La mayor tormenta solar registrada hasta el momento fue el 2 de septiembre 1859

La interacción del viento solar con la magnetosfera de la Tierra- NASA


Según la NASA, la mayor tormenta solar registrada hasta el momento tuvo su mayor intensidad el 2 de septiembre 1859 y es conocida también como Llamarada de Carrington por el astrónomo inglés Richard Carrington, primero en observarla.

A partir del 28 de agosto, aparecieron numerosas manchas solares y en la Tierra se observaron auroras boreales que llegaban hasta el norte de Colombia. Y el 2 de septiembre se declararon numerosas áreas con llamaradas.

El 1 de septiembre el Sol emitió una inmensa llamarada. Sólo diecisiete horas y cuarenta minutos después, la eyección llegó a la Tierra con partículas de carga magnética muy intensa. El campo magnético terrestre se deformó completamente y esto permitió la entrada de partículas solares hasta la alta atmósfera, donde provocaron extensas auroras boreales e interrupciones en las redes de telégrafo en toda Europa y América del Norte, que entonces estaba todavía muy poco desarrollado; los cables del telégrafo sufrieron cortes y cortocircuitos que provocaron numerosos incendios.

Igualmente todos los pocos aparatos eléctricos que existían en esa época dejaron de funcionar.

Los primeros indicios de este incidente se detectaron el 28 de agosto de 1859 cuando se vieron auroras boreales, intensas cortinas de luz, por todo Norte América, desde Maine hasta Florida. También se observaron auroras en zonas de latitud media, como Roma o Madrid  incluso en zonas de baja latitud como La Habana, las islas Hawái y hasta en la ciudad de Montería,​ en Colombia, entre otras. En Cuba los capitanes de barco registraron en los cuadernos de bitácora la aparición de luces cobrizas cerca del cenit.

El nombre de la Llamarada de Carrington se le dio por que este científico fue el primero que la identificó. Estaba elaborando unos bocetos de un grupo de manchas solares el jueves primero de septiembre, debido a la dimensión de las regiones oscuras, cuando, a las 11:18, se dio cuenta de un intenso estallido de luz blanca que parecía salir de dos puntos del grupo de manchas. Quiso compartir el espectáculo con alguien pero no había nadie más en el observatorio. Diecisiete horas más tarde una segunda oleada de auroras boreales convirtió la noche en día, desde Norte América hasta Colombia.

Un par de ejemplos que ilustran la magnitud de este fenómeno: se podía leer el periódico bajo la luz entre roja y verdosa de las auroras, mientras que los mineros buscadores de oro de las Montañas Rocosas (EEUU) se levantaron y desayunaron de madrugada, creyendo que el Sol salía detrás de una cortina de nubes.

Según los registros obtenidos de las muestras de hielo una llamarada solar de esta magnitud no se ha producido en los últimos 500 años, aunque se producen tormentas solares relativamente fuertes cada cincuenta años, la última el 13 de noviembre de 1960.

 

Las Causas de la Llamarada de Carrington

La gran tormenta de 1859 fue precedida de la aparición, en el Sol, de un grupo numeroso de manchas solares cercanas al ecuador solar, casi en el momento de máxima actividad del ciclo solar, de una magnitud tan grande que se podían ver a simple vista, con una protección adecuada.

La tormenta solar tuvo un gran impacto en la Tierra también porque en el momento de la eyección de masa coronal el grupo de manchas estaba frente a la Tierra, y cuando la materia coronal llega a la órbita terrestre abarca una extensión de 50 millones de kilómetros, miles de veces la dimensión de la Tierra.

La intensa llamarada de 1859 liberó dos eyecciones de materia coronal: la primera tardó entre 40 y 60 horas para llegar a la Tierra (tiempo habitual) mientras la segunda, liberada por el Sol antes de que se llenase el vacío dejado por la primera, solamente tardó unas 17 horas para llegar a la Tierra. La primera eyección iba acompañada de un intenso campo magnético helicoidal, según los datos de los magnetómetros de la época. Esta primera etapa quedó registrada en los magnetómetros de superficie como un inicio brusco de actividad, pero no tuvo otros efectos. Al principio apuntaba al norte, pero después de 15 h en lugar de reforzar el campo terrestre se oponía al campo mencionado. Esta oposición liberó gran cantidad de energía, que comenzó a interrumpir las comunicaciones telegráficas y formar auroras boreales, hasta pasados uno o dos días, en que, una vez que el plasma pasó más allá de la Tierra, dejó que el campo magnético de la Tierra volviese a la normalidad.

La llamarada de Carrington del primero de septiembre debió tener temperaturas de 50 megakelvin, por lo que es probable que no sólo emitiera radiación visible, sino también radiación gamma y rayos X.

En el momento del impacto con la Tierra de la segunda llamarada el campo magnético del plasma apuntaba hacia el sur, con lo que el caos geomagnético no tardó en manifestarse: la magnetosferaterrestre que suele estar a unos 60,000 kms de la Tierra fue comprimido hasta llegar a unos 7000, hasta alcanzar, quizá, la estratosfera. Cuando el cinturón de radiación de Van Allen desapareció temporalmente, gran cantidad de protones y electrones se descargaron hacia la atmósfera, lo que podría haber sido la causa de las auroras boreales observadas.

Aurora boreal desde Tromsø, Noruega

Aurora boreal desde Tromsø, Noruega

La intensidad de las llamaradas solares se clasifica con letras, A, B, C, M y X, seguidas de un número en una escala del 1 al 9.

 

Si quieres conocer la actividad solar, visita la página del Observatorio de Dinámica Solar de la NASA.

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