Un medicamento homeopático cubano contra el cáncer, producido a partir del veneno de escorpión, ha beneficiado hasta ahora a más de 65.000 personas, quienes han elevado su calidad de vida y sobrevivencia en la isla y en el exterior.

     El Vidatox 30 CH es un fármaco homeopático que tiene como principio activo el veneno del escorpión Rhopalurus junceus, un animal endémico de Cuba que es aprovechado por el habanero Laboratorio Labiofan, después de una década de investigaciones.

     Miles de pacientes han mejorado su calidad de vida y sobrevivencia, y hay casos realmente sorprendentes con (el fármaco) Vidatox, dijo esta semana a la prensa José Antonio Fraga, director del grupo empresarial estatal Labiofam, que el año pasado presentó el medicamento homeopático en el mercado.

     Ya suman más de 65.000 los pacientes en Cuba y otros países que han logrado mejorar su salud ayudados por ese fármaco, ahondó el ejecutivo.

     Fraga destacó que esos significativos resultados distinguen al medicamento cubano, que tiene principalmente efectos analgésicos y antiinflamatorios, a diferencia de algunos desarrollados en otros países.

     Hay una barrera llamada hemato-encefálica en la cual ningún elemento citostático (anticancerígeno) penetra; sin embargo, nuestro producto es capaz de atravesarla y llegar al núcleo de las células malignas, afirmó Fraga.

     El compuesto puede ser empleado en el tratamiento de todo tipo de cáncer, fundamentalmente en las variedades de mama, hígado, cerebro, próstata y pulmón, y, aseguran los especialistas, mejora la calidad de vida, aumenta la supervivencia del enfermo y evita las metástasis.

     Los investigadores afirman haber constatado que luego del empleo del medicamento, hay una disminución notable de las manifestaciones físicas que tiene los enfermos con tumores pulmonares, a quienes se les afecta la función respiratoria cuando hacen ejercicios y padecen de tos y de frecuentes crisis de dolor.

     El Vidatox 30 CH puede usarse solo o como complemento de las terapias oncoespecíficas, aunque en combinación con las quimio y radioterapias se evidencia una reducción de los efectos adversos y una potenciación de la respuesta al tratamiento.

     La directora de Desarrollo e Investigación de Labiofam, Isabel González, dijo que actualmente se trabaja en el registro del medicamento en 81 países para que se autorice su consumo en pacientes con cáncer.

     Labiofam trabaja en 45 proyectos contra el cáncer y otras enfermedades, y tiene entre sus líneas más prometedoras cinco péptidos (moléculas de aminoácidos) antitumorales obtenidos y clonados.

     Los estudios sobre el veneno de escorpión comenzaron hace dos décadas a partir del conocimiento empírico y en la actualidad más de 10.000 cubanos diagnosticados con diversas enfermedades tumorales han mejorado la calidad de vida con el empleo del fármaco.

     Las investigaciones se iniciaron a fines de los años 80 del pasado siglo, en Guantánamo, provincia del extremo oriental de la isla, donde un grupo de biólogos y médicos se interesaron en las propiedades que se atribuían los campesinos del veneno del escorpión.

     El animal es conocido por los campesinos como alacrán colorado, por su tono a simple vista, pero los investigadores comenzaron a llamarlo alacrán azul, por los cambios de coloración al exponerse a la luz artificial.  La primera revelación pública fue hecha por el biólogo cubano Misael Bordier, uno de los investigadores iniciales, quien a fines del 2001 realizó una visita de trabajo a la Universidad Nacional Autónoma de México y dio a conocer sus avances en una revista especializada.

     Bordier falleció en 2005 pero desde un año antes la Oficina Cubana de Propiedad Industrial había concedido a Labiofam los derechos de explotación de la patente asociada al veneno del Rophalorus junceus.

     Desde ese momento, la empresa farmacéutica estatal dirige la investigación, en la que han participado el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí y la Universidad de La Habana.

     Labiofam tiene ahora criaderos del animal en todo el país, con unos 5.000 ejemplares en cada alacranario, donde viven dos años y se les extrae el veneno cada 21 días, pero que resultan insuficientes para el desarrollo sostenible del producto, por lo cual se requieren opciones tecnológicas.

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