Un dramático paisaje nos sorprende con una colorida cortina de luz reflejada en un apacible lago islandés. Esta fotografía fue tomada el 18 de marzo de 2015 por Carlos Gauna cerca del lago glaciar de Jökulsárlón, al sur de Islandia.

Este espectáculo celestial fue provocado por una eyección de masa coronal – también conocida como CME, una gran erupción solar – que tuvo lugar el día 15 de marzo. La flota de satélites dedicados al estudio del Sol, entre los que destacan los observatorios europeos SOHO y Proba-2, descubrió una corriente de millones de toneladas de partículas con carga electromagnética que había sido expulsada en dirección a la Tierra.

Surcando el Sistema Solar interior a unos 3 millones de kilómetros por hora, esta erupción recorrió los 150 millones de kilómetros que separan al Sol de nuestro planeta en apenas dos días. La nube de partículas alcanzó el campo magnético terrestre el 17 de marzo a las 04:30 GMT.

La erupción solar desencadenó una tormenta geomagnética que comenzó siendo relativamente suave, pero que continuó desarrollándose hasta convertirse en la mayor tormenta de este ciclo solar. La perturbación magnética se intensificó porque los efectos de la CME fueron reforzados por la llegada de una fuerte corriente de partículas en el viento solar.

El incremento de la actividad geomagnética liberó una gran cantidad de energía en la atmósfera, que se manifestó como un impresionante espectáculo de auroras boreales – las Luces del Norte.

Cuando las partículas cargadas procedentes del Sol penetran el escudo magnético de la Tierra, descienden a lo largo de las líneas de nuestro campo magnético hasta chocar con átomos de gas en las capas altas de la atmósfera. Como si se tratase de un gran tubo fluorescente, la interacción de estas partículas con los átomos de oxígeno genera un brillo verde, y en raras ocasiones rojizo. Si los átomos excitados son de nitrógeno, las auroras se manifiestan en tonos azules y púrpuras.

El mejor lugar para contemplar estos espectáculos nocturnos es desde el interior del ‘óvalo de las auroras’, a unos 65-70° al norte y al sur del ecuador. Como se puede ver en esta fotografía, Islandia es un lugar excelente para disfrutar de las Luces del Norte.

Sin embargo, las auroras no son un simple espectáculo visual. Se vuelven más frecuentes a medida que la actividad solar se acerca al máximo de su ciclo de 11 años de duración. En esas fechas, la llegada de partículas de alta energía y las perturbaciones del campo magnético terrestre pueden llegar a provocar apagones, interferencias en las telecomunicaciones, daños a los satélites o incluso poner en peligro a los astronautas. El cuarteto de satélites Clúster de la ESA lleva más de una década estudiando los misterios de esta compleja interacción entre el Sol y la Tierra.

(ESA)