Petrogramados de Las Labradas, en Sinaloa, México. Algunos pudieron tener fines astronómicos- Mauricio Marat, INAH

Petrogramados de Las Labradas, en Sinaloa, México. Algunos pudieron tener fines astronómicos- Mauricio Marat, INAH


Las Labradas, sitio del estado de Sinaloa, con más de 600 petrograbados, fue declarado como Zona de Monumentos Arqueológicos, según decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación, medida que sienta un precedente legal importante para la protección de este tipo de patrimonio cultural de la nación.

Localizado a escasos 40 minutos de Mazatlán, este lugar también representa la primera zona de monumentos declarada en Sinaloa. Hallado sobre la línea de playa y a menudo bañado por el mar, destaca un agrupamiento de rocas volcánicas —distribuidas en un área de 340 metros de longitud— sobre las que fueron talladas aproximadamente 640 grabados, algunos de los cuales incluso podrían datar del periodo Arcaico y tener al menos 4,000 años de antigüedad.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), a través de su delegación en Sinaloa, ha impulsado desde 2003 un proyecto de investigación en Las labradas para ampliar el conocimiento de la misma, esto conllevó la traza de la poligonal de protección, base para su reciente declaratoria.

Más de 17 hectáreas que comprenden la zona arqueológica —localizada cerca del poblado La Chicayota, en el municipio de San Ignacio—, quedan protegidas a partir de su declaratoria y publicación, el pasado 30 de noviembre, del decreto presidencial. Este aval significa también un impulso para su pronta visita pública, de manera que el INAH trabaja actualmente para dotarla de una unidad de servicios.

A la altura del kilómetro 51 de la Autopista Mazatlán-Culiacán, Las Labradas se conforma de varios conjuntos de grabados rupestres; percusiones en piedra que después de ser pulidas por antiguos habitantes, generaron figuras en bajorrelieve de tipo zoomorfo y antropomorfo, así como gran cantidad de diseños con características geométricas: puntos, círculos, cruces y rectángulos.

Aunque la datación de estos contextos arqueológicos es difícil, para Joel Santos Ramírez, investigador del Centro INAH-Sinaloa, quien ha dirigido los estudios en el sitio, estas representaciones podrían simbolizar la cosmovisión de antiguos pueblos que habitaron la región y que se desarrollaron de manera independiente de los grupos sedentarios que ocuparon el hoy territorio sinaloense, a partir del año 700 d.C.

Estos grupos, dijo, acudían a Las Labradas exclusivamente para desarrollar este arte rupestre como si se tratase de un santuario, pues debido a su inmediatez con el mar, para ellos resultaba imposible asentarse permanentemente debido a la inexistencia de fuentes cercanas de agua potable y a las temperaturas extremas.

Excavaciones efectuadas en 2010 y 2012, en sitios aledaños a Las Labradas, entre ellos el llamado “La flor del océano” (en lo que fue la desembocadura del arroyo La Chicayota), indican que si bien existió ocupación de la región entre 700 y 1250 d.C., que fue la época prehispánica más “visible en Sinaloa”, también la hubo desde el periodo Arcaico, es decir, previo al comienzo de la agricultura en Mesoamérica.

“Al excavar en estratos inferiores encontramos materiales líticos que corresponden al periodo Arcaico, hablamos de una colección considerable de puntas de proyectil, cuchillos, navajillas y lascas, todo esto sin cerámica asociada. Antes de estos descubrimientos, en Nayarit solo se habían reportado evidencias de industria lítica del Arcaico, fechadas para el año 2500 antes de Cristo”, explicó el arqueólogo.

“Estamos ante vestigios, para el caso de Sinaloa, de asentamientos —de manera conservadora— de los años 3000 al 2500 antes de Cristo. Parece que desde ese entonces ya había grupos culturales desarrollando un arte rupestre, como lo apuntan algunos diseños en Las labradas: personas cazando con flechas y símbolos como las espirales y círculos concéntricos, que podrían corresponder a esa temporalidad”, explicó Joel Santos.

Algunos de los petrograbados de Las Labradas también pudieron funcionar como marcadores astronómicos. Las investigaciones futuras se enfocarán en corroborar su relación con los solsticios de verano e invierno, dada la ubicación privilegiada de esta zona arqueológica con respecto a la línea del Trópico de Cáncer que se halla a 30 kilómetros al sur.

“Todo esto nos hace entender porqué este sitio cobró una importancia particular desde épocas antiguas y de ahí la necesidad de su protección”, expresó el investigador del Centro INAH-Sinaloa.

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