De la serie Artaud, vidente de lo eterno de Pedro Tzontémoc.


“Mi fotografía no está hecha para colgarse en las paredes o para publicarse, ni siquiera para ser revelada; mis mejores fotografías son las que conscientemente he decidido no tomar al dar paso a la experiencia directa, sin filtros. La fotografía no es el arte, el arte es la vida misma”, confiesa desde su blog personal el prolífico fotógrafo mexicano Pedro Tzontémoc. Congruente con esa línea de compromiso a través de su lente, da espacio a la realidad para convertirla en poesía y denuncia.

La mirada interior, intimista, guerrera de Tzontémoc acompañó los pasos Tarahumaras, visitó los barrios salvadoreños y contó la historia de refugiados políticos de Guatemala. Lo mismo ha retratado las costumbres y tradiciones de los pueblos indígenas que explorado en su memoria para encontrar recuerdos y experiencias comunes a todos.

Y en este 2015, Pedro Tzontémoc ofrece su experiencia para formar parte del jurado calificador del Concurso Internacional de la Imagen, cuyos resultados se darán a conocer el próximo 9 de mayo en el marco del Festival Internacional de la Imagen, FINI 2015, organizado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), su Patronato y el apoyo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (Conaculta).

“La vocación del fotógrafo es la de ser un captador de presentes, detener ese tiempo efímero que no existe; inventarlo, permitirle existir. Sin la fotografía el presente solo sería una sucesión infinita de instantes en tránsito del pasado al futuro: El presente sólo existe en las fotografías”, describe el fotógrafo nacido en la Ciudad de México en 1964 y autor de las publicaciones fotográficas El ser y la nada, Locuralocúralo, Apuntes de Viaje e Identidad en el laberinto de la memoria.

Integrante del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 2005, inicia su carrera en 1983 como fotógrafo del Instituto Nacional Indigenista, posteriormente se incorpora a la dirección de monumentos coloniales, SEDUE; en 1993 participa como fotógrafo del Programa Nacional de Solidaridad y en el año 2000 se suma a la Editorial Clío en la tarea de capturar las “100 maravillas de México”.

Sin embargo, para 1986 ya había iniciado su trabajo independiente con el foto-reportaje “Barrio a Barrio” realizado en El Salvador, el primer paso en los miles de kilómetros recorridos durante sus múltiples viajes de trabajo por Honduras, Guatemala, Cuba, Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Polonia, España, Francia, Italia, Portugal, Egipto, Jordania, Israel, Palestina, Panamá y desde luego, México.

Entre sus primeros trabajos sobresale el inspirado en Antonin Artaud, de quien siguió los pasos a través de territorio Tarahumara, durante 4 viajes realizados entre 1988 hasta 1993, donde se convirtió en testigo y voz de la realidad serrana. Y esta convicción de compartir la imagen sin intervenirla, ha llevado a Pedro Tzontémoc a comunicar incluso su experiencia en el combate a la esclerosis múltiple, testimonio que dio vida a la obra locuralocúralo.

Sin embargo, desde una visión de extrema sencillez, Pedro Tzontémoc descarta llamarse artista y se autocalifica como “un simple receptor de experiencias diversas, ando por el mundo exponiéndome a ellas, involucrándome intensamente, estableciendo una relación amorosa-pasional con cada una de estas para consumirlas y a la hora de mi muerte tan solo me arrepienta de lo que no he hecho. La fotografía es el medio para lograrlo”.

(FINI)