Mujer indégena tejiendo, Perú- Antonio Escalante, PNUD

Mujer indégena tejiendo, Perú- Antonio Escalante, PNUD


Las mujeres rurales representan más de un tercio de la población mundial y el 43 por ciento de la mano de obra agrícola. Labran la tierra y plantan las semillas que alimentan naciones enteras. Además, garantizan la seguridad alimentaria de sus comunidades y ayudan a preparar a esas comunidades frente al cambio climático, apunta la Organización de las Naciones Unidas en la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Rurales, éste 15 de octubre.

Sin embargo, como señala ONU Mujeres, las campesinas sufren de manera desproporcionada los múltiples aspectos de la pobreza y pese a ser tan productivas y buenas gestoras como sus homólogos masculinos, no disponen del mismo acceso a la tierra, créditos, materiales agrícolas, mercados o cadenas de productos cultivados de alto valor. Tampoco disfrutan de un acceso equitativo a servicios públicos, como la educación y la asistencia sanitaria, ni a infraestructuras, como el agua y saneamiento.

Las barreras estructurales y las normas sociales discriminatorias continúan limitando el poder de las mujeres rurales en la participación política dentro de sus comunidades y hogares. Su labor es invisible y no remunerada, a pesar de que las tareas aumentan y se endurecen debido a la migración de los hombres. Mundialmente, con pocas excepciones, todos los indicadores de género y desarrollo muestran que las campesinas se encuentran en peores condiciones que los hombres del campo y que las mujeres urbanas.

La situación descrita está empeorando, además, debido a que los efectos del cambio climático sobre los recursos naturales y productivos agravan las desigualdades de género existentes en las zonas rurales.

«Desafíos y oportunidades de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres y las niñas en la agricultura resiliente al cambio climático»

Las mujeres tienen un gran potencial para abordar los problemas climáticos y para responder a los desastres naturales. Tienden a tomar decisiones sobre el uso de los recursos y las inversiones dando prioridad al interés y el bienestar de sus hijos, familias y comunidades. Como actores económicos y políticos, pueden influir para que las instituciones presten más servicios públicos (como el agua, el saneamiento y la energía) y mejoren la infraestructura social.

Según algunas estimaciones, acortar la brecha de género en el acceso a la tierra y a otros medios productivos supondría un aumento del 20 por ciento de la producción agrícola en África. También permitiría que las campesinas incorporaran técnicas agrícolas resilientes al cambio climático a la par que lo hacen los hombres.

Un enfoque igualitario tendría, por tanto, un beneficio triple: igualdad de género, seguridad alimentaria y gestión del cambio climático, contribuyendo así de forma inestimable a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Por todos estos motivos, la conmemoración este año del Día Internacional de las Mujeres Rurales se centra en priorizar su empoderamiento mediante distintas iniciativas, tales como:

  • la incorporación del enfoque de género a las políticas agrícolas,
  • el aumento de la tenencia de tierras de las mujeres,
  • la mejora del acceso a la financiación de inversiones en bienes que contribuyan a la resiliencia frente al cambio climático, y
  • la ampliación de las oportunidades de participación en las cadenas de producción y distribución de productos de más valor.
 El primer Día Internacional de las Mujeres Rurales se celebró el 15 de octubre de 2008. Fue establecido por la Asamblea General en su resolución 62/136, de fecha 18 de diciembre de 2007. En ella reconoce «la función y contribución decisivas de la mujer rural, incluida la mujer indígena, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural».