Selman Abraham Waksman en su laboratorio- World Telegram & Sun, Foto de Roger Higgins

Selman Abraham Waksman en su laboratorio- World Telegram & Sun, Foto de Roger Higgins


En Priluka, Imperio Zarista Ruso, el 22 de julio de 1888 nació Selman Abraham Waksman, quien se dedicó al estudio de los microbios del suelo en busca de antibióticos.

En 1910 emigró a Estados Unidos y se nacionalizó norteamericano en 1916. Estudió en la Universidad de Rutgers en New Brunswick (Nueva Jersey), donde obtuvo su master en 1916 y se doctoró en 1918 en la Universidad de California.

Enseñó en diversas universidades y se dedicó al estudio de los microbios del suelo, especialmente los actinomicetales, un grupo de bacterias parecidas a mohos que comprende la familia de las microbacterias, dentro de las cuales se clasifican la Mycobacterium tuberculosis, causante de la tuberculosis, y la Mycobacterium leprae, agente causal de la lepra.

Hasta la segunda década del siglo XX el interés en el estudio de los microbios se había puesto en los microorganismos que eran beneficiosos o perjudiciales para el cultivo de plantas y la cría de animales; pocos habían prestado atención a los miles de microbios del suelo. La situación cambió cuando se comprendió la profunda interdependencia de todos los microorganismos que habitan en un medio. La única forma de conocer bien a un microbio era conocer a sus “compañeros”.

Uno de los que impulsó este movimiento fue Waksman, quien se interesó por los microbios del suelo por influencia de Jacob G. Lipman, bacteriólogo decano del College de Agricultura y también inmigrante. Los cursos de bacteriología y la influencia del genetista Byron David Halsted le ayudaron a decidir su futuro. Desarrolló su proyecto de master en la Estación Experimetal de Agricultura de Nueva Jersey, institución donde pasó gran parte de su vida estudiando hongos, actinomicetos y otros microorganismos del suelo.

Fue el creador del termino antibióticos, el cual acuñó en 1941 (del gr. anti-contrario y bíos-vida) porque estos destruían las bacterias gramnegativas (como la penicilina) y también a las grampositivas.

Durante los años treinta y cuarenta, investigó las actinomicetáceas en busca de algún antibiótico. En 1943 consiguió aislar, con la ayuda de Albert Schatz, la estreptomicina (del gr. estreptós-trenzado, mýkas-hongo), que resultó ser muy útil contra la tuberculosis y permitió controlar esa enfermedad.

Con sus colegas desarrollaron técnicas para evaluar poblaciones de microbios en muestras de suelo y comenzaron los estudios sobre la descomposición de residuos orgánicos. La naturaleza, distribución y propiedades de los microorganismos y sus efectos sobre la estructura y las propiedades físicas y químicas de los suelos fue su tema durante dos décadas.

En 1924 estuvo viajando por Europa con su familia. Asistieron en Roma a la Conferencia Internacional de Ciencias del Suelo, estuvieron después en varios laboratorios de microbiología, y también visitaron Rusia. A su regreso a los Estados Unidos escribió Soil Microbiology  (1924), texto precursor de su famosa obra Principles of Soil Microbiology (1927).

En 1927 fue el responsable de organizar el programa del Primer Congreso Internacional de Ciencias del Suelo, en Washington.

En 1931 Waksman creó un laboratorio para estudiar la microbiología marina y promovió la construcción del Instituto Oceanográfico, en Woods Hole, Massachussets, donde, con algunos de sus discípulos, trabajó durante los veranos a lo largo de doce años.

En 1939, realizó con su equipo un extraordinario esfuerzo para identificar organismos que produjeran sustancias solubles que pudieran ser útiles para controlar las infecciones. En 1941 propuso restringir el significado de la palabra “antibiótico” a los productos microbianos con propiedades antimicrobianas. Junto con las sulfamidas, los antibióticos, han resultado ser un arma poderosa contra las infecciones.

Una de las razones que se barajan para que Waksman iniciara este nuevo periodo de investigación es la del descubrimiento de la tirotricina por su estudiante René Dubos en 1939. Éste fue también inmigrante. Viajó a Nueva York para hablar con Alexis Carrel, quien lo remitió a Oswald Avery. Éste estaba en el Rockefeller Institute buscando “algo” que destruyera la cápsula de polisacáridos de determinado tipo de neumococo. Este microbio, al igual que el bacilo de la tuberculosis, se halla particularmente acorazado contra la acción de los leucocitos en el organismo. No era ni el primero en comprender el problema ni el primero en tratar de resolverlo sin recurrir a sustancias que eran tóxicas para el organismo. Dubos le sugirió que podían encontrarse algunas bacterias del suelo que realizaran tal labor. Más tarde ambos –Dubos y Avery- continuaron trabajando en el asunto. Dubos en 1939 encontró la mencionada tirotricina, compuesta de dos polipéptidos, la tirocina y la gramicidina, que tenía propiedades antibacterianas. Había utilizado las sustancia purificada que había producido una bacteria para inhibir el crecimiento de otra.

No obstante, Waksman ya había considerado la posibilidad de utilizar como medicamentos sustancias producidas por microbios. En 1932 estudió la suerte de las baceterias tuberculosas en la tierra. En 1937 publicó tres trabajos sobre las relaciones antagónicas entre los microorganismos del suelo.

Por entonces la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de estallar y como en los años treinta ya había vivido el nacimiento del nacionalsocialismo y la persecución de los judíos. Waksman se abstuvo de mandar trabajos a las revistas alemanas y dimitió de los consejos de redacción donde figuraba.

Waksman modificó el plan de trabajo de su laboratorio. Junto a las líneas de investigación de carácter agrícola instituyó un programa de investigación cuyo objeto era aislar sustancias que más tarde llamaría antibióticos. Por esta época la penicilina todavía no había demostrado su eficacia. Con unos pocos estudiantes graduados y de doctorado, Waksman desarrolló técnicas de chequeo para gran variedad de suelos y materias orgánicas. Realizó cultivos y estudió si inhibían el crecimiento de colonias de gérmenes patógenos tal como había hecho su discípulo Dubos. Como es lógico, comenzó con los microorganismos que más conocía, los actinomicetos. En una década fueron aislados y caracterizados diez antibióticos, tres de los cuales tuvieron importancia clínica: la actinomicina (Waksman y Woodruff, 1940), la estreptomicina (Schatz, Bugie y Waksman, 1944), y la neomicina (Waksman y Lechevalier, 1949).

El hallazgo de la estreptomicina fue hecho por el laboratorio de Nueva Brunswick en febrero de 1942. En los Proceedings de la Sociedad de Biología y Medicina Experimental se describía un agente bacteriostático y bactericida selectivo, activo contra las bacterias grampositivas y gramnegativas. Se la denominó “estreptomicina”, nombre que deriva de una vieja denominación de los actinomicetos: estreptotríceas. La nueva sustancia se había aislado de cultivos de Streptomyces lavendulae, y llamó la atención de que era más activa contra los gramnegativos que con los grampositivos. Ese año la penicilina demostró también su extraordinaria capacidad para inhibir el desarrollo de los gérmenes grampositivos. Recibieron alguna ayuda del Gobierno de EEUU y de la Commonwealth Fund, por mediación de A.N. Richards.

En 1949 halló la neomicina y posteriormente otros antibióticos con los cuales enriqueció la farmacopea contra las enfermedades de origen bacteriano y virósico.

Waksman cedió a la Universidad de Rutgers los derechos de sus descubrimientos para fundar el Instituto de Microbiología, que dirigió desde 1949.

En 1952 fue galardonado con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, por el hallazgo de la estreptomicina.

Además realizó varios trabajos sobre los microorganismos que oxidan el azufre, que han contribuido a los métodos de producción microbiana del ácido sulfúrico. Estudió también los hongos que producen ácido cítrico y fumárico, así como las enzimas que producen hongos y acinomicetos. Sus contribuciones en lo que se refiere a la erosión de los suelos y el papel que juega la población microbiana en la reducción de dicha erosión, fueron importantes. Hizo aportaciones al conocimiento de los abonos artificiales y naturales, resultado de la descomposición microbiana de hojas, tallos, rastrojos y sustancias similares al humus.

Fue miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Washington y de la Academia de Ciencia de París, así como presidente de la Asociación Norteamericana de Bacteriólogos. Entre sus obras destacan Principles of soil microbiology (Principios de la microbiología del suelo, 1927), The actinomycetes (Los actinomicetos, 1932) y My life with the microbes (Mi vida con los microbios, 1954).

Falleció en Hyannis, Massachusetts, Estados Unidos, el 16 de agosto de 1973.

Deja un comentario