Teotihuacán- Mauricio Marat, INAH

Teotihuacán- Mauricio Marat, INAH


El 13 de septiembre de 1910 unos 200 invitados, entre ellos políticos, científicos, diplomáticos y miembros de la alta sociedad de la época, fueron testigos de la apertura del primer sitio arqueológico en toda América: Teotihuacán.

Durante su inauguración sólo era visible la Pirámide del Sol y el museo de sitio, creado para el magno evento por indicaciones de Porfirio Díaz.

Porfirio Díaz también propició que se realizase el 17 Congreso Nacional de Americanistas e invitó a los congresistas a visitar las zonas arqueológicas de Xochicalco (estado de México) y Mitla (Oaxaca), dondetambién hubo trabajos, pero sobre todo a Teotihuacan con motivo del centenario de la Independencia y para mostrar la grandeza “arrebatada por los españoles”.

Don Leopoldo Batres y Huerta, quien había realizado exploraciones en diversos edificios aledaños a la Calzada de los Muertos, descubriendo murales y esculturas, en 1905 emprendió trabajos en la Pirámide del Sol, bajo los auspicios del gobierno de Porfirio Díaz, para la conmemoración del Primer Centenario de la Independencia del país.

Las primeras exploraciones ordenadas, llevaron a que se adquiriesen los terrenos aledaños, por parte del gobierno federal para la apertura oficial de la primera zona arqueológica y museo de sitio de México.

Zona Arqueológica de Teotihuacán- Mauricio Marat, INAH

Zona Arqueológica de Teotihuacán- Mauricio Marat, INAH

La Pirámide del Sol es un edificio de 65 metros de altura, y es el más alto de la zona; según cálculos hipotéticos, debió construirse a lo largo de 139 años con el trabajo de entre 12 mil y 14 mil personas, que pudieron estar agrupadas por especialidades, como acarreadores, aguadores, mamposteadores, canteros, albañiles, quienes habrían trabajado en jornadas de 10 horas, los siete días de la semana.

Teotihuacan es hoy el sitio de Mesoamérica más estudiado, aún cuando el área recuperada es apenas un 5% de su territorio original y por su esplendor, en 1987 la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad.

La zona, en la actualidad, es también la zona arqueológica más visitada del continente, sobre todo el 21 de marzo, con la llegada del Equinoccio de Primavera, cuando llegan miles de personas a “cargarse de energía”. en 2006 Rogelio Rivero Chong, entonces director del lugar, habló de que se llegaron a recibir hasta 300,000 personas en esa fecha.

Los aztecas la encontraron abandonada en el siglo XIV. Maravillados por su monumentalidad la llamaron Teotihuacan, “ciudad de dioses” en náhuatl, aunque el nombre con el que era denominada originalmente, no se ha descubierto.

El sitio web de la zona arqueológica refiere que en el Preclásico Tradio (400 a.c. a 200 d.c.) en la Cuenca de México se han establecido varios asentamientos humanos, de los cuales incluso algunos podrían llamarse urbanos, como Cuicuilco y Teotihuacán.

La “ciudad de los dioses” fue una urbe multiétnica con relaciones comerciales con otros pueblos mesoamericanos. En su apogeo (200-500 d.C.) congregó a unos 200,000 habitantes en 23 kilómetros de extensión.

Teotihuacán, a diferencia de muchos otros asentamientos humanos indígenas prehispánicos, nunca se perdió, si no que su ubicación siempre estuvo bien determinada.

Su leyenda llevó a científicos de diversas nacionalidades y épocas a explorarla, como el alemán Alexander von Humboldt o el francés León Meheden, el primero en excavarla de manera exhaustiva en 1875.

Los hallazgos en Teotihuacán han sido múltiples, entre ellos un tunel de 103 metros de longitud, clausurado hace mil 800 años bajo el Templo de la Serpiente Emplumada, a 15 metros bajo la superficie, el cual ha sido mencionado por algunos investigadores como la posible entrada que los teotihuacanos hicieron hacia el inframundo.

Pero en cambio, lo que no se ha encontrado es una cancha de juego de pelota, las cuales existen en todas las demás ciudades prehispánicas, porque estaban vinculadas con el pensamiento religioso y la creación del universo.

Las primeras excavaciones

Los primeros trabajos con caracter arqueológico, propiamente, los realizó Don Carlos de Sigüenza y Góngora, en 1675, cuando exploró el edificio adosado a la Pirámide de la Luna, para lo cual cavó un túnel, aparentemente en la parte superior de la estructura, el cual desde un principio lo hizo para probar que esas formas no eran montes.

Columna, andesita. Procedencia: Pirámide del Sol, Teotihuacán- Héctor Montaño, INAH

Columna, andesita. Procedencia: Pirámide del Sol, Teotihuacán- Héctor Montaño, INAH

Pero los primeros estudios sistemáticos se iniciaron en 1865 con Ramón Almaráz al frente de la Comisión Científica de Pachuca, quien con su equipo efectuó un levantamiento topográfico de la zona arqueológica y determinó las coordenadas geográficas del sitio.

Almaráz presentó una descripción de las pirámides en la Memoria de los trabajos ejecutados por esa Comisión Científica.

En 1885, Porfirio Díaz presidente en turno de México, creó la Inspección General de Monumentos, con Leopoldo Batres al frente de esta oficina. Como primer inspector, Batres se encargó del cuidado y conservación de los monumentos arqueológicos del país y emprendió formalmente las investigaciones en varios sitios.

En los años de 1884 a 1886 exploró en la antigua metrópoli teotihuacana y se descubrieron los murales de Teopancaxco, de La Agricultura, y de los que el llamó “Los Subterráneos”. Por orden presidencial inició en 1905 la exploración de la Pirámide del Sol con el fin de tenerla liberada en 1910 para celebrar las fiestas del Centenario de la Independencia Mexicana. Con este motivo Batres compró los terrenos en los que se ubica el monumento, y es él al parecer, quien organiza la compra de los terrenos que formarán el espacio de la primera zona arqueológica del país.

En 1917 la Secretaría de Agricultura y Fomento pretendió definir las poblaciones rurales del México independiente, principalmente a la población indígena con el fin de incorporarla a la sociedad moderna. Con este propósito se comisionó a Manuel Gamio quien inició en Teotihuacán un estudio de carácter integral e interdisciplinario, que es considerado en la actualidad como uno de los más importantes proyectos de la antropología de nuestro país. Con varios intelectuales del medio antropológico Gamio estudió a la población prehispánica, colonial y contemporánea del Valle de Teotihuacán, las condiciones de su medio ambiente, la flora y la fauna, donde se incluyen los monumentos arqueológicos y demás edificios de cada época analizada. Sus variados y amplios resultados fueron publicados en parte en su monumental obra titulada “La Población del Valle de Teotihuacán”, en la que se reúnen los textos de los intelectuales participantes, como Hermann Beyer, Ramón Mena, José Reygadas Vértiz y el arquitecto Ignacio Marquina.