Inundación y destrucción por huracán- Xinhua/Zhang Ailin (archivo)


Jorge Vázquez Pacheco

 

En asuntos de desastres, la mala suerte no debería tener cabida y cuando ocurre lo que revela es un desastre anterior, vinculado a la política económica y social en la que vivimos, en la cual se encuentra una grave deficiencia en los servicios a la salud y seguridad, expresó Arturo Marinero Heredia, académico de la Facultad de Psicología de la Universidad Veracruzana (UV), durante el foro “El psicólogo social ante los desastres”.

“Cuando un huracán se lleva un elevado porcentaje de la infraestructura y servicios, esa deficiencia ya se encontraba allí y el desastre natural lo único que hizo fue evidenciarla”, dijo el Coordinador de la Unidad de Intervención Psicosocial de la Facultad.

Aludió al hecho de que la tragedia en realidad se encuentra en un estado ominoso, omiso, insolidario e indolente ante las necesidades del pueblo. Cuando alguien solicita ayuda para encontrar a sus muertos, el Estado por ningún lado aparece. “La tragedia en realidad es esa pared burocrática a la que nos enfrentamos cuando se necesita que nuestros derechos humanos sean reconocidos”.

María José García Oramas y Arturo Marinero Heredia

María José García Oramas y Arturo Marinero Heredia

Por su parte, María José García Oramas, coordinadora de la Unidad de Género y quien ha enfocado su labor al campo de las comunidades rurales, abordó el tema “Voces femeninas ante los desastres” y tomó como punto de referencia lo ocurrido en el municipio de Altotonga, en 2013, cuando un deslave arrastró varios vehículos y la muerte de varios hombres jóvenes dejó en la viudez a mujeres y sin padre a varios infantes.

Una mujer había dado a luz apenas dos días antes, y debido a la tragedia perdió el habla durante tres semanas. Una vez concluida la intervención psicológica, las mujeres expresaron sus miedos y una de ellas simplemente preguntó: “¿Usted cree que las desgracias suceden por algo?”. Ese alud había sido consecuencia de trabajos desordenados sobre el cerro y la posición del gobernador Javier Duarte de Ochoa fue acorde con su política de indolencia. Cuando la gente le gritó, montó en cólera y simplemente se retiró.

La tragedia está en el gobierno mismo y cuando los funcionarios nada hacen, es el psicólogo quien tiene la responsabilidad al tratar de aliviar un poco el dolor ocasionado por la tragedia, al estar al lado de los desdichados y hacer menos pesado el sufrimiento por la desgracia. “Eso es lo que nos hace dignos de llamarnos psicólogos apropiadamente”, finalizó.