En poco más de una década, los robots serán mucho más que herramientas que nos ayuden en las tareas domésticas, en las cadenas de montaje o en el aparcamiento de un vehículo. Estaremos tan ligados a ellos que comenzará una hibridación entre ser humano y máquina, con las consiguientes desigualdades sociales, económicas y culturales que generará esta dependencia. Así lo revela Antonio López (Málaga, 1965), catedrático de Trabajo Social y Servicios Sociales de la UNED, en su último libro La brecha robótica. ¿Una nueva frontera en el siglo XXI?

¿Qué entendemos por brecha robótica?

La tecnología siempre está íntimamente vinculada con el poder, tanto económico como militar, y se convierte en un elemento clave que determina su distribución y la de los recursos en un contexto histórico. Como ha ocurrido con otras tecnologías, la robótica la creamos y la implantamos en nuestras sociedades desiguales y es previsible que refuerce dicha desigualdad. La nueva brecha robótica tiene que ver con el poder, con la economía y la competitividad, entre países. Pero también está relacionada con el acceso y disfrute de estos robots por parte de los ciudadanos.

Esta idea la apuntó una investigación anterior. ¿De qué forma la aborda en el libro?

Expertos de primer nivel en la materia y yo presentamos una definición de brecha robótica y de sus principales dimensiones, con especial referencia a la militar. Por otro lado, analizamos la emergencia de un alter ego, el robot, cada vez con más capacidades y cada vez más integrado en la vida cotidiana. Y, finalmente, la tendencia hacia la hibridación de seres humanos y máquinas.

¿De qué fechas estamos hablando?

Del horizonte 2025, que será cuando la robótica de servicios estará ampliamente difundida y los robots integrarán nuevas capacidades. Por otro lado, más allá de la brecha que toda tecnología genera entre aquellos que tienen acceso a ella y el resto de la población, los robots en sí mismos se pueden convertir en un desafío para los seres humanos, en función de sus capacidades.

¿Se puede evitar esta brecha robótica?

Lo que se puede hacer es tomar conciencia de cómo generamos la tecnología, en sociedades desigualitarias, y cómo podemos configurarla para generar mayor inclusión social. La gestión de la brecha digital es un buen ejemplo. En algunas organizaciones, la incorporación de las TICs ha reforzado las estructuras jerárquicas preexistentes. Sin embargo, en otras ha permitido una gestión más dinámica y menos jerárquica. Lo mismo puede ocurrir en nuestras sociedades.

¿Un ejemplo de estos robots serían los drones?

Hasta ahora, los drones están siendo pilotados, pero su nivel de automatización y su capacidad para seleccionar objetivos conforme a su programación será cada vez mayor. Es un primer paso hacia una robotización del ámbito de la seguridad y de los ejércitos y, posiblemente, en torno a la robótica militar se redefina la conquista del espacio exterior y la supremacía de unos ejércitos sobre otros.

La robótica hoy es fundamental para la biomedicina. Un ejemplo son los electrodos para mover miembros artificiales, aún muy caros pero que, según los expertos, se abaratarán con el tiempo. ¿Cuál es su opinión?

Lo que nos planteamos en nuestra investigación no solo tiene que ver con el coste de acceso. El propio diseño de la tecnología, como los robots militares, nos habla de otras dimensiones de la brecha robótica. En todo caso, los costes disminuirán, sobre todo en la robótica de servicio.

¿Podría dibujar cómo de robotizada estará nuestra sociedad en unos años?

En nuestra investigación mostramos cómo, en los próximos 15 años, en numerosos ámbitos del sector industrial y del sector servicios se alcanzarán niveles de automatización superiores al 50%. La respuesta más clara es imaginarnos una comisaria, un hospital o un cuartel con el nivel de automatización de una planta de ensamblaje de automóviles.

¿Cómo afectará a las relaciones humanas que haya tanta robotización?

Hay diversas perspectivas sobre esta cuestión. Como analizamos en el libro, quizás lo más íntimo dentro de unos años sea nuestro robot, con el que conviviremos en el ámbito del ocio. En un entorno automatizado, también tendremos que readaptarnos, como ocurre ahora con todos los sistemas de interacción con sistemas automáticos de voz, que también generan desprotección al no poder acceder a un operador humano.

¿A qué se refiere con “lo más íntimo”?

Por “lo más íntimo” me refiero, como señala David Levy en su obra Amor y sexo con robots, (Paidós, 2008), a la convivencia íntima, tanto física como psicológica. Los expertos no solo prevén una hibridación entre seres humanos-robots en el horizonte del año 2025. También prevén el desarrollo de nuevos robots de compañía que serán tan humanos como los humanos. ¿Cuánta gente habla más con su perro que con su pareja? ¿Cuál es el nivel de dependencia con móviles y ordenadores?

¿Y qué ocurrirá con las personas que no puedan o no quieran adaptarse?

Como en todas las revoluciones tecnológicas, habrá ganadores y perdedores, pero la sociedad como tal habrá cambiado. Si desde el aire observamos la huella de los automóviles (todo el territorio partido y atravesado por carreteras), podemos imaginarnos el impacto y la reordenación de una tecnología que va a ser tan potente, al menos, como la automovilística.

 

 Antonio López / Imagen: Pedro Rafael Cruz, ISCTE-IUL.

Antonio López / Imagen: Pedro Rafael Cruz, ISCTE-IUL.

 

El título del libro recuerda a ciencia ficción, a la tercera película de Terminator, La rebelión de las máquinas. No estamos ante ese fenómeno, ¿o sí?

 

Normalmente, los seres humanos usamos las máquinas contra otros seres humanos. Antes de debatir si los robots se pueden independizar de nosotros, la pregunta clave es cómo los diseñamos y para qué. Se trata de saber cómo vamos a gestionar la tecnología en sociedades que, por primera vez en la historia, son democráticas y han podido reflexionar sobre las consecuencias y las desigualdades que generan las tecnologías. Estas sociedades, nosotros mismos, tenemos la capacidad para evaluar e influir en el desarrollo tecnológico, evitando o minimizando nuevas brechas tecnológicas.

 

¿Cree que las máquinas llegarán a evolucionar tanto que podrán tener algo parecido a sentimientos?

 

Esa es la opinión de Raymond Kurzweil, un gran científico. Yo no sé si llegará lo que él denomina la singularidad, pero lo que está claro es que los robots han venido para quedarse, y son cada vez más y mejores.

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