Luciano Di Croce. / CRG


¿Cuándo decidió que quería estudiar ciencias?

En realidad, durante la escuela secundaria me centré en las humanidades: latín, griego, filosofía… ¡Casi no hice asignaturas de carácter científico! Pero me di cuenta de que éstas eran precisamente las que más me gustaban. Tenía mucha curiosidad por comprender el funcionamiento de los seres vivos a mi alrededor, cómo funcionaba una planta o un insecto. Así que decidí estudiar biología en la Universidad La Sapienza (Italia), donde también hice el doctorado. Después fui a hacer mi primer postdoc en Alemania, en regulación génica y cromatina.

¿Cuándo empezó a investigar sobre cáncer?

Después de mi primer postdoc me ofrecieron un trabajo en Milán, y lo acepté con la idea de volver a Italia y establecerme. Allí aprendí sobre la relación entre la epigenética y el cáncer, centrándome en la leucemia. Después de tres o cuatro años la idea de ir al extranjero me cautivó de nuevo. En ese momento Miguel Beato estaba comenzando un nuevo instituto aquí en Barcelona. Lo conocía y estaba seguro de que sería un buen instituto, así que solicité un puesto de trabajo en el CRG y una beca ICREA, y conseguí ambos. Cuando llegué aquí en 2003, decidí combinar los conocimientos que había adquirido en mis dos postdocs: la cromatina, la regulación de genes y el cáncer. ¡Y aquí estoy!

¿Cuál ha sido el mejor momento de su carrera?

¡El momento álgido está por llegar! A nivel de a publicaciones, nos ha ido muy bien, y ahora estamos haciendo cosas más innovadoras, que esperamos que traerán algunas novedades interesantes… Quizás uno de los mejores momentos hasta ahora ha sido convertirme en el coordinador de 4DCellFate, un gran proyecto europeo con catorce socios y con un presupuesto de catorce millones de euros para cinco años. Además de poder contar con mucho dinero, lo mejor es que tengo la oportunidad de interaccionar con gente excelente en un campo que me gusta.

¿Qué haría si no fuera investigador?

Probablemente desarrollar software. Aprendí a programar por mi cuenta cuando tenía algo más de veinte años e incluso desarrollé algunos programas relacionados con la biología ¡y vendí un par!

¿Qué es lo mejor y lo peor de la investigación?

Lo mejor es la libertad de poder trabajar en lo que quieres. Una desventaja, para mí, es el hecho de que un proyecto no se acaba nunca. Incluso cuando piensas que has llegado al final, no lo es, porque cada resultado que se obtiene abre más preguntas. De hecho, eso es excitante para muchas personas, pero para alguien a quien le gusta desarrollar cosas de principio a fin puede ser un poco frustrante.

¿Algún consejo para los jóvenes que quieran dedicarse a la investigación?

Es un trabajo duro y  se necesita mucha dedicación. Solo si pones toda tu energía, tendrás éxito. Eso sí, si lo haces, ¡investigar es como ganar la lotería todos los días de tu vida!

(Maruxa Martínez Campos/SINC)