La ciencia desde el Macuiltépetl:  Ciencia y cambio social

Lenin


Manuel Martínez Morales

 Ahora el avance científico tecnológico hará posible estudiar, por ejemplo, lo que ocurre en el cerebro del Gato-perro sin necesidad de abrirle la cabeza.

SupGaleano: Del Cuaderno de Apuntes del Gato-Perro.

El desarrollo de la ciencia moderna está estrechamente asociado a las transformaciones  sociales. Es en los periodos de grandes transformaciones sociales cuando se producen también cambios significativos en la forma que se aprecia, orienta y practica la ciencia. Ejemplos hay muchos y el lector interesado puede encontrar una exposición detallada y bien documentada en la obra de John D. Bernal: la Ciencia en la Historia.

Un caso interesante los constituye la Revolución Rusa consumada en 1917. Con la llegada al poder de los bolcheviques, con Lenin a la cabeza, éstos se enfrentan al problema de cómo construir el socialismo en un país poco industrializado, con una estructura económica básicamente feudal, un sistema político monárquico, y muy atrasado en la educación de las grandes masas campesinas. La teoría marxista de entonces preveía que las primeras revoluciones socialistas se producirían en los países más industrializados –Inglaterra, Alemania- donde ya existía una clase obrera numerosa y calificada, la cual sería el sujeto revolucionario por excelencia.

Lenin comprende  pronto la necesidad de apartarse de los manuales y, a partir de la situación concreta que enfrentaban, hacer uso de la imaginación política para lograr establecer el socialismo –preludio del comunismo- en Rusia. Entre muchas otras cosas, los bolcheviques comprendieron la importancia de la aplicación de la ciencia para lograr la acelerada industrialización del país, que se proponían como uno de sus primeros objetivos.

Lenin formuló una caracterización general del socialismo y del comunismo, puso de manifiesto los rasgos comunes a las dos fases del comunismo, mostró la diferencia esencial que entre una y otra existe y que es determinada por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, por el grado de madurez económica y política de la sociedad y por la preparación cultural de los trabajadores. Al señalar las tareas de la edificación socialista en Rusia, Lenin indicaba que era necesario electrificar el país, organizar la industria, la agricultura y el transporte sobre las bases científicas y técnicas de la gran industria moderna. Así mismo consideraba que la productividad del trabajo es lo más importante para la victoria del nuevo régimen social. De ahí que la tarea principal, después de la victoria de la revolución socialista, consista en alcanzar la máxima productividad del trabajo, y en relación con ello (y para ello), lograr su máxima organización: los soviets (consejos obreros), más la electricidad (ciencia y técnica).

Consideraba que constituye una condición importantísima y necesaria de las transformaciones socialistas y comunistas asegurar a cada miembro de la sociedad las mismas posibilidades de utilizar todos los resultados de la ciencia y de la cultura, asegurar el desarrollo libre e integral de cada trabajador. Formuló los principios de la revolución cultural socialista, en el transcurso de la cual el saber se convierte en patrimonio de las amplias masas trabajadoras.

La Academia de Ciencias de Rusia fue formada durante el zarismo en el siglo diecinueve, contando entre sus miembros a notables científicos reconocidos por sus pares europeos. Al advenimiento de la revolución muchos académicos, fieles al Zar, salieron de Rusia, en tanto los que se quedaron permanecieron un tanto confundidos pues no se sabía qué destino tendría la Academia y la actividad científica que se desarrollaba en las universidades e institutos de investigación.

Los dirigentes de la revolución, conscientes de la importancia de la ciencia y la técnica, hacen un llamado a los científicos y técnicos para que se sumen a las tareas para la  construcción del socialismo, ofreciéndoles el apoyo necesario para el desarrollo de su trabajo, reorganizando la Academia e incorporándolos a las actividades de  planeación y organización de las mismas actividades científicas y educativas.

La estrategia tuvo éxito pues, en menos de tres décadas, la Unión Soviética estaba a la par de las naciones capitalistas en cuanto al desarrollo científico y tecnológico, incluso superando a éstas en muchas disciplinas. Pero a la vez se buscó la socialización del conocimiento científico, tanto mediante programas escolares especiales, en todos los niveles educativos, como por una vasta actividad de divulgación y difusión de la ciencia por todos los medios posibles. Lo cual contribuyó a que la población hiciera suya la concepción científica del mundo, opuesta a la ideología religiosa y a todo tipo de falsa conciencia; pues la ciencia permite al hombre pensar su condición de transformador de la naturaleza –y de las relaciones sociales- de una manera que no tiene precedentes.

Más pertinente para nosotros resulta el análisis sobre el papel de la ciencia en el programa de transformaciones que el movimiento zapatista se encuentra elaborando a partir de un encuentro que se llevó a cabo recientemente con científicos, de donde se elaboran una serie de propuestas al respecto.

Entonces, es posible concluir que, si bien bajo el modo de producción  capitalista la ciencia y la técnica son instrumentos que contribuyen a exacerbar la explotación del trabajo, la desintegración social y  la depredación de la naturaleza; en otro sistema es posible orientar ciencia y tecnología hacia un mejoramiento de la calidad de vida, es decir  para el bienestar y la felicidad humanos.

Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.

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