La ingeniería de tejidos es una de las áreas con mayor potencial dentro de la medicina regenerativa, y ésta se basa en la utilización de biomateriales bioactivos y bioabsorbibles capaces de estimular las respuestas celulares y moleculares de manera controlada, con el propósito de que actúen como soportes temporales en la reparación de tejidos dañados o faltantes.

Lo anterior lo explicó la investigadora de la UNAM, María Cristina Piña Barba, al participar en el Coloquio Veracruzano de Otoño “Los desafíos del deporte en México”, en el que ofreció la plática “Con el corazón en la mano. Reparando músculos y huesos”.

Ante docentes y alumnos interesados en conocer más a fondo los retos del desarrollo en el ámbito deportivo mexicano, la conferencista se refirió a la utilización de materiales en la confección de implantes para el cuerpo humano, “en los que son usados biomateriales como casitas celulares y que en la nueva medicina se le conoce como regenerativa o ingeniería de tejidos”.

María Cristina Piña precisó que hablar de biomateriales no es hablar de materiales empleados en la medicina, como tampoco es referirse a materiales utilizados en la elaboración de prótesis, ya que muchos de éstos nunca están en contacto con tejidos vivos.

Los biomateriales, especificó, son capaces de estar en contacto con tejidos vivos, durante un periodo de tiempo como parte del tejido, con la finalidad de complementarlo o mejorar su funcionamiento cuando forme parte de un sistema sin afectar el resto del organismo, o bien sin ser afectado por él; de ocurrir esto último, se deberá a que fue diseñado para ello, como sucede con los hilos de sutura para tejidos internos que son absorbidos por el organismo.

Con un largo trabajo de investigación en laboratorio, autora de más de 100 artículos de carácter internacional, así como de dos patentes, Piña Barba estableció que existe una diferencia entre ayuda y regeneración, siendo que en esta última se regenera el órgano tal cual, en tanto la ayuda posiblemente cause cicatrices y no logre su objetivo al 100 por ciento.

La investigadora de la UNAM también hizo alusión a la importancia que tiene el cuidado de los huesos del cuerpo humano, mencionó que es el único tejido en el organismo compuesto por una parte orgánica y otra mineral que constituye una cerámica conocida como hidroxiapatita, la cual tarda miles de años en desaparecer y es por ello que existen vestigios de muchas culturas. “Lo único que queda es el hueso, no queda nada orgánico, lo que queda es inorgánico y es una cerámica”, indicó.

Destacó que en el deporte se dan varios tipos de fractura y que ésta va de acuerdo a la carga o fuerza que se le aplique; apuntó que puede ser de tensión (cuando se está jalando), compresión (cuando se aprieta), de flexión (cuando se mueve) y por torsión, que a su vez puede presentar fracturas oblicua, mariposa o espiral.

Antes de concluir su intervención, María Cristina Piña expresó que la reparación del cuerpo humano tiene dos vías o aproximaciones para realizarlas: la biónica, que utiliza materiales de primera y segunda generación para la fabricación de implantes útiles para todas las especialidades clínicas; y la de medicina regenerativa, que incluye tanto terapia celular como ingeniería de tejidos, utilizando para ello materiales de tercera generación.

Para cerrar su charla, que estuvo salpicada de hechos anecdóticos que la hicieron amena, la investigadora asentó: “Si después de los 50 años no les duele algo es que están muertos, pero sería fantástico llegar a lo que tengamos que llegar sin dolor”.

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