El cambio de horario, no es un invento nuevo.

De hecho, en la civilización occidental vigente, fue propuesto por primera vez por el ingles William Willett, en julio de 1907, mediante el panfleto “The Waste of Daylight” (Los residuos de la luz del día) que publicó en Londres, aunque proponía cambios moderados, de 20 minutos cada domingo de abril.

William Willett fue también quien propuso que el cambio de horario se hiciese a las dos de la mañana, porque a esa hora “muy pocos trenes están funcionando”.

Pero antes de eso, desde mucho antes, desde la antigua civilización egipcia, ya existen evidencias del cambio de horario.

Los egipcios, primero, usaron las “clepsidras”, o relojes de agua, que es cualquier mecanismo para medir el tiempo mediante el flujo regulado de un líquido hacia o desde un recipiente graduado. Estos artefactos se usaban especialmente durante la noche, cuando los relojes de sol perdían su utilidad y los adecuaban de acuerdo con las estaciones del año, para tener periodos de 12 horas para la noche y el día.

Los romanos –incluso- crearon clepsidras diferenciadas para cada mes del año.

Antes de William Willet y su propuesta para el cambio de horario, Benjamin Franklin durante su estancia en Paris como enviado de los Estados Unidos, notó que los franceses se levantaban durante el verano una hora más temprano, para ahorrar velas y aprovechar la luz solar.

Esto le llevó a escribir en 1784 una carta sobre los beneficios de levantarse más temprano durante el verano, la cual se publicó en el Journal de Paris, sin firma. La misma carta, ya en una versión revisada se publicó después con el titulo de “An economical Project”.

La propuesta de Benjamin Franklin incluía tres medidas precisas para cambiar los hábitos de los ciudadanos y hacer que se levantaran más temprano:

  1. Poner impuestos a las contraventanas (las ventanas o puertas exteriores que se colocan en las ventanas para evitar la entrada de la luz, con funciones parecidas a las persianas)
  2. Racionar las velas
  3. Despertar a los ciudadanos en general tañendo las campanas eclesiales, o incluso haciendo disparos de cañón al amanecer de acuerdo con su proverbio «Early to bed and early to rise / Makes a man healthy, wealthy, and wise.» (“Temprano a la cama y temprano al despertarse / vuelve al hombre saludable, rico y sabio”.)

La ocurrencia quedó ahí.

Mucho tiempo después, en 1907, William Willet hizo su propuesta.

La referencia es que en 1905 Willett concibió el horario de verano durante un paseo a caballo previo al desayuno, cuando pensó en el gran numero de londinenses que a esa hora dormían, la cual el consideraba la mejor parte de un día de verano.

Para esa época ya existía la estandarización del tiempo y se empleaban de forma más o menos amplia los relojes mecánicos, impulsados por la necesidad de precisión en la salida de los trenes, y la hora de entrada de los trabajadores a las fabricas.

Y desde entonces la propuesta de cambio de horario ha levantado controversias. En 1909 su proyecto fue llevado a votación al Parlamento del Reino Unido, donde perdió; ese mismo año en Estados Unidos, corrió la misma suerte.

Pero no fueron los ingleses los primeros en aplicar el cambio de horario, si no que esto lo hizo el Imperio Alemán, durante plena Primera Guerra Mundial, a partir del 30 de abril de 1916 y por orden directa del káiser Guillermo II, quien también lo ordenó para los países aliados y las zonas ocupadas.

Los ingleses aplicaron por primera vez el cambio de horario a partir del 21 de mayo del mismo año, para aliviar un poco lo duro de la guerra, en cuanto a los apagones nocturnos, para dificultar los bombardeos y para ahorrar carbón.

Después se implementó en varios países más. Pero al terminar la Primera Guerra Mundial muchos lo revocaron.

Luego el cambio de horario fue implantándose poco a poco en diversos países, pero también fue derogado, conforme las circunstancias políticas lo marcaban; y en todos se aplicaba el argumento del ahorro de energía y todos enfrentando los argumentos de diversos inconvenientes.

La primera crisis del petróleo a nivel mundial, de 1974, fue un gran impulsor para su implantación, precisamente con el argumento de aprovechar mejor la luz del sol y consumir menos electricidad en la iluminación.

El petróleo, principal combustible de la época e imprescindible para operar las instalaciones generadoras de energía eléctrica, escaseaba por el embargo que impusieron los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, los cuales buscaban un incremento sustancial en el precio de los hidrocarburos que vendían sobre todo a los países industrializados.

En la actualidad la mayoría de los países que usan el cambio de hora son principalmente del Hemisferio Norte del planeta.

El cambio de horario también implicó modificar los sistemas operativos computaciones, que desde el último cuarto del siglo XX proliferaron sustanciosamente. El Sistema Windows 95 fue el primero que incorporó la opción de cambio automático para los países con horario de verano, pero por un fallo de programación, sólo lo hacía el año 1995 y no los posteriores.

En México el Horario de Verano comenzó a utilizarse a partir del 7 de abril de 1996, sufriendo varios ajustes a lo largo de este tiempo.