Las manos de la protesta- Osvaldo Guayasamín

Las manos de la protesta- Osvaldo Guayasamín


Manuel Martínez Morales

Up above my head

I hear music in the air…

Rosetta Tharpe: Up above my head

-La verdad Mané, es que te has pasado con la verde y por eso imaginas tarugadas, como lo que ahora dices de que hay científicos talibanes aquí en México. ¡Puras mariguanadas!

-No te me pongas sabroso, Chon, y menos cuando no comprendes asuntos que tu inocultable analfabetismo científico te evita entender. Pon atención antes de echarte el siguiente trago y escucha: En México las empresas trasnacionales y nacionales que lucran y acumulan ganancias millonarias en la producción, transformación, distribución y venta para consumo de maíz estadunidense –casi todo transgénico– han formado una alianza. Tal iniciativa, financiada por las compañías del negocio del maíz transgénico, seguramente responde a la grande, eficaz y legítima resistencia en favor de preservar el grano verdadero que han mantenido las comunidades autóctonas y campesinas, colectivos, alianzas de organizaciones no gubernamentales, científicos, artistas, medianos y grandes productores, consumidores, padres de familia; millones de ciudadanos de México y del mundo. Y esta alianza ha reclutado y financiado  a científicos mexicanos y extranjeros para que éstos hagan el paro a las transnacionales haciendo investigaciones a modo para demostrar la inocuidad del maíz transgénico. Desde luego que hay muchos otros científicos que, a partir de investigaciones independientes bien fundamentadas y de largo alcance, han demostrado los daños que los transgénicos causan a animales, plantas y seres humanos así como el desequilibrio, dañino también, que provocan en el medio.

-Espera Mané, mientras pido las otras pon en la sinfonola la rola esa de Rosetta Tharpe que tanto te gusta, a ver si así te serenas un poco.

Up above my head/ I see trouble in the air… I feel so bad in the morning/ I feel so bad in the middle of the day…

El punto que me preocupa y quiero enfatizar, compañebrios, es que la ciencia, el conocimiento científico y quienes lo producen están metidos hasta el cuello en la lucha de clases. Pues por un lado tenemos a las grandes empresas transnacionales, propiedad de la clase capitalista, cuyo principal objetivo es hacer billetes sin importar nada más. Por lo cual, con los instrumentos tecnológicos y el conocimiento científico de los que se han apropiado, se lanzan con todo para explotar sin escrúpulos al hombre y a la naturaleza con tal de multiplicar sus ya estratosféricas ganancias a costa de la vida y el bienestar de comunidades enteras. Por otro lado, se encuentran las extensas poblaciones de los desposeídos, quienes son los que pagan los platos rotos; es decir, sufren las devastadoras consecuencias no solamente del cultivo y consumo de transgénicos, sino de lo que también ocurre en otros ámbitos: como son la imposición de megaproyectos mineros, hidráulicos, etcétera.

Y la contienda entre capital y trabajo, entre las clases sociales, o para que mejor me entiendan, la confrontación entre los de arriba y los de abajo se agudiza. Pues las comunidades, afectadas por la infame agresión que padecen por parte de las transnacionales que a toda costa tratan de imponer sus intereses, se organizan y con el apoyo de organizaciones civiles y otros actores sociales, como los científicos, que asumen una posición de clase al lado de los oprimidos, se defienden y combaten estos megaproyectos.

En el otro bando, que bien sabe lo que hace, las transnacionales también se organizan para intentar acabar con esta resistencia y aplastar a los opositores a sus proyectos, incluyendo el asesinarlos, de lo cual existe evidencia más que suficiente al respecto. Pero los capitalistas se caracterizan por su cinismo y descaro y así es como recientemente han hecho declaraciones –según nota publicada en El Financiero- en  voz de Héctor Garza, socio del despacho Rich Muller, quien reveló que ya hay amenazas para frenar los nuevos proyectos eléctricos generados a partir de las subastas eléctricas organizadas por el Centro Nacional de Control de Energía y por los que se calculan inversiones totales por seis mil 600 millones de dólares en los próximos cuatro años.

“Ya recibimos amenazas formales de las ONGs de que lo van a hacer. Son talibanes del medio ambiente y talibanes del derecho indígena que están entorpeciendo los proyectos del país”, indicó Garza.

Estas declaraciones –continúa disertando Mané- deben tomarse con mucha seriedad pues el empleo del calificativo talibanes para estos compañeros indígenas que resisten, lleva claramente implícita la acusación de terrorismo, lo cual encierra la insinuación a los gatos del gobierno, al servicio del gran capital, de que estos luchadores sociales sean combatidos como terroristas: si los ves tira a matar y que –como de costumbre- te valgan madre la ley y los derechos humanos.

Por eso me preocupa la suerte del profe Malacates, pues es de los románticos de la vieja guardia que no solamente apoya la lucha de los maestros contra la reforma educativa, sino que se ha sumado, junto a un pequeño grupo de investigadores y otros académicos, a los movimientos de resistencia a la introducción de cultivos transgénicos y a los megaproyectos que se están imponiendo, a las de a huevo con el apoyo de los gobiernos federal y estatal, a lo largo del extenso territorio veracruzano.

Poco falta para que también los profesores de educación básica, científicos y otros intelectuales que se han sumado a estos movimientos de resistencia sean también calificados de talibanes con las consecuencias previsibles.

Let us shout, shout, shout,/  let us shout that the world knows just what is going about…