Coral blanqueado en el fondo del oceáno. / Wikipedia


La extinción masiva de la casi totalidad de animales y plantas pudo producirse por el impacto de un meteorito, la liberación de gases de invernadero atrapados en fondos oceánicos o la intensa actividad volcánica en la zona de Siberia. A estas hipótesis se añade la acidificación producida por la liberación de CO2 por las erupciones volcánicas.

Un estudio internacional, liderado por investigadores británicos, revela que los movimientos volcánicos de hace unos 252 millones de años provocaron la emisión de grandes cantidades de CO2 en dos fases: la primera más suave y la segunda mucho más súbita, intensa y prolongada que ocasionó la acidificación de los océanos durante unos 10.000 años a finales del período Pérmico e inicios del Triásico.

“Este cambio en la composición química de la superficie marina fue el golpe de gracia que provocó la segunda oleada de la mayor extinción vivida en la Tierra”, asegura a Sinc Matthew Clarkson, geólogo de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido) y autor principal del trabajo publicado en la revista Science.

Durante la primera emanación de dióxido de carbono, los océanos –al ser muy alcalinos– mantuvieron el pH estable. Sin embargo, con la segunda se desencadenó una acidificación masiva de los mares que alteró su composición.

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Zona de los Emiratos Árabes Unidos, donde los investigadores han encontrado rocas que hace 250 millones de años pertenecían al fondo marino. / D. Astratti

 

Según explica Clarkson, “la falta de carbono hizo que muchos organismos no pudieran desarrollar conchas y esqueletos; la acidificación aumentó la corrosión de las conchas ya formadas, y el incremento del pH afectó al metabolismo interno de algunas especies, perjudicando actividades como la cría”.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores crearon un registro de alta resolución del pH del agua marina usando isótopos de boro y aplicando modelos cuantitativos. Para desarrollar un modelo climático que ayudara a saber qué provocó la extinción, el equipo analizó rocas desenterradas en los Emiratos Árabes Unidos, que entonces estaban bajo el agua y que conservan un registro detallado del cambio de las condiciones oceánicas. Así pudieron determinar el efecto de las emisiones de dióxido de carbono provocadas por las erupciones volcánicas en Siberia.

Una extinción en dos fases

La extinción del Pérmico-Triásico –conocida como “La Gran Mortandad”– ocurrió hace cerca de 252 millones de años y fue la más devastadora que se ha producido en la Tierra, pues en ella desaparecieron en torno al 96% de las especies marinas y el 70% de las terrestres. Transcurrió en solo 60.000 años, que suelen dividirse en dos fases: una primera al final del Pérmico, a la que siguió una leve recuperación antes de una nueva oleada de extinción a principios del Triásico.

“La primera extinción parece no haber sido selectiva en cuanto a los organismos que murieron de manera masiva. Pero la segunda afectó sobre todo a aquellos muy calcificados y a los que tenían más dificultades para prepararse contra el aumento de pH”, aclara el investigador británico.

Según los científicos, el estudio podría servir también para predecir cómo reaccionaría en la actualidad nuestro planeta a una posible acidificación de los océanos provocada por el aumento de las emisiones de dióxido de carbono debido a la actividad humana.

Referencia bibliográfica:

Clarkson, M. O. et al. “Ocean acidification and the Permo-Triassic mass extinction”. Science 34(6231) 10 de Abril de 2015

(SINC)