La exposición ocupacional al amianto, o asbesto, causa más de 100.000 muertes al año

Techo de amianto. / Harald Weber (Wikipedia/CC).


El amianto o asbesto es una causa probada de cáncer en humanos, y todas las formas de amianto se han descrito como carcinógenos humanos por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), de la agencia sobre el cáncer de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Desde 1993, el Collegium Ramazzini –una academia internacional de 180 científicos expertos en salud ambiental y ocupacional de 35 países– ha pedido reiteradamente una prohibición global de toda la minería, en su fabricación y el uso del amianto.

La institución ha tomado esta posición basándose en la evidencia científica mostrando que todos los tipos de amianto (incluido el crisotilo, la forma más utilizada) causan cánceres como el mesotelioma y el de pulmón. Además, demuestra que no existe un nivel seguro de exposición.

«El Collegium reafirma su posición de prohibir toda extracción y uso del amianto, incluyendo el crisotilo, como medida de salud pública responsable. Esta declaración actualiza las anteriores de la academia con un enfoque en las dimensiones de salud mundial del amianto y las enfermedades relacionadas con el amianto”, explica Manolis Kogevinas, vicedirector de Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL), centro de la alianza ISGlobal, e investigador que forma parte de esta agrupación internacional.

Mayor incidencia de cáncer en Reino Unido 

Según la declaración, la exposición ocupacional al amianto causa unas 107.000 muertes al año en todo el mundo, que son el resultado del cáncer de pulmón relacionado con el amianto.

Los trabajadores que han estado expuestos a este mineral en algún momento de su vida tienen mayor riesgo de desarrollar, además del cáncer de pulmón, mesoteliomas (una forma rara de cáncer que se desarrolla a partir de células transformadas originarias del mesotelio, el revestimiento protector que cubre muchos de los órganos internos del cuerpo).

La incidencia de este cáncer varía en diversas áreas del mundo, dependiendo de la cantidad de amianto utilizado en esa área. Sin embargo, la mayoría de estas personas expuestas anteriormente permanecen en la población general sin ninguna vigilancia en curso de su salud.

Según datos de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) de 2012, las tasas de incidencia fueron más altas en el Reino Unido, donde se diagnostican cerca de 1.800 casos por año.

Australia era uno de los productores más grandes del mundo del asbesto, llevando al país a las tasas de incidencia más altas en todo el mundo (basado en el tamaño de la población). Sin embargo, la incidencia del mesotelioma en EE UU está disminuyendo, diagnosticándose unos 2.000 casos al año, mientras que en Europa y Australia se espera a la meseta en los 10-15 años próximos.

En la actualidad, en España, la tasa de incidencia se sitúa en torno a los 0,35 casos por cada 100.000 habitantes/año y es responsable del fallecimiento de cinco personas por cada millón de habitantes.

La epidemia por exposición al asbesto probablemente no alcanzará su máximo hasta, al menos, una década en los países más industrializados y en varias décadas en los países industrializados.

Los efectos del amianto a pesar de la prohibición

El amianto y las expociones ocupacionales a este mineral seguirán presentando desafíos en el ámbito de la medicina y la salud pública, así como en la investigación y la práctica clínica, y por lo tanto se han convertido en un problema de salud global.

Los países industrializados que ya han pasado por la transición de la prohibición del amianto han aprendido lecciones, y adquirido conocimientos y capacidades que podrían ser de gran valor en los países industrializados que se embarquen en esta transición.

«La máxima prioridad para reducir las exposiciones ocupacionales es la prevención primaria, es decir, que se prohíba el uso de amianto en los países donde es legal y se prevenga la exposición de fuentes in situ en todos los países de uso histórico del amianto», advierte Ken Takahashi, miembro del Collegium Ramazzini, profesor de Epidemiología Ambiental y director del Centro Colaborador de la OMS en la Salud Ocupacional de la Universidad de Salud Ocupacional y Ambiental (UOEH) en Kitakyushu (Japón).

Según Philip J. Landrigan, presidente del Collegium Ramazzini, «estas esposiciones son 100% prevenibles, por lo que el objetivo final debe ser el de cero nuevos casos tanto en países industrializados como en países en vías de industrialización». Para la academia, esta pandemia es una prioridad internacional urgente en la que hay que actuar para proteger la salud de los trabajadores.

Por esta razón, el Collegium recomienda a los países desarrollar estrategias para identificar a sus trabajadores anterior y actualmente expuestos al amianto, para cuantificar su exposición, y registrarlos para después proponer métodos de vigilancia de la salud continua y de prevención secundaria. Además de los trabajadores, deberán someterse a control los miembros del hogar de los trabajadores si existe amianto en sus hogares.

(CREAL/ISGlobal)

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