Códice Chugüila

Códice Chugüila


En el año 2001 un coleccionista europeo contactó en Alemania a los antropólogos guatemaltecos Henry Benítez y Marco Antonio Leal, para solicitarles la interpretación del pergamino que tenía en su poder. Era el “Códice de Chugüila”, que fue encontrado en la comunidad indígena de Chichicastenango, a 220 kilómetros al oeste de Guatemala.

En la presentación del Códice Benítez y Leal mencionaron que la pieza data del año 1650 dc, ya muy expandida la conquista española, según la datación hecha con radiocarbono 14 en una universidad alemana.

Al confirmarse su autenticidad, el Chugüilá es el quinto códice maya de gran importancia que se conoce hasta ahora, junto con los de Dresde, París, Grolier y Madrid. Fue precisamente este último el que ayudó a Benítez a entender la epigrafía del más reciente descubrimiento, por las grandes semejanzas entre ambos.

El documento maya habría sido hecho por tres escribanos mayas a mediados del Siglo XVII, no muy hábiles, y está escrito sobre cuero de venado cubierto por una especie de laca, a diferencia de los códices de los periodos clásico tardío y posclásico temprano, hechos de corteza de árbol de amate. Ello indica que los autores formaban parte de un grupo que sobrevivía en condiciones difíciles a la invasión europea, varios años después de que ésta se había producido.

Y ése es precisamente uno de los valores más destacables de la pieza: demuestra que a pesar de la conquista, cuando se piensa que “la tradición cultural de Mesoamérica había muerto”, algunos núcleos indígenas seguían evolucionando.

Así, el códice “es la única muestra que hay de que el proceso de producción literaria existía y continuaba 200 años después” del arribo de los españoles, afirma Benítez. “Tenemos esa hipótesis y queremos polemizar al respecto para que se entienda que los españoles no sólo llegaron y botaron toda la cultura de golpe.”

Los grupos que siguieron haciendo escritos son los de la etnia itzá, del norte de Guatemala, en las tierras bajas mayas, región selvática que no despertó mucho interés entre los conquistadores por su aislamiento y escasa población.

De hecho, fue apenas en 1697 cuando los itzaes entraron en contacto con sacerdotes franciscanos.

Respecto al significado del códice, los investigadores consideran que habla de eventos calendáricos importantes, como cacerías de venado en ciertas temporadas. Hay alusiones a Huayeb, “mes nefasto en el calendario mesoamericano”, y aparece mucho el dios negro Ek Chuah, divinidad del comercio y del venado.

Al conjuntarse ambos elementos, “se interpreta que hay un conflicto bélico, pero todavía no identificamos quiénes están involucrados”.

Luego de analizar el documento, los antropólogos guatemaltecos concluyeron que el códice Chugüilá es sólo fragmento de una pieza mayor, y que una de las partes faltantes podría estar todavía en México.

A partir de datos ofrecidos por contactos estadunidenses, Benítez está seguro de que coleccionistas privados conservan la pieza en el país. “Ellos (los informantes) aseguran que las personas que se acercaron con estas imágenes (la supuesta parte complementaria del códice) son de México”.

Desde enero de este año “estuvimos en busca de códices para ver si existían los demás fragmentos. Si es así, podemos unirlos, como pasó con el códice Madrid o trocortesiano, que salió de México en el siglo XIX y se pudo saber que era uno solo a inicios del XX”, concluye Benítez.

Aunque no se sabe con certeza, se piensa que una parte del Chugüilá salió desde Costa Rica hacia Europa y otra se quedó en Veracruz, el centro de México o Yucatán.

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