Imagen del libro "Descripción de un nuevo arte de destilar", de Johan Rudolph Glauber

Imagen del libro “Descripción de un nuevo arte de destilar”, de Johan Rudolph Glauber


Johann Rudolph Glauber nació el 10 de marzo de 1604 en Karlstadt, Alemania, pero su presencia es hoy plena en cada día de nuestras vidas, pues los descubrimientos que hizo de las propiedades industriales y medicinales de algunos minerales, siguen vigentes.

Johann Rudolph Glauber desarrolló el sulfato sódico, que es componente esencial en los detergentes en polvo, aunque también se encuentra en las aguas minerales; de hecho en estas fue en donde descubrió la que llamó originalmente sal mirabile (sulfato sódico decahidratado), conocido hoy día como sal de Glauber.

Glauber se prepara desde muy temprana edad en lo que será en un futuro su oficio como “boticario” y constructor de espejos. Vive y trabaja durante los primeros años de su carrera en diferentes ciudades de Europa, primero visita Viena (1625), luego Salzburgo, trabaja en Gießen, Wertheim (1649-1651), Kitzingen (1651), Basilea, París, Fráncfort, Colonia y finalmente en Ámsterdam (en los periodos de tiempo que abarcan desde 1640 hasta 1644 y 1646-1649, fijando residencia finalmente a partir de 1656). En 1644 Glauber recibe el cargo de director de la botica real de Gießen. Glauber se separa de su primera mujer, alegando infidelidad. Se casa en el año 1641 con Helena Cornelius, con la que tiene ocho hijos. En 1656 se afinca definitivamente en la ciudad de Ámsterdam, ejerciendo allí de “boticario”.

En sus primeros años, Glauber vivió en Viena y después en distintos lugares del valle del Rin. En algún momento de este periodo de tiempo se dio cuenta de que se podía obtener ácido clorhídrico de la reacción del ácido sulfúrico con la sal común (cloruro sódico). Este era el método más conveniente hasta entonces descubierto para la fabricación del ácido clorhídrico, aunque en realidad Glauber se interesó más por el residuo (hoy llamado sulfato de sodio).

Glauber profundizó en el estudio de esta sustancia notando su efecto como laxante. Su acción es suave y a lo largo de la historia siempre hubo gente que daba gran valor al hecho de soltarse el vientre. Glauber, apasionado con su descubrimiento, lo llamó sal mirabile («sal maravillosa») y lo anunciaba como remedio para todo en los últimos años. Creyó que incluso le había curado el tifus en una ocasión.

De formación autodidacta, llegó a poseer notables conocimientos teóricos y experimentales sobre alquimia, química, física, farmacia y geología.

Se cree que fue también el primero que sospechó la existencia del cloro; demostró los fenómenos de la composición y descomposición de los cuerpos; dio a conocer las propiedades del ácido sacado de la destilación de la madera; indicó el modo de preparar bebidas vinosas con frutas secas, y hacer aguardiente o vinagre con heces de vino, entre otros descubrimientos.

Preparó distintos compuestos con los metales entonces conocidos. Entre ellos estaba el tártaro emé­tico, una sal de antimonio de utilidad médica.

En 1648 se trasladó a Ámsterdam, donde habitó una casa que había pertenecido a un alquimista. Hizo de ella un verdadero laboratorio de química, muy moderno para aquellos tiempos, con hornos especiales y un equipo que él mismo había diseñado. Esta transformación fue como el símbolo del paso de la alquimia a la química que se daba en el siglo XV. Glauber preparaba compuestos químicos por métodos secretos y los vendía con fines medicinales. Utilizando vinagre, aceites, carbón y otras sustancias obtuvo líquidos orgánicos como la acetona y benceno. Le fue bastante bien el negocio, pues hacia el final de su vida tenía cinco o seis empleados en sus laboratorios.

Glauber se adelantó a su tiempo en su clarividencia de cómo se debían explotar los recursos naturales de un país para el mejoramiento de las condiciones de vida, publicando un libro en el que sugería el camino que Alemania debía seguir a este respecto.

Se cree pues, que Glauber aceleró la llegada de su muerte por su continuo y constante trabajo con los compuestos medicinales.

En el año 1660 cae seriamente enfermo, seguramente por la continua exposición a metales pesados relacionados con su trabajo, como el Mercurio que utilizaba para los espejos y el Arsénico y antimonio que usaba en medicinas. No llega a recuperarse, su débil salud no le permite trabajar y desde 1666 Glauber permanece en cama. Poco a poco no puede mantener ni siquiera la farmacia y de esta forma en el año 1668 vende el laboratorio y parte de su biblioteca para poder mantener a la familia.

Sus escritos más notables son: Descripción de un nuevo arte de destilar, Descripción de la naturaleza y propiedades de un pretendido disolvente universal, Manera de extraer el tártaro en gran cantidad de las heces del vino, De la manera de extraer buenos remedios de los vegetales, animales y minerales, Tratado de la medicina universal, Del purgatorio de los filósofos, y Tratado curioso sobre el uso y utilidad del vino, el trigo y la leña.

Falleció el 10 de marzo de 1670 en Ámsterdam, Holanda.

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