Este es el libro número 76 de Ruy Pérez Tamayo, Diez razones para ser científico, y decidió dedicarlo a la juventud para promover el interés en el quehacer científico, porque además: “La ciencia es la fuente de la juventud porque como está en constante cambio te obliga a actualizarte y reinventarte todo el tiempo”.

         “Hacer siempre lo que me gusta, no envejecer, siempre estar contento y no tener horario de trabajo, son algunos de los motivos que enuncio en mi libro, que surgió por una solicitud para explicar a jóvenes de secundaria por qué ser científico; en él comparto experiencias que he vivido en mis andanzas como investigador”, agregó.

         En la presentación de su libro realizada en Xalapa, destacó que en México hay menos de un científico por cada 10 mil habitantes, contrastando con países como Japón donde hay 70 científicos por cada 10 mil habitantes. Esta situación se debe a que el Estado mexicano vive una crisis educativa en todos los niveles.

El Ágora de la Ciudad fue la sede del evento y donde el autor estuvo acompañado por Víctor Manuel Alcaraz y Asdrúbal Flores, moderados por Ernesto Rodríguez Luna.

          Para iniciar la presentación del texto editado por el Fondo de Cutura Económica, Rodríguez Luna hizo una semblanza de la trayectoria académica del autor del libro y resaltó su labor como divulgador de la ciencia.

         En su oportunidad, Víctor Manuel Alcaraz destacó que la publicación sobresale por estar dedicada a la promoción del quehacer científico en la juventud que hoy en día está cada vez más alejada de la ciencia.

“Por lo general los jóvenes no consideran dedicarse a la investigación científica debido a estereotipos muy comunes surgidos de una laguna formativa de nuestros sistemas de educación, que traen como consecuencia la ejecución de grandes errores frente a nosotros mismos y frente a la naturaleza que nos rodea. Sin ir más lejos, basta con ver la depredación de nuestros recursos naturales y la forma inadecuada de tratar muchos problemas, pues si aprovecháramos los conocimientos actuales derivados de la investigación realizada en los laboratorios y trabajos de campo, no osaríamos en incurrir”, explicó.

         Abundó que es en este contexto que el libro de Pérez Tamayo mueve a una curiosidad científica que quedará ampliamente satisfecha al adentrarse en sus páginas y encontrar en ellas la forma en que trabajan los hombres de ciencia.

         En tanto Asdrúbal Flores hizo hincapié en que el libro de Pérez Tamayo ofrece en un lenguaje ameno un panorama amplio del quehacer científico. “No decir mentiras, no ocultar verdades, no apartarse de la verdad y aprender de los errores por nosotros mismos y a partir de los demás”, son algunas de los consejos que advertimos en el libro de Pérez Tamayo, señaló Flores.

         En el texto, entre las 10 razones que enumera el destacado histólogo para convertirse en científico, están: “Para hacer siempre lo que me gusta”; “Para no tener horario de trabajo”; “Para estar siempre bien contento” y “Para no envejecer”.

         La narración nos lleva desde la historia familiar antes de su nacimiento, pasando por los momentos en que comenzó sus primeros experimentos y lo que vivió al ingresar por primera vez a un laboratorio.

         “El placer del descubrimiento”, como lo define, fue una vivencia que ocurrió recién ingresado a la carrera de medicina y le llevó a más emociones.

         “De las tres nuevas emociones que experimenté en el breve lapso de una semana, que fueron el placer del descubrimiento, la tragedia del fracaso, y la inquietud y ansiedad ante lo incierto, la que me ha acompañado con más frecuencia en mis andanzas de investigador ha sido esta última”, comenta en la página 31.

         Con un estilo claro, sencillo y accesible a todo público, Pérez Tamayo amplía su tarea de divulgador y crítico de la ciencia al resaltar la importancia de formar más científicos, despertando y encauzando el interés de los jóvenes al igual que su curiosidad.

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