Eduardo Galeano, como fue conocido, o Eduardo Germán María Hughes Galeano, como era su nombre completo, fue escritor, ensayista, autor de textos periodísticos y de narrativa, considerado uno de los más destacados escritores de literatura latinoamericana, nació en Montevideo el 3 de setiembre de 1940 y falleció el 13 de abril de 2015. Fue, como dijo el Ministerio de Cultura de Uruguay, “un fueguito se extinguió”; un fueguito que iluminaba toda Latinoamérica.

Eduardo Galeano fue hijo de una familia de clase alta y católica de Uruguay. Su padre fue Eduardo Hughes Roosen y su madre, Licia Esther Galeano Muñoz, de quien tomó el apellido para su nombre artístico desechando el Hughes, aún cuando al iniciarse en el periodismo como caricaturista y cronista lo hizo con seudónimo Gius (representación gráfica en español del sonido de la pronunciación inglesa de su apellido Hughes).

En su juventud, antes de escribir su primera crítica de cine, tuvo varios oficios: “Quise ser jugador de fútbol, como todos los uruguayos, pero era un pata de palo terrible. Quise ser pintor, dibujante, muchísimas cosas y trabajé en muchas. Fui obrero en una fábrica, cobrador, dibujante de letras, etcétera”, contó Galeano al diario español, El País.

En los años 60’s del siglo XX, fungió como editor del semanario “Marcha”, que fue muy influyente en su época y tuvo como colaboradores a Mario Vargas Llosa y a Mario Benedetti. Después editó el diario “Época”.

En esa etapa su concisa y diestra escritura periodística se complementó con un más flexible y libre despliegue en su narrativa. Su interes era netamente la política contemporánea, y en ese período publicó el volumen China 1964, y comenzó a centrarse en latinoamérica con sus escritos: Crónica de un desafío (1964), Guatemala, clave de Latinoamérica (1967) y Reportajes (1967).

Antes de publicar su obra más conocida “Las venas abiertas de América Latina”, aparecieron otros otros tres títulos, conectados directamente al enfoque político, Siete imágenes de Bolivia (1971), Violencia y enajenación y Crónicas latinoamericanas.

“Las venas abiertas de América Latina”, a medio camino entre la historia y el periodismo, fue reeditado y traducido a cerca de 20 idiomas, admirado, aplaudido, controvertido y atacado, tuvo una gran incidencia en vastos sectores sociales del continente. Según reconoció después el escritor, en aquella época no tenía los conocimientos suficientes: “[Las venas abiertas] intentó ser una obra de economía política, solo que yo no tenía la formación necesaria. No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada”.

En 1973 tuvo que salir de Uruguay a raíz del golpe de estado del 27 de junio de 1973, cuando fue encarcelado y para dejarlo libre lo obligaron a exiliarse, tomando como destino Buenos Aires, donde fundó y dirigió la revista Crisis durante sus 40 primeros números.

En esa época “Las venas…” fue censurado por las dictaduras militares de Uruguay, Argentina y Chile.

En 1976, en Argentina, la dictadura de Jorge Videla lo añadió a la lista de los condenados para ser ejecutados por el escuadrón de la muerte.

En ese año se casó con la que fue su tercera esposa, Helena Villagra. Antes lo había hecho, en primeras nupcias, con Silvia Brando, con quien tuvo una hija, Verónica Hughes Brando; luego, con Graciela Berro Rovira, con quien tuvo dos hijos: Florencia y Claudio Hughes Berro.

Con Helena Villagra salió huyendo de Argentina para España, donde escribió su famosa trilogía, “Memoria del fuego” (un repaso por la historia de Latinaomérica) (1984)

A inicios de 1985, Eduardo Galeano regresó a Montevideo. En octubre de ese año, junto a Mario Benedetti, Hugo Alfaro y otros periodistas y escritores que habían pertenecido al semanario “Marcha”, funda el semanario Brecha, del cual continuó siendo integrante de su Consejo Asesor hasta su muerte.

Entre 1987 y 1989, integró la “Comisión Nacional Pro Referéndum”, constituida para revocar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, promulgada en diciembre de 1986 para impedir el juzgamiento de los crímenes cometidos durante la dictadura militar en su país (1973-1985).

En 2010, el Semanario Brecha instituyó el Premio Memoria del Fuego, que está previsto que Galeano entregue anualmente a un creador que a sus valores artísticos sume el compromiso social y con los derechos humanos. El primer galardonado fue el cantautor español Joan Manuel Serrat, quien recibió el 16 de diciembre de 2010, en el Teatro Solís de Montevideo, la estatuilla diseñada por el escultor Octavio Podestá. El segundo galardonado con el premio fue Manuel Martínez Carril, renombrado crítico cinematográfico y director histórico de la Cinemateca Uruguaya, el mayor archivo fílmico de Uruguay y una institución independiente y autogestionada emblemática por su resistencia cultural que en 2012 cumplió 60 años de existencia.

En abril de 2009 el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, le regaló un ejemplar de “Las venas abiertas de América Latina” a Barack Obama, de quien antes el escrito uruguayo había dicho, cuando tomó la presidencia de Estados Unidos:

“La Casa Blanca será la casa de Obama pronto, pero esa Casa Blanca fue construida por esclavos negros. Y me gustaría y espero que él nunca lo olvide”.

Galeano días antes de morir fue ingresado en un hospital de Uruguay, desués de una recaida por el cáncer de pulmón que sufrió en 2007.

 

De su obra literaria

“Los cuentos de Vagamundo” afianzaron su capacidad imaginativa y canalizaron una línea característica de su literatura en la que se conjugan la historia, el mito y la leyenda.

En esa misma dirección quedó orientada La canción de nosotros (premio Casa de las Américas, 1975), un testimonio que se desarrolla con una fuerte carga simbólica.

Dos años más tarde ganó el premio Casa de las Américas con Días y noches de amor y de guerra (1978), en el que compiló recuerdos, reflexiones, anécdotas y noticias, en breves, sobrias y sentenciosas narraciones, casi tan íntimas como tensas.

Las voces narrativas del autor, que fueron absorbiendo géneros literarios en un proceso de progresiva superposición, culminaron en una trilogía de acento épico, Memoria del fuego, cada uno de cuyos tomos llevaron como subtítulos Los nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986). A principios de 1985, con la recuperación democrática regresó a Uruguay.

Dueño de un estilo personal, depurado e incisivo para sus fieles y renovados lectores, reiterativo según sus detractores, sumó otros títulos: Conversaciones con Raimón, Contraseña, El libro de los abrazos, Nosotros decimos no, Ser como ellos y otros artículos, Las palabras andantes, El fútbol a sol y sombra, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, Bocas del tiempo, Espejos. Una historia casi universal. Entre varios importantes premios, recibió el American Book Award, el Aloa el premio a la Libertad Cultural de la Fundación Lannan y el Stig Dagerman.