“Ante la cantidad de ratas que acechan esos puestos, solo un gato podrá poner orden”

Morris, candigato a la alcaldía de Xalapa

Ni el candigato Morris, ni el perro Titán, ni el burro Chon, en caso de que ganen, serán el primer animal en tener un puesto de poder entre los humanos.

El caso más antiguo es el del caballo Incitatus, del emperador romano Cayo César o Calígula (37-41 DC). Calígula otorgó a Incitatus el título de Cónsul de Bitinia. Este hecho ha sido tradicionalmente interpretado como fruto de la demencia del emperador, pero la actitud servilista y pusilánime de los senadores del reinado de Calígula bien pudiera haber influido en dicho nombramiento, volviéndolo un hecho irónico que denotaría el sarcástico desprecio de Calígula hacia las instituciones públicas del Imperio.

El corcel de carreras reposaba en una caballeriza de mármol con pesebres de marfil para su uso exclusivo, tenía una villa con jardines y 18 sirvientes para su cuidado personal. Dormía con mantas de color púrpura (el tinte más caro en la Antigua Roma, reservado a la familia imperial) y llevaba collares de piedras preciosas.

Calígula e Incitatus

Hoy algunos de los animales que andan tras el poder humano son: el candigato Morris, lo presentan como un felino que aspira a “sacar a las ratas” que asechan la alcaldía de Xalapa, en Veracruz; Titán, es un canino que presume que, como todo buen perro de la política sólo busca el “hueso”, y por eso quiere presidir el ayuntamiento de Oaxaca; y el asno Chon, quien afirma que en Ciudad Juárez, Chihuahua, es mejor tener un burro como presidente, que un presidente burro, “como los que abundan (sin ofender a los burros)”[1].

Para el escritor y periodista Juan Villoro, la aparición de la fauna política apunta a un desencanto ciudadano hacia los políticos tradicionales y refleja una crisis en la oferta de candidatos, que la sociedad actual manifiesta con estas irónicas postulaciones[2].

Sin embargo, el hartazgo hacia los partidos, los sistemas políticos electorales, la fallida democracia y hacia los candidatos sin arraigo ni identidad popular, no es un acontecimiento nuevo en la política, incluso, hay quienes lograron ganar las elecciones.

En 1959, en Brasil, la gente, harta de la corrupción de sus políticos, postuló a Cacareco, un famoso rinoceronte para la elección del Consejo Municipal de Sao Paulo. El cuadrúpedo obtuvo 100 mil votos que incomodaron a la clase política humana. Ganó la votación.

La idea de lanzar al animal como candidato fue del periodista Itaboraí Martins, en protesta por el bajo nivel de los otros 450 competidores. El hecho se hizo famoso y sirvió como referencia para diversos análisis de los porcentajes en Brasil de voto nulo y el llamado voto de protesta .

También en el país sudamericano, en 1988, Tiao el chimpancé fue candidato a la alcaldia de Río de Janeiro, en Brasil y quedó en tercer lugar con más de 400 mil votos. Se volvió tan famoso que la ciudad terminó dedicándole una estatua después de su muerte.

En Estados Unidos, el cerdo Pigasus recibió la nominación por un grupo de jóvenes demócratas que estaban inconformes con la elección de Hubert Humphrey como rival de Richard Nixon.

En 1998, Rabbit Hash, una pequeña localidad de Kentuchy, Estados Unidos, eligió su primer perro alcalde. Desde entonces siempre han tenido a un can como regidor honorífico. En 2008, la popular Lucy Lou, una perra de raza border collie, llegó a la presidencia tras la muerte de su predecesor, un perro llamado Junior.

El gato Tuxedo Stan se lanzó como candidato a alcalde de Halifax, Nueva Escocia, en Canadá, en las elecciones de 2012. Se registró en los comicios como miembro del partido “Tuxedo”, que buscaba mejorar las condiciones de los felinos en esta región.

En septiembre de dicho año, los integrantes del Partido Sociedad por una Nueva Bulgaria, en Vama, lanzaron como aspirante a un burro llamado Marko. Según sus seguidores, el asno, a diferencia de otros candidatos, no robaba ni mentía.

En México,  en 2009 tuvo auge la campaña de “Fidel, el candidato de la perrada”, que nació como iniciativa para fomentar el voto nulo en Jalisco.

Casi dos décadas atrás, el Burro Chon, el mismo que compite actualmente por ser edil de Ciudad Juárez, contendió con el expresidente de la República Miguel de la Madrid y el exgobernador de Chihuahua Francisco Terrazas; sin embargo, señala que su triunfo no fue reconocido. Dijo haber sido un preso político tras la votación; las autoridades le hicieron una contracampaña de desprestigio al burro: empezaron a decir que había una epidemia equina y que tal vez podría contagiarse a otros animales e incluso a las personas. Este fue el argumento con el que detuvieron a “Chon” para llevarlo a la cárcel de animales del municipio.

El caso más exitoso de un animal en la política (animal no racional), es el de Stubbs, quien llegó a la alcaldía de Talkeeta, en Alaska, en 1997, cuando sólo tenía tres meses de edad, después de que los poco más de 800 habitantes de la localidad se negaran a votar por alguno de los candidatos humanos. Desde entonces ha conservado este cargo.

Juan Villoro expuso que este fenómeno evidencia que la función del político es una de las más desacreditadas por la sociedad.

Por ello estos ejemplos del rechazo de la ciudadanía hacia los aspirantes a cargos de elección popular, ya sea por su nulo arraigo, su turbio pasado (muchos compiten por segunda, tercera y hasta cuarta vez por el mismo cargo), o su filiación a un partido que, consideran, no ha sacado a los municipios o estados de la pobreza en la que vive la mayoría de sus habitantes.


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