Requiere el agua de la frontera norte una administración honesta y adecuada

Vista aérea del área metropolitana de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, donde la disponibilidad del agua seguirá siendo un factor fundamental para el desarrollo de la urbe en el futuro.


El Área Metropolitana de Monterrey (AMM) es una de las tres zonas conurbadas más importantes en México y la más grande de la cuenca del Río Bravo, con 4.5 millones de habitantes. Y aunque su naturaleza es semiárida, se las ha arreglado para tener agua todo el año a una presión constante.

La AMM aporta a la economía nacional poco menos del 8% del producto interno bruto en general, pero en ramas como la manufactura, mecánica y automotriz, entre otras, su aportación es de dos dígitos, por lo que representa para el país, y en particular para la región noreste, un motor de desarrollo económico de primer orden.

Ismael Aguilar Barajas, investigador del Departamento de Economía y del Centro del Agua para América Latina del Tecnológico de Monterrey, destaca que la AMM sin lugar a duda es importante para México. “El que Monterrey tenga o no agua no es un asunto de interés nacional, porque es un gran contribuidor a las exportaciones mexicanas, recibe muchos flujos de migración e inversión productiva, y con esas características es ejemplo de los muchos retos que existen en una zona semidesértica en continuo crecimiento poblacional y económico”, sostuvo.

El especialista en el estudio de la Cuenca del Río Bravo agregó que es seguro que la disponibilidad del agua seguirá siendo un factor fundamental para el desarrollo de la metrópoli en el futuro.

Agua en Monterrey

Nuevo León es uno de los seis estados fronterizos del norte mexicano. Colinda al norte con Coahuila, Tamaulipas y Texas (Estados Unidos), al este y al sur con San Luis Potosí, y al oeste en la convergencia de Coahuila, San Luis Potosí y Zacatecas. Surcan en esta área metropolitana múltiples ríos, arroyos y cañadas. Su principal corriente, el río Santa Catarina, nace en la parte alta de los cañones de La Huasteca en la Sierra Madre Oriental, y luego de atravesar la zona urbana de poniente a oriente, confluye con el río San Juan, el cual alimenta la presa El Cuchillo —la principal fuente de agua superficial de la zona metropolitana—.

En el límite norte de la zona urbana fluye el río Pesquería, el receptor de la mayor parte de las descargas de aguas residuales tratadas del AMM, y se une al río San Juan aguas abajo de la presa El Cuchillo. Desde ese punto, el río San Juan sigue su ruta hasta la presa Marte R. Gómez, en Tamaulipas, para desembocar finalmente en el río Bravo, en la frontera con Estados Unidos.

 

Una red compleja

Este sistema de abastecimiento de agua del AMM se enmarca en un amplio y complejo contexto regional. Su ubicación en la parte alta de la cuenca del Río San Juan expone de manera natural a la metrópoli a potenciales conflictos con los usuarios de la misma cuenca ubicados aguas abajo, en particular con el Distrito de Riego 026 Bajo Río San Juan (DR 026), uno de los grandes distritos de riego del norte del país con una extensión de 70 mil hectáreas que se localiza en Tamaulipas.

Para este sistema existe una dimensión nacional e internacional, ya que la cuenca del río San Juan es tributaria de la cuenca del Río Bravo, la cual aprovechan usuarios de agua en México (Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas) y Estados Unidos (principalmente en Texas). Por estas circunstancias han surgido conflictos —incluso severos— entre la metrópoli y otros consumidores del recurso, aunque también debe reconocerse que la organización del agua para la AMM ha generado significativos beneficios regionales.

Todos los embalses y sus correspondientes cuencas de aportación forman parte integral de la cuenca del Río Bravo, sobre la cual existe también una vigilancia internacional. Es así como el manejo conjunto de las presas que surten agua a Monterrey, El Cuchillo, Marte R. Gómez y Las Blancas cobra especial relevancia, como también el trabajo que tienen que realizar juntos la Conagua y la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA). Es necesario subrayar que el río San Juan es un tributario del río Bravo y, por ende, queda vinculado con este entorno regional.

La presa El Cuchillo está en el centro del abasto de agua a Monterrey y para cubrir las necesidades de riego del DR 026. Sin embargo, una parte del agua usada en la agricultura en el distrito proviene del sistema de presas internacionales Amistad-Falcón — que México y Estados Unidos administran conjuntamente—, y otra parte proviene de la presa Marte R. Gómez, la cual recibe agua de El Cuchillo. En este sentido y en términos funcionales, la agenda del agua metropolitana tiene vínculos con la gestión binacional del agua, pero a menudo éstos no son considerados cabalmente, por tal razón no es casualidad que el Organismo de Cuenca Río Bravo-Conagua tenga su sede en Monterrey.

Es oportuno aclarar que, si bien se tiene esta vertiente binacional como marco, el Acuerdo de 1944 firmado por México y Estados Unidos no contempla las aguas de la cuenca del río San Juan como corrientes tributarias para las entregas de agua de México al vecino país del norte. De otro modo, se habrían multiplicado las complejidades que se han observado en poco más de 20 años —desde el establecimiento del Consejo de Cuenca del Río Bravo en 1993 y en los acuerdos de 1996 sobre la administración de las aguas en la cuenca del rio San Juan y en torno a El Cuchillo, en particular—. A la fecha y pese a los avances, no se cuenta aún con un reglamento operativo para la administración de las aguas en la cuenca.

Este es el tipo de escala geográfica, más allá de una cuestión local, en el que se enmarca el abasto de agua al AMM. En síntesis, la administración del agua desde esta perspectiva más amplia incluye distintas dimensiones, como la geográfica, ingenieril, económica, ambiental, política y jurídica. Por supuesto, lo anterior se encuadra en el uso eficiente y responsable que se haga de los recursos disponibles en la cuenca del San Juan y en su interrelación con otras cuencas.

El futuro y el cambio climático

Sobre lo que le espera a esta parte baja de la cuenca con los efectos del cambio climático, Ismael Aguilar Barajas dijo que la región no será más húmeda, sino más seca, más extremosa. “Con y sin cambio climático hay una necesidad clara y urgente de adaptarse”, subrayó. En todo caso, los escenarios de cambio climático complicarían la política, lo que lleva a un urgente análisis de riesgo y vulnerabilidad.

El especialista en temas de economía y agua en la frontera norte de México advirtió que poco se podrá hacer a menos que los países incorporen en sus sistemas de gobierno local a instituciones que motiven el ejercicio de la prevención, creatividad, esfuerzo y prudencia, ingredientes clave de un buen gobierno en cualquier parte, y una administración ética y adecuada en la frontera.

Ismael Aguilar Barajas hizo este análisis sobre el agua en la frontera norte durante su participación en el taller binacional Mejorar la sostenibilidad en las zonas áridas transfronterizas Estados Unidos-México, organizado por las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos y México, en mayo pasado en San Luis Potosí.

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