Después de siglos de exploración incesante, el Programa de Búsqueda de Civilizaciones Planetarias Intragalácticas había encontrado algo fascinante…

El Consejo Supremo de la Sociedad, había comenzado a cuestionar severamente la utilidad de continuar con la búsqueda de civilizaciones fuera del planeta, en nuestra galaxia. Los investigadores que participaban en el Programa, se esforzaban por convencer a los concejales de las potenciales implicaciones de un descubrimiento de tal magnitud. Fue entonces, de manera totalmente sorpresiva, durante el tiempo de aquel debate, y como si el universo estuviera del lado de los apasionados investigadores, que llegó la ansiada evidencia.

La noticia recorrió el planeta en muy poco tiempo. Todo mundo lucía ansioso por saber más sobre el impresionante hallazgo pues, durante siglos, nuestra sociedad había vivido con la esperanza de establecer  contacto con otras civilizaciones de la galaxia. Y es que, dado el enorme avance en los conocimientos adquiridos por nuestra especie hasta ese momento, ya eran pocos los descubrimientos sobre la naturaleza que nos sorprendieran en extremo. Las bases de casi todo estaban sentadas: la manipulación genética de cualquier organismo era posible; diversos dispositivos electrónicos supercomplejos formaban parte de la vida cotidiana; nuevos y versátiles materiales permitían la elaboración de artículos de todo tipo, desde simples accesorios para la vestimenta hasta prótesis que eran perfectamente compatibles con el organismo. Por lo anterior, encontrar otra raza como la nuestra, civilizada y racional, era el nuevo objetivo; el gran reto al intelecto; la última frontera.

Lo primero que se informó fue que se había detectado y capturado un objeto peculiar que vagaba por el espacio a una velocidad constante. Aquel cuerpo se encontraba  a una distancia aproximada de 5000 kilómetros de la Estación de Monitoreo Espacial II, al momento de ser localizado. A pesar de no ser de grandes dimensiones, los instrumentos de monitoreo de la Estación lo habían identificado fácilmente. En un reporte preliminar, se dijo que claramente se trataba de un dispositivo construido por seres inteligentes de algún otro planeta de la galaxia, pues la tecnología que involucraba no correspondía con la nuestra. Al principio se pensó que podría ser un tipo de vehículo, pero al no contar con tripulante alguno, o sus restos, se consideró que más bien se trataba de una sonda en misión de reconocimiento.  El análisis detallado comenzó, en un ambiente de regocijo y emoción.

 

En tan solo unos meses, fue posible determinar la función de algunos de los instrumentos de la sonda: contaba con varios detectores de ondas electromagnéticas y un analizador de plasma. Con esto se confirmaba que aquel objeto era una sonda de exploración. El artefacto fue desarmado para un análisis minucioso que permitiera determinar cuál era la razón precisa de su viaje por el espacio interestelar. Y fue durante ese proceso que se halló una pieza sumamente llamativa. Dicha parte, no representaba un elemento importante de la estructura del objeto, sino más bien era un accesorio; pero dadas sus características, fue analizada de manera independiente del resto de los componentes.

El Emisario 1

Aspecto original de la peculiar pieza encontrada

en la sonda capturada.

Lo primero que se notó de la pieza era que el material con el que estaba hecha no era el mismo que el del resto de los componentes. Su caracterización molecular fue sencilla dado que era un elemento abundante en nuestro planeta.  Otra característica peculiar era que, al parecer, tenía una serie de inscripciones grabadas en ella; sin embargo, dado que había sufrido una erosión considerable en su superficie, seguramente producto del polvo interestelar, no era factible descifrar el posible mensaje.

Lo que tuvieron que hacer los investigadores fue reconstruir la imagen original mediante una serie procedimientos computacionales de análisis de imágenes. El proceso no fue fácil, los programas tenían una tendencia a producir un modelo final en función de datos sobre lo que conocíamos a nivel planetario. Por ello, los científicos tuvieron que trabajar en el desarrollo de un algoritmo especial que permitiera generar la imagen original de manera objetiva, no tendenciosa.

Lo que se obtuvo finalmente correspondía, con toda seguridad, a lo que sus creadores grabaron en la pieza. Parecía muy claro que se trataba de un mensaje; ahora el reto consistiría en intentar descifrarlo.

Hasta este punto del estudio, se había acumulado una gran expectativa en todo el planeta. Los miembros del Programa de Búsqueda de Civilizaciones Planetarias Intragalácticas consideraron que la interpretación del “mensaje” podría ser una labor de todos los habitantes del mundo; es decir, no tendrían por qué ser sólo ellos los que aportaran su opinión al respecto. Ésta sería una cuestión que nos uniría a todos.

Finalmente, después de un intenso periodo de análisis y de apasionante discusión, el “mensaje” había sido descifrado. Fue verdaderamente conmovedor el hecho de que la interpretación final implicara el consenso de todos en el planeta; una combinación de datos científicos y aportaciones del sentido común del resto de la población. De hecho, nos sentíamos muy agradecidos con los remitentes, pues provocaron en nosotros un sentido de unidad y fraternidad como hacía mucho que no experimentábamos.

Básicamente, entendimos que el mensaje de aquella civilización implicaba, por un lado, un saludo con actitud pacífica y, por otro, el deseo de que conociéramos su ubicación en la galaxia, lo cual, por cierto, lograron de una manera sumamente ingeniosa al darnos como referencia catorce fuentes cósmicas de radiación electromagnética, las más cercanas a la estrella central de su sistema de nueve planetas.

Ahora, las preguntas apremiantes son: ¿podremos entablar comunicación con ellos?, ¿serán capaces de descifrar nuestra contestación?, es más, ¿aún siguen ahí? O quizá, ya habrán desaparecido.

Todos anhelamos que la respuesta a estas interrogantes sea positiva.

El Emisario 2 

Imagen reconstruida a partir del grabado en “la pieza del mensaje” de la sonda capturada.

 

Somos el medio para que el Cosmos se conozca a sí mismo.

CARL SAGAN