Con laboratorios móviles, México aceleró 20 años la lucha contra la corrosión en ductos


México pudo recuperarse de un rezago de 20 años en la tecnología para proteger ductos petroleros contra la corrosión gracias a un modelo desarrollado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que consistió en crear laboratorios móviles para llegar hasta los sitios donde se presentaban los problemas más graves de corrosión y aplicar ahí una técnica llamada “Protección catódica para proteger tuberías”.

Para que la solución fuera más eficiente, los laboratorios móviles se convirtieron en empresas incubadas por la propia UNAM, con estudiantes egresados del Instituto de Ciencias Físicas.

La corrosión es un problema muy grande en la industria petrolera y en los sistemas de agua potable de todo el mundo. Millones de metros cúbicos de agua se desperdician cada día por fracturas de los tubos que conducen el agua, pero esta degradación de los conductos de metal se vuelve más grave cuando se presenta en la industria petrolera porque puede causar explosiones, derrames de gasolina y daños al medio ambiente y a la sociedad. Debido a estos riesgos, desde los años 80 del siglo XX la protección contra la corrosión en ductos no es opcional sino una obligación legal que debe cumplir Petróleos Mexicanos.

La idea central de la protección catódica se puede explicar por medio de una comparación con la manera cómo funcionan las pilas voltaicas.

En ellas hay dos partes fundamentales: los cátodos, que no se oxidan ni sueltan metal y los ánodos que con el tiempo y la liberación de electrones se deshacen.

“A partir de este principio, la idea es convertir a todo el tubo en un cátodo, por eso se llama protección catódica ¿Cómo lo hacemos?

Enterramos al lado un ánodo y luego forzamos el circuito. El ánodo, como sabemos que se va a dañar, va a quedar expuesto a la parte más agresiva a la corrosión, que es cuando sale corriente eléctrica del metal. Para retrasar su desgaste ponemos en el ánodo o salida de la corriente eléctrica una aleación muy protegida, se usa un titanio recubierto por una capa de óxidos mixtos de tierras raras”, explicó Lorenzo Martínez Gómez, investigador emérito del Instituto de Ciencias Físicas de la UNAM, experto mundial en electroquímica de metales y miembro del Seminario Permanente Las Ciencias y las Tecnologías en México en el Siglo XXI.
 
Ciencia y empresa
 
La idea de crear laboratorios móviles anticorrosión y convertirlos en empresas spin-off para llevar la solución hasta los ductos que lo requirieran, fue concebida por Lorenzo Martínez Gómez quien está convencido de que había que sacar el conocimiento anticorrosión de las universidades y llevarlas hasta los terrenos de trabajo, pues ésta era la única manera de recuperarse del gran rezago tecnológico y graves pérdidas que estaba enfrentando la industria petrolera mexicana.

“A finales de los años 80 me doy cuenta que se requiere salir mucho más del laboratorio e ir a la industria, donde está el problema. Nos dedicamos a armar un laboratorio móvil, le avisamos a la UNAM y nos apoyó para integrar una empresa de base tecnológica. Lanzamos la idea de meter dinero en laboratorios móviles y así sacamos dos para control de corrosión de turbosinas de ductos de aeropuertos. Cuando los vio Pemex nos lanzó el reto de que en 30 días les tuviéramos 10 en el campo, y tomamos ese reto y empezamos a montar laboratorios”, narra el científico que tiene como bases de formación la ingeniería y la física.

Debido a que el rezago en protección de ductos era de dos o tres décadas, Lorenzo Martínez Gómez se dedicó a formar estudiantes especialistas en este tema y consiguió que hoy México sea el país en el que están los expertos más jóvenes en este tema de todo el mundo. Mientras en otros países tienen más de 45 años de edad los mayores expertos en Protección catódica, en México tienen entre 20 y 30 años.

“Los jóvenes se sumaron con mucho entusiasmo e incluso me rebasan en la empresa. Ya son los jefes de la empresa. En el curso de 10 años se pudo montar esta una nueva institución que da el servicio y atiende a Pemex gracias a reconocer nuestro rezago en atender el fenómeno de la corrosión”, dice el científico mexicano.

“A nivel mundial hay cuatro niveles de expertos en Protección catódica: yo soy nivel cuatro, que es el más alto, pero mi gran reto fue formar a estos jóvenes y llevarlos a este mismo nivel. Ellos agarraron el reto en serio, a la vez que hicieron el doctorado se certificaron, llegaron hasta el nivel cuatro y hoy son los más jóvenes del mundo con ese nivel de certificación. Después hay otros jóvenes que ya están en nivel tres, más que están en nivel dos, total que son como 200 quienes ya están en una carrera de mejora continua”, indicó Martínez Gómez.

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