Los grandes inversores siguen aprovechando las condiciones de volatilidad para acumular ganancias financieras de corto plazo a costa del crecimiento económico de largo plazo que la economía global requiere, señala el doctor Carlos A. Rozo Bernal, profesor-investigador del Departamento de Producción Económica de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en un artículo publicado en el número más reciente del Reporte Macroeconómico de Méxicoque publica bimensualmente el Observatorio Económico de México de esta casa de estudios.

En el texto titulado Crisis global y mercados eficientes, expone que el dilema contemporáneo con los mercados financieros es que no responden a las normas que tradicionalmente lo determinaron, con lo cual ha ganado gran independencia de la acción estatal.

La desregulación, que contribuye a la interconexión entre los mercados nacionales, ha llevado a que las autoridades monetarias no puedan administrar los flujos de capital ni el mercado cambiario aunque sí los puedan afectar.

Explica el investigador que las nuevas características que la globalización ha impuesto a estos mercados hacen que la volatilidad sea el resultado de factores altamente sujetos a las expectativas, lo cual hace que los comentarios oficiales sobre posibles cambios de política sean determinantes.

Es importante reconocer que al dar mejores oportunidades a los especuladores, el mercado cambiario se convierte para ellos en un paraíso, menciona.

En su ensayo el profesor de la Unidad Xochimilco expone que hay un cierto grado de aceptación de que la Gran Recesión ha sido una falla generalizada de los mercados y aún más específicamente del mercado financiero, y que el problema fue que los bancos prefirieron mantener posesión de parte de los activos respaldados por préstamos, para luego venderlos y tener así recursos adicionales para nuevos préstamos.

Este comportamiento, que les permitió obtener dinero prestado contra estos activos, implica que la demanda por activos securitizados fue, en esencia, una demanda por apalancamiento que obtuvieron de fondos de pensiones, de fondos de inversión y en última instancia de otros bancos.

Se tejió así una red de demandas cruzadas en la que los pasivos de un banco se convertían en activos de otro, lo cual terminó por crear una red de interdependencias de alto nivel de explosividad que hizo al sistema bancario más frágil y más vulnerable y pasar así del riesgo individual al riesgo sistémico.

El Profesor Distinguido de la UAM afirma que este es un resultado enteramente contrario a lo que postulaba la lógica de la securitización y la Hipótesis de Mercados Eficientes (HME).

Ello significa que el sector financiero perdió el rumbo de canalizar el capital, repartir el riesgo inherente de la actividad crediticia y mejorar la estabilidad financiera a fin de cumplir con su función vital de facilitar la producción capitalista y hacerla eficiente.

La fortaleza de la HEM está en que el sistema de precios de mercado conlleva a un estado de coherencia de las decisiones que toman los distintos agentes económicos y que tal estado lleva a una asignación de recursos que es óptima económicamente y aceptable socialmente.

En un ejemplo explica que no se puede permitir que en la búsqueda de la eficiencia del mercado laboral se agrande la brecha de ingresos entre trabajo y capital cuando ello implica ensanchar la brecha de la desigualdad que termina por limitar el crecimiento económico.

El hecho concreto que resulta de estos supuestos es que los mercados no pueden auto regularse y que su funcionamiento requiere ser contrapesado con objetivos sociales para que el entretejido social no sea vulnerado. Si los costos de la eficiencia superan sus beneficios el resultado es socialmente inaceptable.

El argumento central es que cuando a una economía de mercado se le deje a su libre actuación no necesariamente sus resultados conducen al mayor bienestar colectivo. Es necesario que para lograr compatibilidad entre el bienestar individual y el bienestar colectivo se requiera de acciones gubernamentales, ya sea como promotor, propietario, regulador o supervisor, tanto por intervenciones directas como indirectas.

(UAM)