Gases de efecto invernadero

Gases de efecto invernadero


Desde 2000 las emisiones de gases de efecto invernadero han crecido una gigatonelada por año debido a la crisis mundial, pero es previsible que la recuperación de la economía eleve esos niveles, advirtió el doctor Rajendra Pachauri, quien como presidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, recibió el Premio Nobel de la Paz en 2007.

 

Al dictar la conferencia magistral Raising awareness about the seriousness of climate change, en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el experto señaló que “vivimos tiempos muy difíciles” y la preocupación se agudiza porque cinco lustros después de haberse instalado la Convención Marco de las Naciones Unidas en 1992, la generación de dichos gases continúa en aumento.

 

El también presidente ejecutivo y fundador de la asociación Protect our Planet Movement expuso que en 2000 fueron emitidas a la atmósfera 39 gigatoneladas y la cifra subió a 49 una década después.

 

Si bien los últimos tres años han sido relativamente estables “estamos en una ruta que nos lleva a emisiones muy altas”, lo cual resulta inquietante.

 

Otra circunstancia que debe ocupar la atención mundial es que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, niega el fenómeno del calentamiento de la Tierra e incluso “llega al punto de decir que se trata de una conspiración de los chinos”.

 

No obstante que existe una acción inadecuada en el plano internacional para lidiar con este problema y la mayor potencia es liderada por un personaje que “quiere que retrocedamos” en este esfuerzo, hay estados de Estados Unidos como California que están haciendo un trabajo notable en el tema y países como México que podrían convertirse en líderes en este campo.

 

El especialista recomendó a la nación promover el desarrollo sustentable y encabezar la batalla contra el cambio climático, ya que México cree en la protección de la naturaleza y es vecino de Estados Unidos.

“Si ustedes hacen algo significativo en este sentido, esto resaltará y se verá el contraste con la situación estadounidense”.

 

El doctor Pachauri sostuvo que en la lucha por detener ese fenómeno los jóvenes juegan un papel central, porque “sus mentes no han sido contaminadas como las nuestras” y aún están dispuestos a realizar ajustes en sus valores, pensamientos y actitudes para propiciar una transformación, además de que son las nuevas generaciones las que sufrirían los riesgos y los impactos ambientales.

 

La influencia humana en el calentamiento global es “algo claro” y hay evidencia científica de que la actividad de la población es la principal causa del problema, por lo que “mientras más dañemos nuestro clima, más nos arriesgamos a sufrir secuelas graves”, muchas de ellas irreversibles.

 

Un ejemplo de lo anterior es que el incremento del nivel del mar registrado en las últimas décadas “es un hecho inalterable con el que tenemos que vivir” y si aumenta un metro “entonces ya se habrá cambiado la geografía del planeta, porque Bangladesh o Florida, en Estados Unidos, quedarían bajo el agua y éste “también sería un impacto definitivo” del ambiente.

 

Por fortuna existen los medios para poder limitar el problema y de esta manera construir un futuro más próspero y sostenible.

 

El investigador reconoció el esfuerzo de la Unidad Cuajimalpa por subrayar la importancia del tema y enfatizar la relevancia de ofrecer soluciones. “Efectivamente no queremos que nadie se sienta desesperanzado porque está dentro de nuestras capacidades el reducir los riesgos” de este fenómeno.

 

Desde la década de los cincuenta del siglo pasado hay un incremento drástico en la tendencia hacia el calentamiento, por lo que si las cosas se siguen haciendo como hasta ahora la temperatura global para finales de siglo llegará a los 4° centígrados, “lo que haría al planeta por completo inhabitable, porque con el consecuente acrecentamiento en el nivel del mar no sería posible mantener los recursos de los que nos hemos beneficiado”.

 

El doctor Pachauri dijo que para lograr emisiones casi cero o incluso negativas a finales de siglo se tendrían que desarrollar tecnologías de captura y de almacenamiento de carbono, además de hacer un uso más eficiente de la energía, reducir la deforestación y modificar nuestros estilos de vida. Hasta ahora todo el mundo ha avanzado en la dirección equivocada “y por ello necesitamos modificarla”.