Ser líder universitario va más allá de tener una personalidad carismática: debe ser una persona informada sobre el ámbito estudiantil, con una enorme capacidad de comunicación, mesurado y prudente, además de representar un ejemplo para la comunidad por sus calificaciones y actitudes, coincidieron Marcelino Arias Sandi, director de la Facultad de Filosofía; Manlio Fabio Casarín León, director de la Facultad de Derecho; Carlos Torralba, director de la Facultad de Artes Plásticas y Javier Ortiz, profesor jubilado de la Facultad de Historia.

         La ventaja que los jóvenes de hoy tienen es que tienen más medios para comunicarse y multiplicar su mensaje, como sucede con las redes sociales. Sin embargo, observaron, lo que les preocupa tanto a los nuevos líderes como a sus seguidores es obtener resultados rápidos, sin reparar en todo lo que tuvo que suceder para lograrlos, lo cual –a la larga- podría generar conflictos dentro del mismo grupo.

        

Liderazgo colectivo

Para Marcelino Arias Sandi, el concepto de liderazgo estudiantil ha cambiado por el de liderazgo estudiantil colegiado o colectivo; esto es, se transitó de que una persona sea el líder a organizarse en direcciones o coordinaciones colegiadas que propician la discusión y negociación entre los propios estudiantes para determinar su representación.

“Es importante el cambio porque la propia complejidad de las instituciones de educación superior (IES) y la sociedad ya no dan espacio para que un solo individuo pueda ser la representación y hacer las gestiones asociadas a eso, digamos que el liderazgo tiene mucho que ver con la representatividad y las gestiones que lleva en conjunto”, señaló.

Sin embargo, mencionó que la estructura estudiantil que tienen al interior de las IES, entre ellas la UV, tiende a favorecer el liderazgo individual al nombrar a representantes de generación y consejero estudiantil de cada Facultad, aunque al final exista un consenso.

En cuanto a las desventajas, especificó que en el caso del liderazgo individualizado se corre el riesgo de que se dejen llevar por sus propias posiciones al momento de las negociaciones o gestiones, prestándose a distorsiones de la representación que lleva; mientras que en el caso colegiado, al momento de la gestión se presentan tres o cuatro posiciones distintas y así perder la idea común de representación.

Sobre las características que debe poseer la persona con intenciones de ser un líder estudiantil, dijo que en estos tiempos es primordial estar informado del ámbito universitario para hacer la labor de gestión, porque “si tiene más principios ideológicos que información puede hacer cosas con las mejores intenciones pero con los peores resultados, debe ser una persona informada para hacer gestiones pertinentes”.

Asimismo, tener enorme capacidad de comunicación y diálogo para llegar a consensos y acuerdos con sus representados, y después con las autoridades o diferentes estancias; “esta capacidad de comunicación se convierte en una gran capacidad de gestión”. Además, ser lo suficientemente mesurado y prudente para encontrar las mejores soluciones dentro de lo posible en cada una de las discusiones.

Ante la interrogante de si el carisma es importante, respondió: “En esta época es menos relevante que antes, ya no importa si son carismáticos o no, pero si no hacen las gestiones correctas pierden”.

En cambio, Javier Ortiz, profesor jubilado de la Facultad de Historia, a esta transición en los liderazgos estudiantiles le denominó el surgimiento de un nuevo “sujeto histórico” en los movimientos sociales actuales, “aunque haya un colectivo, siempre hay un sujeto que cohesiona las ideas y a los individuos”, explicó.

“Es un nuevo sujeto histórico que está emergiendo y como siempre surge de las élites intelectuales, como fue Miguel Hidalgo de los jesuitas y los revolucionarios surgen de los Centros de Educación Superior… Y esto es una constante porque el que dirige sabe a dónde va y tiene idea de cómo hacerlo, además tiene acceso al conocimiento”, subrayó.

El nuevo líder, especificó, sabe dónde está parado –principal característica-, y sabe con precisión a dónde va. Y lamentó que la universidad pública haya dejado de preparar estos cuadros que en el pasado si construyó.

“Las universidades privadas se han dedicado a la formación de profesionales que de alguna manera ahora están tomando la dirección de todo, son los futuros líderes, porque tienen acceso al conocimiento, entonces irán más allá del ámbito empresarial y de la producción, se están convirtiendo en los líderes de los movimientos sociales y políticos”.

Y coincidió que aquel líder carismático y elocuente que aún se presentó en el siglo pasado se ha quedado ahí, porque se busca un liderazgo efectivo, es decir, que obtenga resultados rápidos sin importar el procedimiento que siguió para obtenerlos.

“Estos nuevos líderes tienen como objetivo modernizar el sistema democrático del país y así establecer una sociedad racional, no en el discurso sino en la práctica”, reflexionó.

Además, dijo, el canal de comunicación con los seguidores ha cambiado, ahora es por medio de las redes sociales, convirtiéndose en una herramienta fundamental.

 

Objetividad y convicción

Carlos Torralba, director de la Facultad de Artes Plásticas, insistió en que los nuevos líderes tienen que impactar en la fortaleza de la autonomía de la institución educativa, en la revaloración de la universidad pública, en la exigencia o búsqueda de obtención de mayores recursos hacia la universidad pública.

“La universidad es parte de lo que queremos ser y eso es lo que hay que proyectar como nuevos líderes universitarios, asumir a una universidad sí con problemas, sí con errores, pero como ente universitario tener la capacidad y la actitud creativa de proponer soluciones a estas problemáticas y tratar de zanjar las diferencias, en los foros e instancias universitarias pertinentes”, dijo.

Por su parte, Manlio Fabio Casarín León, director de la Facultad de Derecho, agregó que el líder debe ser excelente estudiante, buen compañero de trabajo o de estudios, con valores éticos y morales bien definidos.

“Un liderazgo debe partir de una persona que aspira a tener plenitud no solamente representando un ejemplo de vida ante sus semejantes, sino también partiendo de la convicción de que el elemento estructural que puede permear o irradiar esta conducta ejemplar es precisamente haciendo lo conducente desde el interior, ¿cómo? Estudiando, siendo buen hijo, buen estudiante, buen compañero de trabajo o de estudios”, destacó.

De igual manera, apuntó, debe ser un hombre o mujer con integridad, una persona respetuosa, que tenga mucho sentido de lo que representa la institucionalidad, que ejerza el liderazgo desde un punto de vista propositivo y crítico y sobre todo que “pueda aspirar a ser frente a sus compañeros, catedráticos, autoridades y demás miembros de la comunidad, un digno ejemplo a seguir”.

Y prosiguió: “Debe tener cierto grado de madurez para entender que encabeza un proyecto o representa determinados intereses; además, conocer la problemática o el entorno y, sobre todo, que cada una de las acciones y conductas que pretenda estimular y motivar siempre se realicen a través de los canales institucionales”.

Casarín León refirió que los liderazgos estudiantiles están propensos a abrazar banderas que parten de falsas premisas que pueden llevar a la vía del facto que desvirtúa o desnaturaliza el planteamiento o reclamo real, y especialmente que sean manipulados por intereses mezquinos –económicos y políticos– que pueden perjudicar al grupo de estudiantes.

“Se generan conductas injustificadas en donde ante un reclamo, inconformidad o exigencia, se producen ataques o daños que afectan a terceros, que nada abonan a la construcción de soluciones, que no irán en beneficio o perjuicio de él o las personas que encabeza.”

Recalcó que esto no significa que los estudiantes se callen y estén dispuestos a aceptar imposiciones, más bien todo debe ser discutido por los estándares institucionales y con apoyo de auténticos líderes que tengan la mesura, la sensatez y la objetividad para reconocer cuando existen las vías de solución adecuadas, al tiempo que exijan de manera férrea, desinteresada y con convicción aquellas situaciones que se tienen como injustas.

“Lo que no podemos hacer es que a partir de falsas premisas contribuyamos a la desestabilización social; o en la universidad, partiendo de información falsa, manipulable e incluso a veces lo que se quiere exigir desde el punto de vista informal o presión social, son puntos o situaciones que pueden tener solución de manera pronta y expedita a través de las propias estructuras o de las propias autoridades de la Universidad”, finalizó.

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