La mirada de La Gioconda- Leonardo da Vinci, 1503-1519

La mirada de La Gioconda- Leonardo da Vinci, 1503-1519


Sandra Isabel Jiménez Mateos

El 21 de agosto de 1911 Vincenzo Peruggia realizó el espectacular robo de la sonrisa más famosa del mundo: la de la Mona Lisa, de Leonardo da Vinci. Para hacerlo utilizó un gran disfraz compuesto por una bata blanca, del mismo tipo de las que usaban los copistas del museo.

El domingo 20 de agosto se ocultó en uno de los numerosos armarios empotrados del Louvre, próximo al Salón Carré del museo, en el que los copistas dejaban sus lienzos y caballetes. Al día siguiente, día en que el museo estuvo cerrado al público, cuando el equipo de limpieza dejó la sala en la que colgaba la obra, salió de su escondite, llegó hasta el valioso cuadro y sencillamente lo descolgó.

El cuadro, que muestra la mujer con la famosa sonrisa es más bien pequeño: tan sólo mide 76,8 x 53 centímetos.

Con esas dimensiones Vincenzo Peruggia simplemente lo escondió bajo la bata blanca que constituía su gran disfraz. Era lunes y el Louvre estaba cerrado.

Peruggia antes de realizar el robo realizó un trabajo de reconocimiento del campo, que incluyo que entre octubre de 1910 y enero de 1911 el haber trabajado allí como cristalero en la cubierta que protegía a la Mona Lisa.

Pero en su plan le falló un detalle: la llave que le permitiría abrir la puerta a la escalera para salir del Louvre, no encajaba. Sin embargo la suerte le socorrió pues llegó un fontanero, quien le abrió la puerta con una de sus herramientas, pero también fue la única persona que lo vio.

El hurto fue instigado por el estafador argentino Eduardo de Valfierno, quien buscaba enriquecerse vendiendo copias de La Gioconda que había encargado previamente.

La versión refiere que de Valfierno convenció a Peruggia tras ofrecerle una cantidad de dinero para que realizara el hurto y diciéndole que un rico coleccionista italiano deseaba que La Gioconda regresara a su tierra.

El robo fue detectado hasta el martes 22 cuando el Louvre reabrió sus puertas y el espacio de la Mona Lisa estaba vacío. El vigilante del museo observó el hueco, pero no le extraño porque en ese época había una sala de fotografía y La Gioconda era una de las más retratadas.

El 23 de agosto los periódicos franceses apuntaban en sus titulares:

– “Una desaparición misteriosa en el Louvre. La Gioconda se ha ido, nadie sabe con quién ni cómo”

“La Gioconda ha desaparecido…”. El cuadro estaba en su lugar en el Salón Carré el lunes, día del cierre del museo, a las 7 de la mañana, y ya no estaba a las 8 y media”.

La búsqueda de la Mona Lisa fue intensa.

La policía incluso interrogó a Pablo Picasso, entonces un joven artista, que compró unas pequeñas estatuas ibéricas al belga Honoré Joseph Géry, que había sido empleado del poeta surrealista Guillaume Apollinaire Apollinaire, quien las había robado del Louvre.

La Mona Lisa seguía desaparecida. El propio Louvre había perdido toda esperanza y colgó en el lugar de la famosa sonrisa a un hombre con barba: Baldassare Castiglione, de Rafael.

El cuadro se encontraba en el falso fondo de un baúl de Vincenzo, en el cuarto de hotel que ocupaba, esperando que de Valfierno lo contactará para regresar el cuadro a Italia.

Peruggia relató que ahí mantuvo el cuadro sin saber que hacer con el mismo, hasta que un día leyó que Alfredo Geri, un anticuario de Florencia, compraría “a buen precio objetos de arte de todo tipo”.

El 29 de noviembre de 1913 Geri recibió una carta fechada en París, firmada por un tal Leonardo, que decía tener la intención de devolver la Mona Lisa a su país. El anticuario citó al firmante en su galería de Florencia, ciudad a la que llegó Vincenzo, quien pidió 500,000 liras para entregar el cuadro.

Geri acudió a ver la pintura junto con su amigo Giovanne Poggi, director de la Galería degli Uffizi, al cuarto de hotel donde se encontraba Peruggia, quienes reconocieron el sello del Louvre, pero le dijeron a Peruggia que necesitaban llevársela para que los expertos validaran su autenticidad. Mientras la policía ya había rodeado el hotel y Peruggia fue detenido sin oponer resistencia el 12 de diciembre de 1913.

Ante los tribunales confesó que había robado el cuadro pero sólo porque se trataba de una obra que pertenece a Italia, al igual que el resto de los cuadros italianos que cuelgan en el museo y que Napoleón llevó a Francia.

El hecho de que la obra, realizada entre 1503 y 1506, hubiese llegado a Francia más de 200 años antes de Napoleón, era algo que al parecer el ladrón ignoraba. Francisco I, que se convirtió en rey de Francia en 1515, la había comprado. Durante un breve periodo permaneció colgada en la habitación de Napoleón.