Diabetes


Existe una percepción distorsionada en el uso de la insulina ya que no significa avance severo de la enfermedad, sino una vía para lograr el óptimo control.

En México existe un retraso de cinco años para diagnosticar la diabetes, cuando el medicamento administrado en primera instancia no logra controlar al paciente pasa otro tiempo similar y se le receta insulina. Sin embargo, si la persona se mide la hemoglobina glucosilada y el resultado es mayor a siete por ciento podría considerarse que el medicamento es incorrecto y es momento de cambiarlo.

“El tratamiento de un diabético debe ser algo dinámico y no mantenerse el mismo por cinco años, sino evaluarlo cada seis meses y comprobar que se logran las metas de glucosa, la forma de saber cuándo adecuarlo es la prueba de hemoglobina glucosilada, un examen de sangre que muestra el nivel de azúcar de los últimos tres meses”, explicó la endocrinóloga Mariana Mercado García.

Su función principal es definir si realmente un paciente está bien controlado y el tratamiento actual es aún efectivo, cuando el resultado es menor al siete por ciento, significará que existe un nivel óptimo de glucosa en sangre, tanto en ayunas como al después de comer.

Sin embargo, ante la falta de continuidad médica no existe este evalúo, por lo que el tratamiento carece de una adecuación al paciente. Por ejemplo, los medicamentos orales sirven por un tiempo, pero las células beta del cuerpo continúan destruyéndose conforme progresa la enfermedad, sin importar lo que el paciente haga.

En relación a ello, la también gerente médico del laboratorio danés Novo Nordisk comentó que para evitar complicaciones en diversos órganos a consecuencia de los altos niveles de azúcar en sangre, los pacientes deben agregar insulina a su medicación.

Cuando los diabéticos llevan cinco años con antidiabéticos orales, éstos pierden poco a poco la efectividad en el cuerpo y no son suficientes para controlar sus niveles de glucosa, y es recomendable adicionar insulina.

El problema es que las consultas son muy espaciadas, aproximadamente cada seis meses, si existe una alza en la hemoglobina glucosilada, y se retrasa el uso de insulina en presencia recurrente de azúcar alta, esto se verá reflejado en años de vida perdidos y del desarrollo de complicaciones, visuales o falla renal crónica, como consecuencia de no actuar en el momento.

Por otra parte, existe una percepción distorsionada de los pacientes, ya que piensan que adicionar insulina significa un avance severo de la diabetes. “El que una persona necesite esta hormona, no es sinónimo de agravio, quiere decir que la enfermedad lleva más años de evolución y es más complicado alcanzar las metas de control sin ayuda del medicamento”, dijo la especialista.

Al diagnosticar diabetes, las guías internacionales del tratamiento indican que deben existir cambios en el estilo de vida, con dieta, ejercicio y agregar metformina, después de eso se debe valorar si el paciente se controla, de no ser así, es imperativo adicionar otro medicamento o insulina.

Lo anterior es debido a que la enfermedad es crónico degenerativa y cada vez el páncreas produce menos insulina y el cuerpo requiere mayor ayuda del medicamento, no es posible detener el deterioro de las funciones de las células beta, así que se requiere modificar el tratamiento en función de la hemoglobina glucosilada.

“También es importante educar al paciente y explicarle cómo funcionará el tratamiento con insulina, para evitar que se asuste a la primera reacción o síntoma de hipoglucemia, el cual es un efecto normal, al momento de iniciar el tratamiento”, finalizó la endocrinóloga.

(Agencia ID)