El descubrimiento de la Botella de Leynden

El descubrimiento de la Botella de Leynden


El físico alemán Ewald Georg von Kleist (que también era un clérigo luterano y jurista) el 11 de octubre de 1745, en Danzing, en la entonces Prusia Oriental (hoy Gdansk, Polonia) consigue conservar en el interior de una botella de vidrio una carga eléctrica y hasta experimentó accidentalmente en su propio cuerpo la fuerza de una descarga eléctrica, con lo cual creó el primer condensador eléctrico de la historia. El descubrimiento fue casual, cuando intentaa eletrizar con una maquina electrostática el agua de una botella a través de un clavo que traspasaba el corcho.

Este mismo experimento lo realizará siete meses después el físico holandés Pieter van MusschenBroek, quien como trabajaba en la Universidad de Leyden a este recipiente acumulador de energía eléctrica se le conocerá como la “Botella de Leyden” o “de Kleist”.

Esta botella consistía en un recipiente con un tapón al cual le atraviesa una varilla metálica que queda sumergida en el líquido. La varilla tiene una forma de gancho en la parte superior al cual se le acerca un conductor cargado eléctricamente. Durante el experimento un asistente separó el conductor y recibió una fuerte descarga al aproximar su mano a la varilla.

Un año más tarde el británico William Watson descubrió que la descarga aumentaba si la envolvía con una capa de estaño. Siguiendo los nuevos descubrimientos, Jean Antoine Nollet tuvo la idea de reemplazar el líquido por hojas de estaño, quedando desde entonces esta configuración de la botella que se utiliza actualmente para experimentos. Watson pudo transmitir una descarga eléctrica de manera espectacular produciendo una chispa eléctrica desde una botella de Leyden a un cable metálico que atravesaba el río Támesis en 1747.

Las botellas de Leyden eran utilizadas en demostraciones públicas sobre el poder de la electricidad. En ellas se producían descargas eléctricas capaces de matar pequeños ratones y pájaros, entre otros animales.