Se estima que 1,5 millones de personas huyeron de la sequía en Siria, muchas de ellas a las periferias de las ciudades que ya estaban atestadas por los refugiados de la guerra de Irak. / Stephen Starr/IRIN


Un equipo de investigadores de la Universidad de California (EEUU), en colaboración con la Universidad de Columbia (EE UU), ha publicado un estudio que relaciona la sequía que devastó Siria entre los años 2006 y 2010 –la peor que se ha registrado en la región– con el posterior levantamiento sirio.

Este fenómeno climático destruyó la agricultura en la fructífera región del norte de Siria, desalojando a los agricultores hacia las ciudades, donde la pobreza, la mala gestión del gobierno, y otros factores crearon el malestar que surgió en la primavera de 2011.

Desde entonces, el conflicto ha evolucionado en una compleja guerra multinacional, con millones de desplazados, y al menos 200.000 personas muertas. El estudio, que se publica en la revista PNAS, combina datos climáticos, sociales y económicos. Según sus autores es “tal vez el primero en mirar de cerca y cuantitativamente a estas preguntas en relación a la guerra actual”.

“No estamos diciendo que la sequía provocara la guerra”, declara Richard Seager, investigador en el Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia y coautor del estudio. “Decimos que sumada a todos los demás factores de estrés, ayudó a impulsar las cosas por encima del umbral en un conflicto abierto. Una sequía de esa gravedad en esa región fue, con mucha probabilidad, inducida por el hombre”, añade.

Este tipo de investigaciones que vinculan los climas extremos y los conflictos bélicos o las posibilidades de violencia –desde ataques individuales hasta guerras a gran escala– está en aumento. Algunos científicos estiman que el calentamiento global causado por el hombre incrementará estos problemas en el futuro y también argumentan que ya está sucediendo.

También existen artículos periodísticos recientes que relacionan la guerra en Siria, Irak y otros lugares, en parte, debido a cuestiones ambientales, sobre todo a la falta de agua.

“Los rápidos cambios demográficos fomenta la inestabilidad”, aseguran los autores. “Si fue un factor principal o sustancial es imposible saberlo, pero la sequía puede tener consecuencias devastadoras cuando se acompañan de una vulnerabilidad aguda anterior”.

Una larga y severa sequía

Siria experimentó sequías importantes en los años 1950, 1980 y 1990. Sin embargo, la que comenzó en 2006 fue seguramente la más intensa y larga desde que se tienen registros fiables. Los investigadores concluyeron que un episodio de esta severidad y duración habría sido poco probable sin los cambios a largo plazo.

La región siempre ha experimentado cambios climáticos naturales. Pero por medio de estudios existentes y de su propia investigación, los autores revelaron que desde 1900, el área ha sufrido un calentamiento de entre 1 y 1,2 ºC y una reducción del 10% de las precipitaciones en la estación húmeda. Una tendencia que coincide perfectamente con los modelos de calentamiento global de influencia humana y, por lo tanto, no puede atribuirse a la variabilidad natural.

Solomon Hsiang, profesor de política pública en la Universidad de California, que ha estudiado los vínculos entre el clima y el conflicto, asegura que es el primer trabajo científico que hace hincapié en que el cambio climático causado por el hombre “ya está alterando el riesgo a gran escala de disturbios sociales y violencia”.

Los efectos de la sequía no se hicieron esperar. La producción agrícola, que supone por lo general un cuarto del producto interno bruto del país, cayó a un tercio. Este duro duro golpe lo sufrió sobre todo el noreste del país, donde los rebaños de ganado prácticamente desaparecieron, los precios de los cereales se duplicaron, y las enfermedades relacionadas con la nutrición entre los niños aumentaron de forma espectacular.

Asimismo, al menos 1,5 millones de personas huyeron del campo a la periferia de las ciudades que ya experimentaban tensión por la afluencia de refugiados de la guerra en Irak.

Los efectos del calentamiento global

Según sus estimaciones, el calentamiento global ha tenido dos efectos: en primer lugar, ha debilitado indirectamente los patrones de viento que llevan aire cargado de lluvia desde el Mediterráneo, reduciendo las precipitaciones durante la temporada de lluvias de noviembre a abril. En segundo lugar, las altas temperaturas han aumentado la evaporación de la humedad de los suelos durante los veranos generalmente calientes.

Marshall Burke, científico ambiental en la Universidad de Stanford argumenta: “Ocurrieron muchas cosas en esta región y en el mundo durante ese periodo, como la subida de precios de los alimentos y el comienzo de la primavera árabe, que podrían haber aumentado también la probabilidad de un conflicto civil”. Sin embargo, añade, el estudio muestra “con gran evidencia estadística que los cambios en el clima están vinculados con el conflicto”.

Otro trabajo de la Dirección Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos también ha observado la tendencia a la sequía a largo plazo a través de todo el Mediterráneo y han atribuido al menos parte de ella al calentamiento provocado por el hombre.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) ha predicho que el ya violento Oriente Medio sufrirá más sequías en las próximas décadas a medida que avanza el calentamiento global.

Referencia bibliográfica:

Colin P. Kelleya, Shahrzad Mohtadib, Mark A. Canec, Richard Seagerc y Yochanan Kushnirc. “Climate Change in the Fertile Crescent and implications of the recent Syrian drought”, PNAS  doi: 10.1073/pnas.1421533112.

(SINC)