Huracán Patricia visto por el satélite Suominpp de la NASA a las 5:20 EDT (Hora del Este) muestra temperaturas de hasta -93 grados C en la pared del ojo

Huracán Patricia visto por el satélite Suominpp de la NASA a las 5:20 EDT (Hora del Este) muestra temperaturas de hasta -93 grados C en la pared del ojo


En agosto de 2017 el huracán Harvey empezó a generarse en las costas africanas de Cabo Verde. Siguió su alcance hasta llegar al mar Caribe y finalmente tocó tierra en Texas (EE UU) con categoría 4 a finales del mes provocando una de las mayores devastaciones que ha conocido el país norteamericano.

La explicación a este cambio es el calentamiento global que incrementará la gravedad de los ciclones tropicales más fuertes

Su desarrollo y desplazamiento fue más lento de lo habitual. De hecho, Harvey fue el huracán que se negó a partir y en cinco días dejó lluvias torrenciales de sobre Houston, Texas y el área circundante. Los niveles de los ríos aumentaron hasta niveles de récord y se produjeron graves inundaciones llevándose la vida de 89 personas y desplazando a otras 30.000.

Un equipo liderado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) revela que este fenómeno no es casual. En su estudio, publicado en la revista Nature, los científicos confirman que un ciclón tropical tarda ahora un 10% más en atravesar todo el planeta que hace 70 años. Esta desaceleración del movimiento de los huracanes y tifones se produce sobre todo sobre ciertas áreas terrestres, lo que intensifica las devastaciones.

Pero la catástrofe de Harvey también estuvo influida por una inversión de la dirección del viento, la principal fuerza que controla la velocidad de un huracán. Por esta razón, Harvey afectó a una misma región durante un período de tiempo particularmente largo. La intensidad de ciclones como Harvey, Maria o Irma ocurridos en 2017 se ve controlada por una compleja interacción de factores ambientales.

La explicación a este cambio es el calentamiento global que incrementará la gravedad de los ciclones tropicales más fuertes. Con el aumento de las temperaturas se producirán también cambios en la circulación atmosférica, que debilitarán el movimiento de los ciclones tropicales y provocarán más precipitaciones, sobre todo cerca de los centros de estos huracanes.

“La desaceleración mundial observada del 10% se produjo en un período en que el planeta se calentó en 0,5 °C, pero se necesitan más estudios para determinar cuánta desaceleración se producirá con un calentamiento continuo”, señala James Kossin, único autor del trabajo e investigador en la NOAA.

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Trayectoria del huracán Harvey en Norteamérica en agosto de 2017. / NASA

El hemisferio norte más afectado

Según el estudio, los ciclones tropicales se han desacelerado en ambos hemisferios y en cada cuenca oceánica, excepto en el océano Índico Norte. Pero, en general, los ciclones tropicales se han desacelerado más en el hemisferio norte, donde cada año ocurren más tormentas de este tipo.

El lugar donde los ciclones tropicales alcanzan la intensidad máxima se ha estado desplazando hacia los polos.

Además, los científicos han descubierto que el lugar donde los ciclones tropicales alcanzan la intensidad máxima se ha estado desplazando hacia los polos. Y, esto puede estar relacionado o incluso causar la desaceleración general.

A nivel regional, el oeste del océano Pacífico Norte ha sido el que más se ha ralentizado en un 20%, seguido por la región alrededor de Australia en un 15%. “Los ciclones tropicales sobre la tierra han disminuido un 20% en el Atlántico, un 30% en el Pacífico Norte occidental y un 19% en la región australiana. Estas tendencias aumentan las lluvias locales y las inundaciones de agua dulce, lo que se asocia con un riesgo de mortalidad muy alto”, advierte Kossin.

Para los investigadores, conocer cómo afecta un clima cambiante a los ciclones tropicales es esencial para comprender y predecir los futuros riesgos que se producirán en todo el mundo.

Referencia bibliográfica:

James P. Kossin.“A global slowdown of tropical-cyclone translation speed” Nature 558, pages104–107 6 de junio de 2018

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