia es por qué este enfoque ha sido adoptado y promovido por ciertas agencias para determinados propósitos frente a otros. En este sentido, vamos a situar la cuestión en el contexto de las políticas para sugerir que este modelo es el que mejor se ajusta para cumplir con unos objetivos políticos determinados, y que este hecho ha favorecido su apoyo antes que la propia viabilidad intrínseca del modelo. El problema consiste, esencialmente, en que esas características que constituyen una virtud para una política determinada (la clara y simple operación de desagregar las “habilidades” y los estándares mensurables de una actuación o de un desempeño) son criticables desde un punto de vista teórico y metodológico. Cualquier intento de fortalecer este modelo o enfoque moviéndolo hacia una perspectiva holística o relacional lo inhabilita como instrumento político.” (Lynn Jones y Rob Moore: La apropiación del significado de competencia: el movimiento de la competencia, la Nueva Derecha y el proyecto de “cambio cultural”. Profesorado, revista de curriculum y formación del profesorado. http://www.ugr.es/local/recfpro/rev123ART7.pdf)

                      

En resumen, la educación es también un campo de guerra en la que se pelean no solamente posiciones políticas, sino que se confrontan también distintas concepciones sobre la educación misma, correspondiendo a distintas posiciones políticas e ideológicas. Pues como bien apunta González Rodríguez: “La idea de control y vigilancia dentro y más allá del Estado-nación ha traído consigo una lógica que abarca desde la cultura popular hasta la industria del entretenimiento, la producción industrial, la guerra y el diseño de armamentos de uso humano o automatizados…Contra tal pulsión se imponen la acción política, las soluciones pacifistas… para lo cual es imprescindible recuperar la legalidad sustancial y el sentido de los límites y la defensa de las diferencias en una comprensión geográfica equitativa y bajo consideraciones democráticas del espacio urbano, de lo público y lo privado… En particular debe avanzarse en hacer visible lo invisible que subyace en esos usos, en discutir en público los fundamentos de los asuntos militares en el espacio urbano, su mandato coactivo y violento, los privilegios que en tal estrategia favorecen a los poderosos, así como deben acentuarse las políticas para desvelar, denunciar, contener y resistir, a través del arte, las aplicaciones alternas de la cartografía o el activismo social, dicha visión militarista y sus extensiones imperiales en la vida civil.” (Sergio González Rodríguez: Campo de guerra. Editorial Anagrama, 2014)

Por la palabra “Tierra”, Por la voz “Libertad”,/ Por los dioses de elote del cañaveral./ México, abre los brazos, ¡crécelos! / Acoge nuestra voz. ¡Recíbela! ¡Levántala!/ Y coloca tu cifra de justicia/ En el cielo más alto del amor./ Abre tu antiguo rostro golpeado de infinito, / El volcán de tu entraña, / Tu potencia de abismo azul. / Alcanza los contornos/ morenos de la raza, / Desnuda las tinieblas, / Multiplica las flechas de la luz. / Crece los brazos, ¡crécelos mas!/ Y en un himno de cumbres liberadas que crispe el huracán. / Irrumpan el espacio de la Indoamérica / Las palomas de azúcar de la paz./ Ven a cumplir tu entero destino, sombra clara; / Te invocamos anónimo y auténtico, / Hermano del ayer y del mañana ¡Surge ya!,/  ¡Hombre de México!

(Los versos intercalados en el texto forman parte del poema Hombre de México, de Aurora Reyes, dedicado al general Lázaro Cárdenas del Río.)

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