Economía en el neoliberalismo

Economía en el neoliberalismo


Pese a la “gran histeria que se ha desatado en los medios de comunicación”, el triunfo de Donald Trump en la elección de los Estados Unidos no es una casualidad ni algo excepcional, sino parte de una crisis de gobernabilidad del neoliberalismo, afirmó el doctor Abelardo Mariña Flores, jefe del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

En su participación en la mesa Las relaciones México-Estados Unidos bajo la administración de Trump, señaló que en el ámbito internacional hay una tendencia caracterizada por el ascenso de grupos de extrema derecha con planteamientos nacionalistas, xenófobos y misóginos.

 

El investigador de la Unidad Azcapotzalco de la UAM afirmó que el capitalismo está mostrando contradicciones cada vez más fuertes en términos de las formas de gobernanza tradicionales desde la posguerra; de hecho “la gran recesión de 2007-2008 que tuvo efectos sobre el sistema capitalista mundial, es una de las causas de la crisis de la gobernabilidad neoliberal”.

 

En particular, sostuvo, la crisis de deuda en el centro del capitalismo es una cuestión no resuelta, pues “seis años después continúa en Grecia”, a pesar de los costos sociales tan fuertes que ha habido en los programas de estabilización de ese país, por lo que nuevamente está el riesgo de no pago y la posibilidad de que salga de la Unión Europea.

 

Mariña Flores aseveró que el resultado del “brexit” en Gran Bretaña es una expresión clara de que una gran parte de la población en los centros del capitalismo mundial está hasta harto del neoliberalismo; estas manifestaciones a veces se dan por el lado de los movimientos progresistas, pero también por el del populismo de derecha. Por lo tanto el “brexit” es un antecedente directo del triunfo de Donald Trump.

 

En América Latina se vivió en la década de 2000 con una “marea roja” progresista, donde gobiernos con distintos grados de progresismo ganaron elecciones y se propusieron metas económicas alternativas no basadas en la austeridad, sino en el fortalecimiento del poder de compra de los salarios y en mejorar el gasto público, sobre todo el gasto social.

 

La última crisis producto de la caída de precios de productos primarios quitó una de las bases materiales de apoyo a este tipo de políticas y de gobiernos y parece que esta marea roja se está revirtiendo, como puede constatarse en los casos de Brasil y Argentina, a donde regresaron gobiernos de derecha, así como en las “graves” dificultades por las que atraviesa Venezuela.

 

De acuerdo con el investigador, no es cierto que el voto en Estados Unidos se haya radicalizado hacia la derecha; eso es una falsedad de los medios” y explicó que Hilary Clinton ganó con casi tres millones de votos, pero el Colegio electoral dio el triunfo a Trump, “entonces la hipótesis del vuelco a la derecha de la población estadounidense, es falsa”.

 

Trump ganó en una gran parte de distritos de clase obrera y el hecho resulta interesante para hacer un análisis sociológico, político y económico, porque es gente blanca, beneficiarios del “sueño americano” que vivía bien hasta que perdieron su empleo. Esa es la razón de su voto por Trump, pero no se trata de “un volcamiento radical a la derecha, eso es una mentira”, insistió.

 

El académico afirmó que habría sido más preocupante que llegara Hilary Clinton a la Casa Blanca, pues además a México y a América Latina les ha ido mejor con gobiernos republicanos, ya que los demócratas –tanto en los gobiernos de Bill Clinton como de Barak Obama– desplegaron una estrategia contrainsurgente y antiprogresista en la región, que pasó por Honduras, Paraguay, Bolivia y culminó con la destitución de Dilma Rousseff en Brasil. Se trata de una nueva forma de golpe de Estado, que ni siquiera necesita la intervención directa de los militares.

 

Por su parte el doctor Arturo Guillén Romo, investigador del Departamento de Economía de la Unidad Iztapalapa, expresó que la llegada de Trump al gobierno estadounidense como el brexit en el Reino Unido, representa el hecho de que los principales países miembros del capitalismo no han logrado encontrar una salida a la crisis económica de 2007 y las políticas que han intentado han fracasado.

 

Si bien “no hay que temerle al presidente estadounidense, sí hay que tomarlo muy en serio”, porque representa un cambio del funcionamiento del capitalismo a nivel mundial, “precisamente por la incapacidad para resolver su crisis”.

 

El investigador opinó que el nuevo gobierno en Estados Unidos impulsará cambios importantes en la política económica y comercial, pero habrá también un intento por implementar “medidas fascistoides dirigidas a mantener, y si es posible ampliar, la base política que lo llevó al poder” y que ha logrado en buena medida al cumplir lo que ofreció en campaña.