MEXICO (Xinhua) — La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de su Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA), instaló el Observatorio Atmosférico Altzomoni, que opera a 4.000 metros de altura y se considera el más alto del mundo.  

     La institución dijo hoy, en un comunicado, que la estación se localiza sobre el cerro Altzomoni, en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, dentro del Parque Nacional Izta-Popo (centro del país), con la ventaja de tener una menor interferencia por vapor de agua que afecta las observaciones, sobre todo en el rango espectral del infrarrojo.

     La directora del CCA, María Amparo Martínez Arroyo, expresó que el observatorio permitirá medir con gran exactitud gases de efecto invernadero -que aumentan la temperatura del planeta- como el dióxido de carbono, el óxido nitroso, el metano y el ozono, esto es, los gases de la atmósfera alta.

     Agregó que se busca impulsar las ciencias de este campo en el país y su funcionamiento no sólo es importante para la investigación sino que proporcionará al país relevancia al incorporarse a todas las redes internacionales.

     El observatorio Altzomoni se liga al plan de creación de observatorios atmosféricos en todas las sedes de la UNAM y servirá de referencia en superficie para las mediciones satelitales , pues brindará información de gran utilidad.

     El investigador titular del Grupo de Espectroscopía y Percepción Remota del CCA y jefe del Observatorio, Michel Grutter de la Mora, explicó que van a poder determinar la composición química y propiedades físicas de la atmósfera mediante métodos ópticos.

     Dijo que la mayoría de las estaciones de este tipo están en latitudes altas, por lo que son muy escasas las observaciones en los trópicos, donde los procesos convectivos y el intercambio de gases entre la tropósfera alta y la estratósfera toman un papel relevante.

     El observatorio está ubicado entre el valle de México y el estado de Puebla.

     Grutter comentó que si hay transporte de contaminantes de una región a otra, o que incluso vengan de otros países o continentes se pueden detectar y estudiar las fuentes de emisión con mayor detalle.

     Las moléculas suspendidas en el aire, presentes en forma gaseosa, tienen movimientos libres de vibración y rotación y la capacidad de absorber radiación en frecuencias específicas de acuerdo con su estructura y propiedades químicas, explicó Grutter de la Mora.

     «Así se pueden identificar las moléculas y cuantificar su número en el paso de la radiación antes de llegar a los sensores instalados en la superficie», agregó.

     Al bióxido y monóxido de carbono y demás gases de efecto invernadero «resultado del uso de combustibles fósiles, se suman partículas suspendidas por los llamados aerosoles, lo que afecta el balance energético del planeta», expresó el científico.

     «Nos interesa medirlos, caracterizarlos, especificar cómo cambian en el tiempo y cuáles son sus tendencias para saber como afectamos la composición y ese balance, que definirá el clima de los próximos años», indicó Grutter. 

     El Observatorio Altzomoni fue posible gracias la colaboración de instituciones nacionales y extranjeras como el Institute für Meteorologie und Klimaforschung del Karlsruhe Institute für Tecnologie de Alemania, que puso gran parte del equipo.

     Otra participación importante fue la del Centro de Investigación alemán Deutsche Luft und Raumfahrt, que donó el espectrómetro de alta resolución.

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