Susana Castillo Lagos

Los mexicanos somos herederos de la grandeza de la civilización originaria de Mesoamérica y de la riqueza de las civilizaciones de Egipto, Mesopotamia, Grecia y Roma, que llegó al país a través de los españoles, legados que son “dos tesoros” que deben ser apreciados, aseguró el especialista en el pensamiento y la literatura náhuatl, Miguel León Portilla, durante su su conferencia “Tres grandes humanistas veracruzanos”, que dictó durante la Feria Internacional del Libro Universitario, en la Universidad Veracruzana.

Expresó: “Creo que México ya es grande. He dedicado mi vida a lo indígena pero no estoy ciego. Los mexicanos ya no debemos ver con antagonismo a lo hispánico, es parte de nosotros mismos. Si no lo quieren aceptar, sigamos en náhuatl… ”. Y entonces comenzó a hablar en este idioma, hecho que despertó algunas risas entre los asistentes, pues la mayoría no comprendía lo que estaba expresando. “A ver, quién me entiende, ¿verdad?”.

León Portilla compartió tal sentir pues los personajes a los que hizo referencia –Francisco Javier Clavijero, José Bernardo Couto y Francisco del Paso y Troncoso– fueron descendientes de españoles. Los tres contribuyeron al patrimonio cultural e histórico de la nación e incluso lo defendieron.

De Clavijero (Puerto de Veracruz 1731-Bolonia, Italia 1787), destacó su interés vital por conocer la literatura indígena y el trabajo de documentación que realizó sobre los primeros pobladores de México, a quienes presentó como pueblos clásicos, al nivel de las civilizaciones griega y romana.

“Quiero decirles que las fuentes de Clavijero son auténticas”, pues a pesar de vivir en el exilio tuvo acceso a ellas a través de los textos de Fray Juan de Torquemada. “Su Historia antigua de México tiene una base muy seria y muy sólida”.

Sobre Couto (Orizaba 1803-Ciudad de México 1862), dijo que fue el primero en escribir la historia del arte de la pintura mexicana, además de que salvó para el país la península de Baja California, tras participar en las negociaciones del Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado por representantes de México y Estados Unidos.

“El país estaba agotado, la guerra había sido muy desigual. Había siete millones de habitantes y en Estados Unidos 20. (México) era un país por hacerse, no estaba integrado. El ejército norteamericano tenía armas de repetición, y aquí puros fusiles viejos, casi de mecha, malísimos”, relató para dar un contexto de cómo se encontraba la nación, sin condiciones para seguir en la batalla.

Durante el encuentro para signar el acuerdo con el que México daba fin a la guerra con Estados Unidos, el enviado de dicha nación, Nicholas P. Trist, comentó que también tenía instrucciones de que la península de Baja California fuera cedida, a lo que Couto –citó León Portilla– respondió: “México está agotado, no puede defenderse, no sé qué haremos pero no firmo”. Y gracias a ello esa porción del territorio se salvó.

Respecto de Paso y Troncoso (Puerto de Veracruz 1842-Florencia, Italia, 1916), dijo que a él hay que agradecerle el rescate de documentos invaluables para México.

La investigación que realizó poco antes de 1892 en España, Italia, Francia y Rusia, acompañado de fotógrafos y dibujantes, permitió conocer la documentación mexicana que existía en Europa .

Entre otras cosas, Paso y Troncoso recogió el epistolario de la Nueva España (de la época de Carlos V); relaciones geográficas de la Nueva España, en tiempos de Felipe II, “quien todo lo quería saber”; así como textos de teatro en náhuatl. También fue quien dio a conocer la obra de fray Bernardino de Sahagún, con el título Historia general de las cosas de Nueva España.

 

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Miguel León Portilla.